Carne Express

Autor: Amaru Castela / Añadido: 16.02.18, 06:47:03

 

Un cálido y suave manto solar va cubriendo la ciudad, el rocío gélido y el halo espeso se disipan. Amanece el 21 de diciembre del año 2019.

 

 
Despierto abruptamente, un grito me desgarra los adentros; otro grito me paraliza en el lindel del sueño; un tercero me estremece y torna pálida la habitación. Las sabanas no me dejan salir a investigar, su protección me llama.
 

 

He bajado a desayunar al pequeño café de la esquina, al abrir la liviana puerta de vidrio el horror sube vertiginosamente del suelo  a mis cabellos.

 

 
De un pedazo de pollo se levanta toda la pierna de una gallina espectral, se forma la otra pata y sigue; toda la gallina completa se arroja sobre la persona que tiene en frente, le picotea los ojos. La sangre se levanta como una fuente y los gritos ensordecen todo el espacio.

 

 
Alcanzo a reaccionar y el instinto de vida me hace retroceder; mi boca se abre idiotamente al ver en la mesa posterior una vaca de puntos negros y blancos, chispeantes, se come la media cabeza de una mujer; rumea los pelos ensangrentados mientras me mira.
 

 

 
Salgo sin aliento, como sí el alma hubiese corrido primero; un pollo espectral pasa entre mis pies pero yo corro, corro por la media calle.
 

 

Llegó a la primera esquina y me refugió en un poste, mis ojos ajustan la visión y puedo ver todo el panorama:

 

 
La sangre ha formado un río pastoso en la calle; en él varios hombres, mujeres, niños y hasta bebés convulsionan violentamente mientras son devorados por  fantasmas de animales.
 

 

Respiro profundamente, aprieto los puños y corro, cruzo la calle; supero varias cuadras y me refugió en los edificios gubernamentales, están vacíos, ¡no hay nadie!

 

 
Recorro los enormes corredores y salones; las escaleras. Desde el piso más alto diviso toda la ciudad.
 

 

Hay varias personas en el Centro Cultural y voy hacia allá.

 

 
Todos lloran y desesperados esconden sus rostros con las manos, se toman la cabeza, las quijadas, como para evitar que el llanto los ahogue.

 

 

 

Uno que parece militar se pone al frente, se sube a una banca de piedra y pide la atención.

 

-¿Alguien sabe que ocurre?
 

 

Tras mucha confusión y murmullos,  regresa el llanto desesperado, el pánico.

 

 
Nadie se organiza.
 

 

Un recuerdo se implanta en mi memoria:

 

 
Hace un año, en enero del 2011, en un concurso mundial de fotografía; la imagen de tres ovejas; mirando tras una puerta semiabierta a otras tres ovejas despellejadas y colgadas de ganchos; hizo que nunca más comiese carne o producto animal alguno.

 

 
Desconcertado por la visión miro los rostros que me rodean, reconozco varios, ellos frecuentan los restoranes vegetarianos como yo. Se dispara algo de brillantes en mí, salto a la banca de piedra y en voz alta pregunto:
-¿Cuántos no comen carne?

 

-¿Cuántos son vegetarianos?
 

 

Todos se quedan quietos, el llanto cesa. Empiezan a alzar las manos, todos absolutamente todos no comen carne.

 

 
 
En la tarde sale de la ciudad una expedición hacia las montañas, caminan lento, a paso seguro; nadie habla; solo se oyen unos cuantos ruidos de la poca carga que cada uno lleva. Hay parejas que van muy abrazados pero la mayoría van solos, casi todos son adultos mayores, hay jóvenes y casi ni un niño.
 

 

Tras varias montañas, en un valle junto a un verde lago, el campo se llena de colores artificiales.
 

 

Ya hacia la media noche, alrededor de una inmensa hoguera empieza una asamblea:
 

 

-Somos los elegidos-, eleva su voz un anciano,
-No lo ven, nosotros debemos poblar la tierra,
-Dios nos ha elegido.
 

 

-¿Qué, pero cuál dios?-  Responde un joven que no tiene cabello

 

-No se da cuenta, nos salvamos por no comer carne, mi religión prohíbe comer carne, la suya los condenó.
 

 

Un grupo de hombres de barba y cabello largo se levantan de sus lugares, uno se adelanta al auditorio:

 

 
-Nosotros hemos documentado todo lo sucedido, también nos hemos comunicado con varios países del mundo. Y tenemos una teoría.

 

 
-Muchos creen que esto es el Apocalipsis, es la prueba de que la vida después de la muerte no está en el cielo o el infierno. Verán, todos estamos formados de energía, cuando la materia muere la energía es asimilada por otro ser: en la tierra, en las plantas y se transforma alimentándolo. Así se cierra un ciclo natural.

 

 
-En este día; por algún motivo; por algún alineamiento planetario o por algún factor magnético del sol, la energía de esos animales no se ha separado en sus componentes esenciales para disiparse y alimentar otro ser.
 

 

-¿Pero por que matan a las personas?

 

  -¿Por qué los comieron?-  Interrumpe una anciana.
 

 

-Sí exactamente, están uniendo toda la energía que les pertenece y la toman de quienes se alimentaron de ellos.

 

 

 

Luego de muchas palabras, de rezos y oraciones, luego de muchos ritos de varias religiones llega el silencio y por fin el sueño al campamento.
 

 

El día siguiente es más escalofriante, una columna de espectros humanos camina en hilera.
 

 

Todos estupefactos testimoniamos su senda, nadie dice nada, a veces se escucha un nombre ahogado en llanto, luego los gemidos impotentes de ver a un hijo, a un padre, a un hermano o a un amigo en esa procesión.

 

 
Otra vez el hombre de barba se adelanta y explica:

 

-Esta pasando en todo el mundo. La luz los ahuyenta, van en busca de profundas cuevas, muchos se internan en los océanos a buscar la oscuridad perpetua.

 

 
-¿Hasta cuándo?- Se escucha a alguien preguntar.
 

 

-No lo sé.
 

 

Han pasado varios meses, la peste que se desato en las ciudades no cede, vivimos en las montañas y nos comunicamos con otros grupos de sobrevivientes.
 

 

Ahora solo hay una duda en mi mente: De toda la población mundial ¿cuántos quedamos? ¿Cuántos no habíamos comido carne

 

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