Adivina quién es mi vecino

Viaje independiente

—Te extrañaré —miré con nostalgia mi antigua habitación a partir de este momento. Recordando los buenos y malos momentos que allí pasé junto a mi familia.

Hoy emprendía un nuevo camino. Donde no solo era libre de hacer lo que quisiera sin miedo a los reproches de mis padres (aunque esto no quiere decir que no los aprecie y respete), y también realizaba unos de mis mayores sueños.

Nunca he sido una chica rebelde. De esas que tienen tatuajes por todo el cuerpo: un piercing en los labios, ropa oscura, con el pelo tintado de colores (tipo roquera), quién va encontrá de los mandatos de sus padres solo por llevarle la contraria.

Yo me describiría como una joven carismática, respetuosa, sociable, alegre, con  un carácter fuerte pero sobre todo humilde. Esto último lo he aprendido de mis padres. 

Quienes nos enseñaron a mis hermanos y a mí, ser humilde sin importar la posición social  o estatus económico por que eso no determinará la persona que eres.

No voy a negar que provengo de una familia adinerada.

Mi padre, Eduardo Córdoba es reconocido por poseer uno de los dealer más concurrido en República Dominicana y mi madre Sabrina González de Córdoba, es la emblemática e intachable abogada de derecho penales; socia fundadora de la oficina de abogados Rivera & González.

Muchos estudiantes de derecho que desean ser reconocidos dentro del mundo de la ley, pasan por allí.

Eduardo y Sabrina Córdoba nos mostraron desde pequeños a sus tres hijos, el valor y el empeño que les debemos de poner a las cosas que poseemos.

Eso que a nosotros nos resulta insignificante por haberlo tenido todo pero que para otros no.

«Lo que nada nos cuesta nada vale» sabias palabras de mi madre.

Cuándo no tenemos conocimiento del gran esfuerzo que hizo una persona para conseguir lo que tiene, no les damos la debida importancia y hacemos de ello lo que queramos.

Más sin embargo, si somos nosotros quiénes día a día luchamos arduamente en lograr eso que deseamos, entenderíamos el verdadero valor de las cosas.

En lo particular, yo no espero a que otro me ayude para conseguirlo. Voy a por ello.

Desde niña fui muy aplicada en mis estudios. Logrando tener la mejor nota de mi clase y llevándo muchos reconocimiento cuando realizaba proyectos escolares.

A los dieciséis años obtuve mi primer empleo en una heladería frente al parque en donde vivíamos.

Lo hice no por que fuera necesario, sino para cubrir los gasto de mis necesidades y así no depender todo el tiempo de mis padres.

Cuándo se lo comenté ellos me apoyaron inmediatamente por que con eso yo aprendería a ser independiente

Hoy viajo a México por cuestiones de trabajo y aprovechando a través de ello mudarme sola. Al fin.

¡Sí, a esta edad!

No lo hice antes por que cuando cumplí dieciocho años a mi madre se le deagnosticó cáncer de mama y lo postergué hasta que se recuperara. Pasaron dos años y medio de eso.

Luego vino el postgrado de mi carrera y el primer empleo que conseguí en un agencia publicitaria. Dure cinco años trabajando allí. Donde crecí, no solo como profesional sino también como persona, gracias a las personas que conocí en la empresa. 

Además de los contactos, premios y reconocimiento que obtuve, al realizar varias campañas publicitarias.

Quizás por ésto recibí hace tres meses una buena oferta de trabajo por parte de la mejor agencia de publicidad en todo México: TERAN/TWBA.

Según lo que investigué en Google: "TERAN es una agencia que le encanta romper con los convencionalismos de las marcas, ofreciendo una visión que hará crecer a las mismas, para que destaquen con respecto a sus principales competidores".

Se podrán imaginar como me quedé al recibir un correo electrónico de parte de ellos, invitandome a ser parte de su equipo. Nunca pensé que mi trabajo llegara hasta esa magnitud.

Un contrato como ese me catapultaba a la cima de entre los magníficos y legendarios publicista de todos los tiempos. Ya que solo los mejores pasan a través de esa agencia publicitaria.

Pero no todo era felicidad. A pesar que ésto era más de lo que soñé, me acarreaba un problema personal. Alejarme por tiempo indefinido de mi familia.

Diran ¿No es lo que querías? Si, lo es.

Desde que cumpli mi mayoría de edad quise mudarme sola, pero la cuestión era hacerlo a un par de metros de mi hogar, no a sientos de kilómetros como lo es vivir en otro país.



Raysa Lantigua

Editado: 24.09.2019

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