Scarlett
El gimnasio principal de Blackwood estaba mucho más lleno de lo normal aquella tarde.
Las gradas rodeaban la cancha central en varios niveles, ocupadas por estudiantes, entrenadores y fotógrafos del comité deportivo. Banderas de distintos equipos colgaban desde las barandas superiores, y las luces blancas del techo caían sobre el tatami instalado en el centro de la cancha como si aquello fuera una competencia oficial.
El sonido de conversaciones, pasos y silbatos rebotaba contra las paredes altas del recinto.
Ascend ocupaba el lado izquierdo.
Venom Strike, el derecho.
Y justo en medio estaba el desastre que Ryder y yo habíamos creado.
—Todavía podemos escapar —murmuré mientras ajustaba las mangas de mi gi blanco.
Chloe soltó una carcajada.
—Claro. Y perder la oportunidad de ver cómo medio campus se vuelve loco con ustedes dos. Ni hablar.
Le lancé una mirada de advertencia.
Ella ni se inmutó.
Desde el otro extremo del gimnasio, Mason levantó ambas manos apenas nos vio.
—¡Miren a la pareja favorita del torneo!
—¡No somos pareja! —respondí inmediatamente.
Demasiado tarde.
Varias personas alrededor voltearon hacia nosotros.
Perfecto.
Ryder apareció segundos después caminando desde la zona de Venom Strike con el uniforme negro parcialmente abierto en el cuello y las vendas oscuras rodeándole las manos. Algunos estudiantes se apartaron apenas pasó entre ellos.
No porque les diera miedo exactamente.
Más bien porque Ryder tenía esa clase de presencia que hacía notar cuando entraba en cualquier lugar.
Sus ojos azules encontraron los míos enseguida.
Y esa pequeña curva apareció en su boca otra vez.
La que últimamente me ponía nerviosa por razones absurdas.
—Buenos días, princesa.
Rodé los ojos.
—Voy a prohibirte usar ese apodo.
—No puedes prohibirme nada.
—Puedo patearte frente a toda la academia.
—Eso solo haría que aumenten los rumores.
Odiaba que tuviera razón.
Un instructor pidió atención desde el centro de la cancha mientras varios equipos comenzaban a organizarse alrededor del tatami principal.
Las exhibiciones serían por parejas.
Demostraciones técnicas.
Combates controlados.
Secuencias de defensa.
Y, aparentemente, Ryder y yo éramos una de las presentaciones principales.
Maravilloso.
—Recuerden mantener precisión y coordinación —explicó uno de los entrenadores—. Esto no es una pelea callejera.
Mason miró a Ryder.
—Entonces intenta no enamorarte en medio del combate.
Ryder le lanzó la toalla directo a la cara.
Chloe casi se atragantó de la risa.
Intenté ignorarlos mientras subía al tatami junto a Ryder.
Las luces superiores golpearon directamente mi rostro apenas ocupamos posición frente al público. Desde ahí arriba podía distinguir estudiantes grabando con el celular, grupos comentando entre ellos y algunos deportistas apostando probablemente sobre quién ganaría si aquello fuera real.
Blackwood tenía problemas.
Muchos.
Ryder se colocó frente a mí adoptando postura de combate.
Pierna izquierda adelantada.
Guardia alta.
Mirada fija.
Yo hice lo mismo.
Durante unos segundos, todo alrededor perdió importancia.
Siempre pasaba cuando peleábamos.
El instructor dio la señal.
Ryder atacó primero con un kizami-zuki, un golpe rápido ejecutado con la mano adelantada para medir distancia y abrir la defensa del rival.
Desvié el ataque hacia afuera usando soto uke, un bloqueo de afuera hacia adentro diseñado para redirigir golpes directos al torso.
Retrocedí medio paso.
Giré la cadera.
Y lancé un mawashi geri, una patada circular dirigida hacia el costado.
Ryder bloqueó usando el antebrazo antes de responder con un gyaku-zuki, un golpe directo ejecutado con el puño contrario a la pierna adelantada, aprovechando la rotación de la cadera para generar potencia.
El impacto quedó a centímetros de mi abdomen.
Preciso.
Medido.
El público reaccionó con varios murmullos emocionados.
Seguimos moviéndonos alrededor del tatami.
Ataque.
Bloqueo.
Desplazamiento.
Todo coordinado con una naturalidad que empezaba a preocuparme.
Porque Ryder y yo peleábamos demasiado bien juntos.
Él conocía mis movimientos.
Yo empezaba a anticipar los suyos.
En un momento lancé un barrido bajo intentando desequilibrarlo.
Ryder esquivó hacia atrás apenas a tiempo y atrapó mi muñeca antes de que pudiera recuperar postura.
La cercanía me tomó desprevenida.
Su mano rodeaba mi brazo con firmeza mientras el otro brazo permanecía junto a mi cintura para inmovilizarme.
El gimnasio seguía lleno de ruido.
Pero por un instante solo fui consciente de sus ojos observándome desde tan cerca.
—Te distraes fácil hoy —murmuró.
—Suéltame, Knight.
—Pídelo más bonito.
Apreté la mandíbula.
Él soltó una risa por lo bajo antes de liberarme.
Varias personas aplaudieron creyendo que aquello formaba parte de la coreografía.
Tal vez lo era.
Tal vez ya ni nosotros sabíamos dónde terminaba la actuación.
Continuamos la exhibición con una secuencia de defensa personal.
Ryder lanzó un oi-zuki, un golpe directo ejecutado avanzando con la pierna delantera al mismo tiempo que el puño impacta hacia el frente.
Desvié el ataque usando age uke, un bloqueo ascendente utilizado para proteger la cabeza, y giré inmediatamente para atraparlo del brazo.
Él siguió el movimiento sin resistirse.
Otra vez quedó demasiado cerca.
Y eso era exactamente lo peligroso.
Cuando terminamos la última secuencia, varios aplausos resonaron desde las gradas.
Algunos estudiantes incluso silbaron.
Quise desaparecer inmediatamente.