El último intento de Phoebe por ser famous (?)

Autor: Phoebe Wilkes / Añadido: 14.07.19, 14:24:39

Querida Caroline:

Me ha sucedido la cosa más increíble que te puedas imaginar. No increíble de “Oh, ¡qué cosa tan maravillosa ha tenido la dicha de ocurrirme!”, sino increíble de “¡Diablos!, ¡qué cosa tan sangrienta y apabullante acabo de presenciar! Y no, hermanita, no es que me haya regresado la regla tras veinte años de sequía.

Deja que te cuente, ¿recuerdas al amo para el que solía trabajar hace unos años? Ese de carácter arisco y no demasiado agraciado cuyos padres enviaron al Caribe con tal de no tenerle delante. Sí, mujer sí, el tal Rochester. Que regresó a casa con una latina y la tenía atada como a un perro en el ático.

Bueno, pues resulta que el hombrecillo se volvió a casar después de que, de forma muy conveniente, la española se rostizase… Aunque tú sabes que yo no soy mucho de hablar mal de la gente, líbreme Dios. Sea como fuere, Jane, la nueva esposa de Rochester es un encanto de persona. Tiene un síndrome de Estocolmo que no puede con él, pero en fin, nadie es perfecto. ¿Y a que no adivinas lo que me envió este año? ¡Exacto! Una invitación para pasar las Navidades en su casa.

Parece ser que todavía hay gente que me recuerda y aprecia inclusive cuando hace décadas que me retiré de ese condado.

Ah, pero ahora seguro que te estarás preguntando: “¿Qué le habrá dicho ésta a los señores Darcy para que la dejen marchar en estas fechas, que es cuando más trabajo hay en las cocinas?”. Pues la verdad y nada más que la verdad. Me limité a recordarles que, como en todos los dichosos diciembres, el Sr. Wickham iba a venir. Y yo, como encargada que soy de tener a punto los dormitorios de esa ala de la mansión, estoy harta de tener que recoger la ropa que el señorito siempre deja tirada por los suelos.

Un hombre que deja su ropa interior en cualquier parte, sin ningún tipo de consideración, no es persona de bien.

Por supuesto, esto no fue suficiente para que los señores me dejaran marchar. No obstante, juraría haber visto cómo los labios de Darcy se curvaban en una ligera sonrisa cuando mencioné esta queja. Deduje que él también habría querido decirle más de una vez a su cuñado que recogiese sus calzones… Pero ya me estoy saliendo por la tangente: mis nuevos patrones me dejaron ir tras cerciorarse de que no me habían concedido vacaciones por más de un año.

Llegados a este punto de la narración, quisiera hacer hincapié en que a pocos metros de las fincas de Pemberley, un buen amigo del coronel Fitzwilliam les tiene todavía alquilada una casucha a un par de hermanos, los Finsbury.

Creo que en una carta previa a ésta te hablé de ellos. Eran un par de caballeros londinenses muy bien vestidos y siempre con una sonrisa en el rostro. Pensé que ambos se quedarían a pasar ahí el otoño, en una especie de retiro para descansar de sus negocios, pero no. Bueno, no del todo. Resulta que Maurice, el mayor, se volvió para la capital apenas hubo llegado. Mientras que John, el menor, se quedó aquí… y aún sigue. ¡Santo cielo, qué susto me llevé hace una semana cuando fui a visitarle! El hombrecillo estaba sucio y desastrado, con la mirada perdida y hambriento. Él insistía en que se encontraba bien, negándose a contarme qué le sucedía, así que me lo llevé a Pemberley y le ofrecí unas cervezas para ver si se le soltaba un poco la lengua.

Es increíble lo que me contó, oye. Resulta que ese tal Maurice es un canalla que regresó a Londres sin dejarle un solo penique a su hermano. ¿El motivo? John no quiso darme detalles, pero sí dijo que tenía que ver con una tontina. ¿Habías oído hablar de semejante invento? Porque yo acabo de enterarme y me parece un gran negocio si se sabe aprovechar. Es decir, piénsalo: un grupo de gente deposita un dinero en el banco y éste se queda ahí, congelado. Los participantes de la tontina, con el paso del tiempo, van muriendo hasta que ya solo quede uno.

Ese último superviviente se queda con todo el dinero. ¡Es perfecto! Deberíamos tratar de convencer a nuestros amos de participar en una. Tal vez hubiera suerte y ganasen. Ya sabes, por eso de que bicho malo nunca muere.

A John me lo llevé conmigo a casa de los Rochester, porque el pobre se estaba muriendo de hambre y me parece que las ratas ya estaban empezando a anidar en su desván.

En la de los Rochester es justo donde se produjo el incidente que te comentaba al principio de esta misiva, para ser concreta, durante el baile de Navidad que organizaron los amos.

¡Estaba todo tan bien decorado y los invitados tan alegres…! Y es interesante cómo se dan las coincidencias en esta vida que el piano con el que solía tocar Georgiana Darcy fue a parar a ese salón, pues parece ser que ambas aristocráticas familias se sincronizaron para cambiar de instrumentos.

La cosa es que el Sr. Rochester estrenó el piano y ahí es cuando ocurrió: empezó a salir sangre por cada hueco en la madera. Cuantas más notas salían del piano, más sangre inundaba los suelos. La gente se horrorizó —John se desmayó, de hecho, tras murmurar no sé qué de un tío Joseph—, pero el señor siguió tocando porque claro, cegato como está, no se percató de que había un fiambre hecho trocitos a menos de un metro de él…

Se ve que algún concertista murió y, no teniendo cuartos para hacerle un funeral, decidieron meterlo en un piano para que al menos asistiera a su último concierto.

¿Crees que a ese inquilino tuyo estaría dispuesto a investigar este asunto? No es que piense que fue asesinato, pero si llamamos a la policía seguro que no me dejarían quedarme con el piano. Y realmente me gustaría tener el piano, ya que esta gente de pedigrí ahora dice que no lo quiere…

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Nota de la autora:

Si han llegado ustedes hasta aquí, enhorabuena, tienen un sentido del humor tan o más podrido que el mío. Creo que nos llevaremos bien.

He decidido subir este pequeño relato para instigarles (¿es eso posible?) a pasarse por mi perfil y rondar alguna de mis novelas (prometo que más serias). He decidido hacer esto porque me he dado cuenta de que nadie da bola a quienes simplemente mendigan lectores... y a quienes sí hacen caso, es a los que sortean algo (pero soy pobre como una rata y no tengo nada que sortear... y aunque lo tuviera tampoco lo sortearía porque la pobreza no es lo único que tengo de rata, me temo).

Así que nada, si les gustó el relato, pasen por mi perfil. Si no les gustó, tienen permiso para gruñirme en comentarios. 

 

Comentarios:

Todos los hilos de discusión: 3

Ciara loo 28.06.2020, 04:49:49

Se eliminó el comentario

VladStrange 26.07.2019, 02:46:54

XDDDDD Que bueno está esto! Pero yo ya había leído cosas tuyas :)

Clover Rose 14.07.2019, 16:01:50

JAJAJA ME ENCANTÓ EL FINAL
Me encanta cómo escribís, lit mas lit que lo lit (?
Te gané, ya me pasé hace rato por tu perfil ;)

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