Amor En Combate

CAPÍTULO 14

Ryder

El ruido del motor atravesaba la avenida casi vacía mientras avanzaba por las calles iluminadas de la ciudad.

Las luces de los semáforos se reflejaban sobre la motocicleta negra y el aire frío golpeaba directo contra mi rostro, despejándome un poco después del entrenamiento y de las casi dos horas que pasé evitando preguntas sobre Scarlett.

Porque ahora todo el mundo tenía algo que decir.

Los de Venom Strike preguntaban si era cierto.

Los de otros equipos apostaban cuánto duraría.

Y Mason…

Mason directamente actuaba como si estuviera organizando nuestra boda.

Giré por una calle más estrecha intentando ignorar la tensión acumulada en los hombros. El teléfono vibró dentro del bolsillo de mi chaqueta justo cuando me detuve frente a un semáforo en rojo.

Papá.

Fantástico.

Dejé sonar el teléfono varios segundos antes de contestar.

—¿Qué?

La voz grave de mi padre llegó enseguida desde el otro lado de la llamada.

—Tu entrenador me llamó hoy.

Apreté la mandíbula automáticamente.

—Qué sorpresa.

—Dice que has estado perdiendo concentración durante los entrenamientos.

Miré el semáforo cambiar a verde antes de acelerar otra vez.

—Estoy entrenando bien.

—“Bien” no es suficiente para un Knight.

Ahí estaba.

La frase de siempre.

La misma que llevaba escuchando desde niño.

No importaba cuántos torneos ganara.

No importaba cuántas medallas colgaran en las vitrinas de la academia.

Para mi padre siempre existía algo más que demostrar.

—El torneo nacional es en unos meses —continuó—. No voy a permitir que distraigas tu atención con estupideces.

Supe exactamente a qué se refería.

Los videos.

Las fotos.

Scarlett.

Una risa seca escapó de mi garganta.

—¿Ahora también controlas con quién hablo?

—Controlo el apellido que llevas encima.

El agarre sobre el manubrio se endureció.

Durante unos segundos no respondí nada.

Porque si seguía escuchándolo probablemente terminaría estampando el teléfono contra el pavimento.

Mi padre soltó un suspiro al otro lado.

—Tu madre no soportaba verte perder el tiempo.

Eso bastó.

El pecho se me cerró con una fuerza desagradable.

—No hables de ella.

—Entonces deja de comportarte como un niño.

Corté la llamada antes de escuchar otra palabra.

El silencio que quedó después fue peor.

Seguí conduciendo varios minutos más sin rumbo claro mientras la ciudad pasaba borrosa a mi alrededor.

Odiaba cuando usaba a mi madre de esa manera.

Como si todavía pudiera convertirla en una herramienta para presionarme incluso después de muerta.

Porque ella jamás había sido así.

Nunca me exigió ganar.

Nunca convirtió el karate en una obligación.

Todavía podía recordarla sentada en las gradas durante mis primeros torneos, sonriendo aunque hiciera el ridículo sobre el tatami.

“Solo disfruta pelear, Ry.”

Así decía siempre.

Pero después del accidente todo cambió.

Mi padre transformó cada entrenamiento en una guerra.

Cada derrota en una decepción.

Cada error en una discusión.

Y eventualmente aprendí que pelear era más fácil que sentir cualquier otra cosa.

Por eso las expulsiones.

Las peleas fuera de la academia.

La reputación de chico problemático.

Era más sencillo golpear primero que dejar que alguien se acercara demasiado.

Reduje la velocidad al acercarme otra vez al campus de Blackwood. Las instalaciones deportivas seguían iluminadas incluso a esa hora, y algunos estudiantes todavía cruzaban los pasillos cargando bolsos de entrenamiento.

Pensaba ir directo al estacionamiento cuando la vi salir del edificio académico.

Scarlett.

Llevaba una sudadera gris sobre el uniforme deportivo y una mochila colgando de un hombro. El cabello seguía ligeramente húmedo después de entrenar y varias hebras se movían con el viento nocturno mientras bajaba las escaleras mirando el celular.

Fruncí el ceño al notar la hora.

Era tarde para que siguiera ahí sola.

Me acerqué con la motocicleta hasta detenerme junto a la acera.

Scarlett alzó la mirada de inmediato.

—¿Qué haces aquí?

—Podría preguntarte lo mismo.

Guardó el teléfono en el bolsillo.

—Estaba terminando un trabajo de física.

Miré alrededor.

El campus estaba mucho más vacío ahora.

Algunos faroles iluminaban los jardines y el edificio principal, pero fuera de eso las calles permanecían casi desiertas.

—¿Cómo piensas volver?

—En autobús.

Dejé escapar una risa incrédula.

—Ni loco voy a dejar que cruces media ciudad sola a esta hora.

Scarlett cruzó los brazos.

—Puedo cuidarme sola.

—No dije que no pudieras. Igual te llevo.

Ella negó enseguida.

—Knight, ya sabes dónde vivo. No hace falta que vuelvas a hacer de guardaespaldas.

Una pequeña curva apareció en mi boca.

—Entonces sabes que voy a insistir hasta que aceptes.

Scarlett dejó escapar un suspiro cansado.

—Eres insoportable.

—Y tú llevas cinco minutos evitando subir a la moto mientras claramente tienes frío.

Abrió la boca para discutir… pero terminó cerrándola otra vez.

Victoria.

Bajé de la motocicleta y le tendí el casco extra.

—Vamos. Ya es tarde.

Scarlett dudó unos segundos.

Después tomó el casco con resignación.

—Si muero, voy a perseguirte como fantasma.

—Serías un fantasma insoportable.

—Y tú seguirías siendo un imbécil.

Esperé mientras se colocaba el casco. Sus dedos acomodaron las correas debajo de la barbilla antes de mirarme otra vez.

No ayudaba que incluso usando ropa deportiva y cara de cansancio siguiera viéndose ridículamente bonita.

Subió detrás de mí con cierta desconfianza al principio.




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