Amor En Combate

CAPÍTULO 10

Ryder

Para la tercera hora de clases, toda la academia ya había visto los malditos videos que nos tomaron en la cafetería.

No importaba hacia dónde caminara.

La gente miraba.

Susurraba.

Algunos incluso se detenían en mitad de los pasillos apenas yo aparecía, como si acabaran de presenciar el escándalo del año.

Y honestamente… probablemente lo habían hecho.

—Nunca en mi vida pensé ver a Ryder Knight y a Scarlett Vale besarse delante de toda la academia —comentó Mason mientras caminábamos por el corredor del edificio deportivo.

Le lancé una mirada cargada de fastidio.

—¿Puedes dejar de hablar durante cinco minutos?

—No. Estoy disfrutando demasiado esto.

Varios estudiantes apartaron la vista apenas cruzamos cerca de ellos. Otros ni siquiera fingieron discreción.

Una chica sostenía el teléfono contra el pecho mientras cuchicheaba emocionada con su amiga:

—Te dije que sí estaban juntos.

Mason soltó una carcajada.

—Felicidades. Acabas de convertirte en el chisme favorito de Blackwood.

Abrí la puerta del vestuario masculino ignorándolo.

El olor a desodorante, tela húmeda y aerosol deportivo golpeó de inmediato. Las bancas metálicas estaban ocupadas por estudiantes cambiándose para entrenamiento y varias mochilas permanecían tiradas junto a los casilleros abiertos.

Dejé mi bolso sobre una esquina y saqué las vendas negras para las manos.

Entonces el recuerdo regresó sin permiso.

Scarlett sujetando mi chaqueta.

Sus labios contra los míos.

Cómo respondió al beso frente a toda la cafetería.

Mierda.

—Oh, ya entendí esa expresión —comentó Mason apoyándose contra los casilleros—. Tú sí estás en problemas.

—Cállate.

—No, escucha. Tú querías provocar a Luca y a Madison y terminaste comiéndole la boca a Scarlett.

Apreté las vendas alrededor de mis nudillos con más fuerza de la necesaria.

—Fue parte del plan.

Mason arqueó una ceja.

—Claro. Y yo soy campeón olímpico de ballet.

Lo ignoré antes de terminar golpeándolo.

El dojo de Venom Strike ocupaba gran parte del edificio trasero del campus deportivo.

A diferencia de Ascend, donde todo lucía ordenado y preciso, aquí siempre parecía existir una energía más agresiva.

Más salvaje.

El instructor Hayashi caminaba entre los estudiantes observando cada movimiento con atención severa.

Su uniforme negro impecable contrastaba con la cicatriz que cruzaba parte de su mandíbula.

—Knight. Al frente.

Avancé junto al grupo principal de competidores.

Comenzamos ejercicios de desplazamiento sobre el tatami.

Mae geri.

Patada frontal lanzada elevando la rodilla primero para después extender la pierna hacia adelante con rapidez, buscando impactar con la planta del pie o el metatarso en el abdomen del rival.

Retroceso.

Gyaku-zuki.

Golpe directo ejecutado con el puño contrario a la pierna adelantada, utilizando la rotación de cadera para aumentar potencia y velocidad.

Desplazamiento lateral.

Age uke.

Bloqueo ascendente realizado levantando el antebrazo para desviar ataques dirigidos hacia la cabeza.

Todo repetido una y otra vez.

Respiración estable.

Impactos secos resonando por el dojo.

Intenté concentrarme únicamente en eso.

En la postura.

En el movimiento de la cadera.

En la fuerza de cada técnica.

Pero entonces Hayashi sostuvo un escudo de impacto frente a mí y dio la orden:

—Mawashi geri.

Giré el cuerpo y lancé la patada circular.

La tibia impactó el escudo con fuerza.

—Otra vez.

Ataqué nuevamente.

Y justo cuando retrocedía…

la imagen apareció otra vez en mi cabeza.

Scarlett inclinándose hacia mí en la cafetería.

Sus dedos aferrándose a mi chaqueta.

La forma en que me besó de vuelta durante esos segundos.

Fallé el siguiente movimiento.

Mi pie aterrizó mal sobre el tatami.

Hayashi frunció el ceño inmediatamente.

—Otra vez, Knight.

Volví a atacar.

Más rápido esta vez.

Pero mi cabeza seguía en cualquier parte menos aquí.

El instructor bajó el escudo mientras me observaba con evidente molestia.

—Tus golpes están llegando tarde.

Enderecé la postura.

—Estoy bien.

—No pareces estarlo.

Varios estudiantes giraron la vista hacia nosotros.

Apreté la mandíbula.

Odiaba equivocarme frente a otros.

Hayashi señaló el borde del dojo con expresión dura.

—Cinco vueltas. Ahora.

Mason empezó a reír apenas pasé junto a él.

—¿Distraído pensando en tu novia?

Levanté una mano sin detenerme.

—Voy a romperte la nariz si no te callas.

Corrí alrededor del tatami intentando volver a concentrarme.

Pero cada vez que mi mente quedaba vacía…

ahí aparecía ella otra vez.

Scarlett discutiendo conmigo.

Scarlett mirándome con fastidio.

Scarlett besándome como si hubiera olvidado que toda la academia estaba mirando.

Maldita sea.

Cuando terminó el entrenamiento tenía el gi negro pegado a la espalda por el sudor y las vendas marcadas alrededor de los nudillos.

Varios estudiantes seguían practicando kumite en parejas sobre el tatami central.

Uno ejecutaba un kizami-zuki, un golpe rápido lanzado con la mano adelantada para marcar puntos aprovechando velocidad y distancia corta.

Otro respondía con soto uke, un bloqueo de afuera hacia adentro utilizado para desviar ataques directos al torso.

El sonido de los impactos seguía llenando el dojo.

Tomé una botella de agua de la banca cercana justo cuando escuché voces afuera.

Femeninas.

Reconocibles.

Giré la cabeza hacia las puertas abiertas.

Y me quedé quieto unos segundos.

Scarlett acababa de entrar al dojo junto a Chloe.

Llevaba el gi blanco de Ascend perfectamente ajustado a la cintura, con el emblema plateado bordado sobre el pecho. Algunas hebras de cabello se habían soltado de su coleta después del entrenamiento y sus mejillas todavía conservaban el calor del esfuerzo físico.




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