Amor In Vitro

Autor: EDWIN MARECOS / Añadido: 21.05.18, 06:03:13

La lluvia suena como el aleteo de una bandada de golondrinas que se van de su temporada buscando otro hábitat. El fuerte viento golpea las persianas de la estancia La Crucecita.

Máximo sabe muy bien que no es aconsejable salir con el tiempo así, tan tormentoso y con pronóstico de una prolongación en las lluvias durante dos días más. Pero los negocios que lleva adelante en la empresa que heredó de su padre son impostergables. "Nunca postergues una reunión de negocios, un minuto de demora puede ser una pérdida para la empresa", le había dejado su padre como legado. Por eso cada vez que quiere hacerlo le viene a la mente esa frase paternal. A pesar de la intensa lluvia, Máximo agarra su auto y emprende viaje hacia la Estancia "La Mercedita", a cincuenta kilómetros de allí.

La reunión es para la compra y venta de ganado. La empresa "Almada e Hijos" se dedica a la comercialización de ganado. En "La Mercedita" lo esperan Don Luís Capello, un hombre de unos cincuenta y cinco años, sincero pero a la vez traicionero, y a pesar de haber sido muy amigo de su padre. Lo ve a Máximo Almada como un "cachorro inexperto", así lo llaman entre los íntimos y demás comerciantes y quiere sacar tajada de esta supuesta inexperiencia.

La tormenta no aminoró ni un segundo y la intensa lluvia crea una cortina imposible de visualizar a ni siquiera diez metros delante del auto. Esa hora y media de viaje son interminables para Máximo Almada, un joven emprendedor de 22 años, buen mozo, apasionado de la velocidad, soltero, de ojos pardos y cuerpo marcado de gimnasio, pelo crespo y tez blanca, muy parecido a Enrique, su padre pero no le gustan los negocios, sin embargo por obligación y por la promesa en vida que le realizó iba a llevar adelante la empresa familiar.

Mientras escucha a Pink Floyd interpretando Mudmen en el estéreo de su BMW negro y ve caer el intenso aguacero como si fuera la última vez que lloviera, Máximo piensa en todo lo que le sucedió en sus veintidós años de vida. La muerte sorpresiva de su padre, quedar a cargo de su madre Zulema, llevar adelante la empresa familiar. Sin embargo en su vida afectiva a lo que pareja se refiere no ha progresado. Estuvo de novio con Celina una chica introvertida como él pero dominada por sus padres que llevó a que la pareja dure sólo 9 meses. Se veían a escondidas para que no se enteraran de la relación hasta que un día fueron descubiertos y ella fue trasladada a la ciudad de Buenos Aires al cuidado de unas tías.

Máximo hace ya un año y medio que no sabe de ella, su gran amor y por quien todavía se desvela por las noches. Al arribar a la estancia La Mercedita, Luís lo está esperando. Lleva quince minutos de retraso por la tormenta.

- Disculpe la demora Señor Luís, la carretera esta intransitable - mientras se estrechan la mano.

- Despreocúpese mi buen amigo - responde, con un tono más paternal. - Pues me hubiese avisado y cancelábamos la reunión.

- Nada de suspensión Señor Luís, se muy bien que los negocios no deben postergarse por nada en el mundo, y aquí me tiene como lo prometí. - con una sonrisa.

- Siéntese Máximo, ¿le apetece tomar algo? Mientras con su mano lo invita a tomar asiento en uno de los sillones de su amplia sala de estar.

- Podría ser un vaso de agua - atina a decir Máximo a la par que observaba cada detalle de La Mercedita. Es una estancia grande de novecientos metros cuadrados, seis habitaciones, una amplia sala de estar, con dos empleadas fijas y dos que se dedican a otros quehaceres y que van tres veces por semana. Las paredes están decoradas con detalles campestres y el piso de un parquet de una alta gama y perfección con una cotización elevada. Si bien Máximo es habitué de La Mercedita por los negocios siempre se queda atónito observando demasiado lujo para una persona que no lo aparenta al menos en su forma de hablar y su aspecto físico. Al mismo instante en que Luís le acerca el vaso con agua a Máximo, este le comenta que además del negocio del ganado quiere entrometerse en otro tipo de mercado ganadero.

- Luís yo deseo hablar con usted porque quiero incursionar en el mercado del ganado de engorde, pero anhelo placenteramente que usted me diga y me aconseje a quien debo recurrir y que pasos debo seguir - mientras toma un sorbo de agua y mira por encima del borde del vaso.

Luís realiza una sonrisa socarrona y burlona, pero Máximo no lo nota. Luís siente que el "cachorro inexperto" había caído en un negocio en el que él se llevaba de maravillas con un grupo de empresarios no del todo limpios y con algunos problemas con la ley.

Un trueno sobresalta a Máximo. Suena el teléfono en la Estancia de Don Luis. Luis atiende el llamado y al saber que es Antonia le pasa el llamado a Máximo. Luis observa la situación tomando agua, sentado en uno de sus elegantes sillones. Doña Antonia la empleada le advierte a Máximo que la tormenta está siendo cada vez más intensa y las calles están completamente abnegadas. Esa calle típica de campo con tierra espesa que con la lluvia se transforman en lodo imposibles como para transitar con un vehículo no apto para esta inclemencia del tiempo.

- Discúlpeme Don Luís es Doña Antonia que me avisa que la tormenta está cada vez peor y tiene miedo que a mí me ocurra algo - con gesto de estar cansado de tanto cuidado por parte de la empleada, volviéndose a sentar en frente de Don Luis - además me dijo que tengo visitas, pero creo que es una excusa para que vuelva a la estancia.

- Máximo por qué no se va a La estancia, dejemos esta reunión para otro día Doña Antonia tiene razón, hay un diluvio terrible que si yo fuera Noé pondría mi arca en la calle para que suba todos los animales así los salvo - una carcajada de ambos opaca los truenos de la tormenta.

Máximo se levanta del sofá, posa su vaso con agua a medio terminar y emprende la partida hacia la puerta, vuelven a estrecharse la mano como al principio y se sonríen.

- Déjeme que le averigüe pero quédese tranquilo que conozco a los mejores empresarios que pueden aconsejarlo sobre el ganado de engorde. Máximo cruza el umbral de la puerta de La Mercedita y cuando se acerca al BMW negro un trueno vuelve a exaltarlo. Desde la puerta de la estancia Luís procura que se cuide y vuelve a saludarlo agitando su habitual sombrero de cuero marrón. Es tanta la lluvia que cae en el lugar que los coletazos de los limpiaparabrisas del BMW no alcanzan ni siquiera para poder observar por una milésima de segundo el camino.

El recuerdo de Celina hace distraer a Máximo de la vista del camino, y aunque conduce a una ínfima velocidad con lo único que se va a encontrar seguro es colocarse en la banquina de la ruta. Faltan solo quinientos metros para que ese trayecto se transforme en asfalto, aunque esto no requiriese mayor seguridad. Estaciona el auto en el fangal del camino y vuelve a pensar en Celina. Quiere olvidarla pero su recuerdo es más fuerte.

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