Academia Inelk Lenio Entertainment

09 | Apertura del Telón.

❏ ¨̮CAPÍTULO 9

•••

El conteo en mis oídos llega a su fin y, con el primer golpe de bajo de la pista, es como si un telón invisible se abriera de golpe, exponiéndome a la luz cegadora y al juicio silencioso de los presentes en el auditorio. En estos instantes ya no soy Arisha, la chica de Latinoamérica o de Tailandia; ahora soy el número cero ochenta y cuatro, una pieza más en el engranaje de esta academia que debe funcionar con una precisión milimétrica perfecta.

Lanzo mi brazo derecho hacia arriba, marcando el inicio de la coreografía con una fuerza que nace de la adrenalina pura. Pasados unos segundos del instrumental, mi voz rompe el silencio. La primera frase de la canción sale con una estabilidad que hasta a mí me sorprende; el poco entrenamiento vocal que me han otorgado en esta primera semana en la academia da sus primeros frutos ahora que el oxígeno escasea y la presión aumenta.

Sin embargo, el primer desplazamiento lateral llega demasiado pronto.

Al deslizarme hacia la izquierda para el primer cambio de formación, mi rodilla derecha lanza una señal de auxilio. Es un pinchazo caliente e inmediato que recorre mi pierna hasta la cadera. Siento cómo la inflamación pulsa bajo la tela de la media, pero no se me ocurre cojear ni cambiar el peso de forma visible; me obligo a mantener los ojos fijos en un punto muerto al fondo de la sala, sosteniendo esa expresión de seguridad inquebrantable que el desempeño de la categoría Visual exige. Parpadear o dudar en estos instantes no es una opción viable.

En medio de un paso de la coreografía, miro de reojo hacia los taburetes de la diagonal. Zen observa ahora con un semblante serio y un escrutinio frío, entrecerrando los ojos como si estuviera tratando de descifrar algo que no le termina de cuadrar en mi postura. Jaeeh tiene la tableta en alto, pero su vista está clavada en mi cara, analizando la limpieza de mis expresiones durante la presentación. Y Keith, un poco más atrás, me sostiene la mirada con una seriedad rígida; sabe perfectamente que me estoy dejando la vida aquí arriba por culpa del documento que me obligaron a firmar.

No puedo distraerme ni un segundo más. La transición hacia el coro se aproxima y el tempo de la música se vuelve aún más frenético a través de los monitores in-ear, exigiéndome el triple de esfuerzo justo cuando mi cuerpo empieza a flaquear. Ya no hay marcha atrás: se viene el primer gancho coreográfico, una secuencia implacable de giros rápidos que remata en un salto de alta potencia. Aprieto los dientes detrás de la sonrisa que llevo fingiendo desde el primer compás.

Giro sobre mi propio eje, usando el pie derecho como pivote para restarle carga a la pierna lesionada, pero el impulso final me obliga a despegar ambos pies del suelo. Son apenas unas décimas de segundo en el aire, suspendida bajo el calor de los focos LED, pero al caer, el impacto contra la madera del escenario es devastador. Mi rodilla derecha cede un milímetro. Una punzada fría y eléctrica me corta el aire, amenazando con romper la estabilidad de la nota que debo sostener justo en ese mismo instante.

Me ordeno en un grito mental «no falles», mientras modulo la salida del aire desde el diafragma. El sonido sale vibrante, llenando el vacío del auditorio a través del micrófono. De verdad que maldigo con todas mis fuerzas haberme puesto en esta situación.

La nota final llega y la sostengo hasta que mis pulmones deciden que ya fue suficiente y que no piensan colaborar más. Cuando la pista se apaga en mis oídos, el silencio que la reemplaza es tan abrupto que tardo un par de segundos en convencerme de que la música terminó y que no me quedé sorda del puro susto. El zumbido en mis oídos comienza a ser insoportable.

Me quedo inmóvil en la pose de cierre. La rodilla me tiembla. No es un movimiento que se note por fuera, pero por dentro lo siento como una cuenta regresiva que prefiero ignorar mientras sigan los focos encendidos.

Hago la reverencia final con toda la compostura que me queda, que en este punto no es una cantidad impresionante, y cuando me incorporo y levanto la vista hacia la mesa de los jueces, lo primero que encuentro es la cara de Sang-hee mirándome sin haber anotado absolutamente nada todavía. Bolígrafo sobre la carpeta. Dedos cruzados encima. Y esa expresión suya que no dice nada pero que de alguna forma lo dice todo al mismo tiempo. Los otros dos jueces trabajan sobre sus tabletas sin levantar la vista, con esa eficiencia de quien ha procesado tantos sueños ajenos que ya ni siquiera necesita mirar a la persona para evaluarla. Para ellos, solo soy un número que ocupa espacio en sus pantallas.

—Aprendiz número cero ochenta y cuatro. Puede retirarse —sentencia la voz monótona del asistente de producción desde la mesa de control, rompiendo finalmente la tensión.

Y eso es todo. Como si lo que acabo de hacer en este escenario con la rodilla a punto de traicionarme en cualquier momento mereciera exactamente esas palabras y nada más.

Un miembro del staff aparece de inmediato para quitarme los monitores in-ear, y cuando el cable se desconecta, el ruido del auditorio me entra de golpe como un balde de agua fría: el roce de las telas, alguna tos suelta por ahí, la respiración colectiva de un montón de gente que lleva demasiado tiempo quieta aguantando sus propios nervios. Sin darme el lujo de procesar nada de eso, bajo las escaleras laterales midiendo cada paso. Mantengo la espalda recta y la vista al frente porque sé perfectamente que todavía, aún en este punto, hay ojos puestos encima de mí.

Vuelvo a mi butaca y me siento con más cuidado del que me gustaría admitir, distribuyendo el peso de una forma que proteja mi rodilla derecha sin que parezca que estoy agonizando por dentro. Esa es exactamente la clase de detalles que alguien en la mesa diagonal o los propios jueces podrían estar anotando en este momento, buscando cualquier grieta en nuestra postura. Una chica de mi misma categoría a mi izquierda me mira un segundo, con una mezcla de curiosidad y lástima, antes de volver la vista al escenario. Suelto un suspiro resignado y hago lo mismo.



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En el texto hay: supervivencia, kpop, idols

Editado: 21.05.2026

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