La Promesa

Autor: Amaru Castela / Añadido: 16.02.18, 06:51:54

 

La luz y sombras inundan mi pálido rostro, haciéndolo aparecer y desaparecer, los cambios de velocidad no inmutan la dispersa  mirada; aun sí este momento ocurriese el apocalipsis, no importaría.

 

Un nudo en mi garganta es tan apretado que apenas un delgadísimo hilo de aire logra atravesarlo, me ahoga la saliva helada y un abismo inmenso se ha abierto en el estómago.
 

 

El bus casi llega a su destino, luego caminaremos unas cuantas cuadras hacia la casa.
En mi hombro su delicada cabeza, su hermoso cabello negro huele a rozas y su aliento enciende en mi pecho una hoguera.
 

 

En un pequeño movimiento suyo, ya no resisto más, aprieto con fuerza sus manos y digo:
Ya no puedo solo, ayúdame, soy un alcohólico.

 

Ella se reincorpora violentamente, sus profundos ojos negros se clavan en lo más turbio de mi alma, no me dice nada.

 

 
-Claudio me llamó en la tarde  -    le respondo, cambiando la dirección de mi mirada.
-Dijo que estaba muy mal y que necesitaba que hoy este con él.

 

-Sí, pero no debes tomar licor para hablar con él –me dice con la dulzura de un hada, mientras me acaricia suavemente.

 

 
Yo  con aire de solemnidad respondo:

 

-Mi amor, es que tú no entiendes, él no quiere hablar, él quiere beber con migo. Ya debe estar llegando al bar, muy pronto llamará. Es que cuando yo estuve mal, recuerdas cuando peleamos y me dejaste, bueno él estuvo cada vez con migo, cualquier día que lo llamaba. No lo puedo dejar solo-.

 

Con voz serena, responde mientras busca mis ojos: pero tú me prometiste que no ibas a tomar nunca más.

 

 
-Si amor lo sé. La miro asustado, luego de un silencio prosigo: sé que sí voy a ese bar no podré cumplir mi promesa.
Ella me abraza y ya no dice nada.
 

 

Al bajar del bus e inicia la caminata última del día.

 

-Vamos, vamos a comer algo, dale. Le suplico.

 

-No-      me responde    - quedamos en que íbamos a ahorrar, ¿recuerdas?

 

- Si, solo esta vez, dale, ¿sí?

 

El timbre del teléfono celular rompe la armonía. Lo apago.

 

 

 

Luego de unos minutos mi voz se impone al silencio:
-No es tan fácil cuando vaya a un bar y estén mis amigos querré beber, luego de tomar el primer vaso, el primer cigarro ya no podré parar como siempre, hasta la ebriedad.

 

 

 

-Mira amor -   ella  me interrumpe       - yo siempre estoy con mis amigas en bares y discotecas, ellas también toman mucho, a veces creo que más que si fuesen hombres, pero yo no bebo y la paso bien, mejor que ellas, aprendí a servir la cerveza y a manejar a borrachas. Vez ¿por qué no haces lo mismo que yo?

 

 

 

-Amor no es que no pueda decirles que no y ya; o dejar de ir, cuando me siento en la mesa quiero beber y fumar, o cuando llega el viernes en la tarde se apodera de mí el ansia de experimentar, de salir, de aventurar. Luego me dedico muchas horas a estar sentado embriagándome, hablando de lo mismo y con las mismas personas, para que  al otro día todo mi organismo se esté muriendo.

 

-No bebas, mejor no te vayas-,dice sujetándome fuerte al cruzar el lindel de la puerta.

 

 

 

Ya al apagar la luz del dormitorio una sensación dulce los atrapa, juntos contemplamos el techo como si miráramos la noche estrellada.

 

Ella me abraza y al oído susurra: - no te llama ya?

 

-No se cansaría de esperar-  . Y mi mente se aleja y le empiezo a contar:
 

 

Verás cuando yo estaba en la universidad, huf,   ¡ allí sí que se bebía¡  ¡ y casi todos los días¡ Bueno había un muchacho que era de otro curso, se llamaba Axel.

 

Él se perdió en primer año, consiguió un grupo de amigos que tenían mucho dinero y ninguna responsabilidad, varios de ellos tocaban la guitarra y como tomaban el horario de la mañana desde el medio día que terminaban clases se dedicaban a tomar, todos los días, pero los viernes y sábados era peor.

 

Yo también tomé cada viernes de esos cinco años, casi siempre hasta el sábado. Era muy común hacer eso.

 

 

 

Me quedo un instante en silencio, reflexiono y prosigo:

 

 

 

Sabes, dos de ese grupo ya murieron, el uno luego de un fin de semana, tomó dos días, fue a comprar una cola a la tienda que está a dos cuadras de su casa, de regreso le dio un paro cardiaco y nadie lo pudo socorrer, murió. El otro un domingo luego de beber fue a jugar futbol, ni la cruz roja ni el hospital lo pudieron salvar.

 

 

 

Ella escucha muy atenta, sus ojos muy grandes me inquieren que sigua con mi confesión.

 

 

 

Continuo:
 

 

Una tarde que llegue atrasado  las clases se habían suspendido, halle a Axel a la puerta de mi salón. Ponte unas chelas me dijo.

 

Claro  –respondí, - vamos a la hueca.

 

EL bebió el primer vaso, de pronto empezó a hincharse, no te imaginas, como un globo. Yo pensaba que era una intoxicación por la carne de cerdo que comimos.

 

Debimos desatar los cordones de sus zapatos y desajustarle la correa que apretaban tanto que parecían cortarla, pero lo peor fue en sus manos, sus dedos eran tan gruesos que un anillo de acero que llevaba en la mano derecha hacia sangrar su carne y casi desaparecía en ella.

 

A la vez llegaron la cruz roja y un cerrajero, corto el anillo con una inmensa pinza, los paramédicos lo subieron a la ambulancia y se lo llevaron.

 

Ya en el hospital, los médicos que lo atendían  no decían  que le había ocurrido, él en una cama no se movía, parecía que todo le dolía.

 

Una enfermera que me miró fijamente me hizo una señal para que saliera del cuarto tras de ella.

 

-¿Usted es familiar?-           Me inquirió.

 

-  No, pero soy amigo  ¿y qué le pasa? ¿Estará bien?

 

-  ¿Dígame el muchacho bebe mucho?           

 

-  Uhmmm, Si, como todos, un poco más.

 

-Debieron administrarle ARTABUS. El chico estuvo la semana pasada aquí, si debe ser eso.

 

-   ¿Qué? -              -¿Qué es eso?-

 

-es una pastilla que les dan a los alcohólicos, se las ponen en la comida por varios días y cuando quieren beber se dañan así.

 

-Nooo-       ,- ¿cómo dijo que se llama?-

 

-Artabus, dijo mientras se alejaba.
Ya en la cama de Axel, le conté la conversación con la enfermera.

 

El me miro triste y desengañado

 

-¡con razón, me pedían que repitiera dos o tres veces los platos, y hacían mis platillos favoritos todos los días ¡-           -  ¡ malditos¡-            , -por eso me trataban tan bien todos estos días-.

 

 
Como Axel bebía demasiado y se estaba convirtiendo en un borracho irresponsable, sus hermanos y su madre realizaron el complot, le habían dado la pastilla de Artabus por dos meses, el nunca lo supo ya que la ponían en sus comida, lo habían mimado y consentido todo ese tiempo para que no se diera cuenta.

 

Estos dos meses él fue suspendido de la universidad por un problema de conducta, por lo que no bebió y como lo trataban tan bien en la casa casi ni salía. Pero hace dos viernes fue a un bar muy concurrido por sus amigos de universidad.

 

 
Como siempre saludo con todos los acompañantes de una gran mesa, risas, bromas, la música a todo volumen, muchas chicas y miradas coquetas. De pronto el primer vaso de cerveza y la guerra nuclear se desato en su estómago, no hizo caso, ya pasará pensó; el segundo vaso y la conflagración mundial pudo ser oída por los que estaban cerca.

 

Salió corriendo empujando y atropellando a todos los que se encontraban en su camino al baño, parecía un torbellino, pero no llego. Hasta abrir la puerta sintió como una cascada inmunda salía de sus intestinos. Sudando y presuroso se encerró en el baño pero solo para ocultarse, ya no había nada más que hacer, ya hizo todo en su pantalón, luego, esa guerra interna que sentía se reactivó varias veces, pero ya estaba en el lugar indicado. Pasaron varias horas, sus amigos más cercanos y el dueño del bar pudieron socorrerlo y cambiar toda su ropa para salvar un poco de su dignidad ante la abultada concurrencia de ese día.

 

Existe un dicho universitario que reza: Beber y fumar mata, pero el estudiante universitario no le teme a la muerte. Por eso sería que al siguiente viernes Axel volvió a intentarlo. Claro en un bar muy lejano al anterior.

 

 
A estas alturas, la risa y carcajadas son insostenibles, ella se dobla y se sujeta las rodillas.
-No te rías,  esto es muy serio,       le digo
- Pudo haber muerto-     ,-  a mí me dio mucho miedo cuando supe todo esto.
 

 

Para el segundo viernes, se aseguró de sentirse bien antes de ir al bar, llevaba una mochila con mucho papel higiénico y otra ropa para cambiarse. Además había ingerido dos píldoras de complejo B.

 

El primer vaso, no pasa nada, otro, no pasa nada, bien. Un cigarro, oh oh ¡no!
El momento de exhalar el humo empezó a hincharse y llenarse de gases, el sudor frio de su rostro caía al suelo por el fuerte temblor que sufría, se levantó despacio, con miedo, de pronto emprendió la carrera, nadie lo interrumpió pero esta vez si llego a tiempo al baño. El problema fue el tiempo que estuvo allí, nadie más pudo ocupar el baño del bar esa noche.

 

Ya al amanecer del día siguiente apareció tras la puerta,  pálido como una hoja de papel, su rostro demostraba haber sufrido mucho y hasta parecía más delgado.

 

Llamen a un hospital    , por favor,  dijo antes de desmayarse.
 

 

La risa llego a su clímax,    -ya no soporto, ya no soporto,      gritaba entre carcajadas.

 

-Oye esto es serio, yo averigüe luego y si se hubiera empecinado en beber habría muerto.
-¿Pero cómo? No vez que no iba a poder, solo que bebería  en el baño-     , ja jajajaaa.
 

 

Cuando esa cosa entra en tu organismo tardas un año en eliminarla.

 

-Que perfecto, grito entre risotadas.

 

-¿Qué?    Replique,            -¿serias capaz de ponerme eso?

 

-Peroooo claro, claro que si-    jaaa ja j aja

 

-¿Y si solo tomo una cerveza por sed con un amigo?-

 

-Qué pena-       dijo ella

 

-¿Y si en una cena formal bebo una copa de vino? -

 

Qué pena -           volvió a responder,          

 

-mira amor tú lo sabrías y te cuidarías, pero ya no podrías beber.

 

 
-Estás loca-  le dije enojado mientras ella me abrazaba.

 

Dulce mente me afianza a sus brazos y me aprieta a la cama, recostada en mí pecho inicia el sueño y yo me digo: hoy mi promesa se salvó mientras me duermo.

 

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