Scarlett
El eco del motor todavía seguía atrapado en mi cabeza a la mañana siguiente.
Ridículo.
Completamente ridículo.
Apoyé la frente unos segundos contra la puerta metálica del casillero mientras fingía organizar unos apuntes que ya estaban perfectamente acomodados. El corredor principal de Blackwood hervía de movimiento: estudiantes cruzando de un lado a otro, mochilas golpeando piernas ajenas, teléfonos sonando y conversaciones mezclándose bajo los techos altos del edificio académico.
Y aun así, mi mente seguía regresando a la noche anterior.
Al viento frío durante el trayecto.
A la presión de mis brazos rodeando la cintura de Ryder.
A la manera en que sus hombros se relajaron cuando apoyé la cabeza contra su espalda.
Cerré el casillero de golpe.
Atracción.
Eso era todo.
Ryder Knight era atractivo.
Demasiado atractivo para su propio bien.
No significaba nada más.
—Estás rara.
Giré la cabeza y encontré a Chloe observándome desde unos pasos más atrás. Llevaba el cabello oscuro recogido en una coleta alta y un café helado entre las manos. La diversión brillaba descaradamente en sus ojos.
—Gracias. Qué lindo saludo.
Ella se acercó despacio, analizándome con demasiada atención.
—No, hablo en serio. Llevas como cinco minutos acomodando los mismos libros.
—Estoy cansada.
—Claro. ¿Y eso también explica por qué llevas mirando al vacío desde que llegaste?
Solté un resoplido mientras guardaba el último cuaderno dentro de la mochila. Chloe apoyó un hombro contra los casilleros y ladeó la cabeza.
—¿Tiene algo que ver con cierto chico insoportable y una motocicleta negra?
El simple hecho de escuchar eso me tensó el estómago.
Odié profundamente que ella lo notara.
—No pasó nada.
—Esa respuesta sonó demasiado rápida para ser verdad.
Comenzamos a caminar por el pasillo entre grupos de estudiantes. Varias personas seguían revisando el celular cada vez que pasábamos cerca. Algunas ni siquiera disimulaban la curiosidad cuando levantaban la vista hacia mí.
Seguíamos siendo tema de conversación.
Maravilloso.
—Simplemente me llevó a casa —respondí intentando sonar indiferente.
Chloe soltó una risa corta.
—¿Y por qué pareces protagonista de canción triste desde esta mañana?
Dejé escapar un suspiro cansado.
—Porque estás actuando como si Ryder y yo de verdad fuéramos pareja.
—Tal vez porque ustedes ayudan bastante.
Abrí la puerta del aula antes de seguir escuchándola.
—No me gusta Ryder.
Chloe pasó detrás de mí sonriendo.
—Nunca dije que te gustara.
Maldita sea.
La clase de historia avanzada ocupaba uno de los salones más antiguos del edificio académico. Las paredes estaban cubiertas de mapas envejecidos y fotografías históricas enmarcadas, mientras las lámparas colgantes proyectaban una luz cálida sobre las filas de pupitres de madera oscura. El profesor Bennett revisaba unos documentos cerca de la pizarra mientras varios estudiantes terminaban conversaciones antes de que iniciara la clase.
No tardé en localizarlo al fondo del aula.
Ryder estaba sentado junto a Mason.
Llevaba una sudadera negra con las mangas arremangadas hasta los antebrazos y el cabello ligeramente desordenado, como si hubiera pasado la mano por él varias veces antes de entrar. Tenía una pierna estirada debajo de la mesa y el cuerpo recostado hacia atrás con esa facilidad irritante que hacía parecer cómodo cualquier lugar donde estuviera.
Pero esta vez algo era distinto.
Un moretón oscuro marcaba parte de su pómulo izquierdo.
Pequeño.
Aunque imposible de ignorar.
Mi ceño se frunció automáticamente.
Él levantó la vista justo en ese momento.
Y apenas me vio…
sonrió.
No una sonrisa arrogante.
No una burlona.
Algo mucho más pequeño.
Más real.
Sentí un vuelco incómodo debajo de las costillas.
Idiota.
—Ahí está el motivo de tu crisis existencial —murmuró Chloe junto a mí.
Le di un golpe en el brazo antes de sentarme.
Intenté concentrarme en la clase.
Lo intenté de verdad.
Pero era imposible cuando seguía sintiendo la atención de Ryder cada pocos minutos desde el otro lado del salón.
Y peor todavía…
yo seguía buscándolo también.
Cada vez que el profesor se giraba hacia la pizarra, mis ojos terminaban moviéndose solos hacia el fondo del aula.
Ryder ya tenía la vista fija en mí otra vez.
Apoyó distraídamente el bolígrafo sobre la mesa, sin apartar los ojos de mi cara.
Como si esperara que volviera a mirarlo.
El pulso se me aceleró.
Entonces el profesor Bennett cerró un libro de golpe sobre el escritorio.
—Señorita Vale.
Me enderecé tan rápido que varias personas soltaron una carcajada.
—¿Sí?
El profesor me observó por encima de sus gafas.
—¿Quiere compartir la respuesta con la clase o seguimos esperando a que termine de mirar al señor Knight?
Quise desaparecer ahí mismo.
Mason directamente apoyó la cabeza sobre la mesa riéndose.
Y Ryder…
Ese imbécil ni siquiera intentó ocultar la diversión.
—La segunda guerra balcánica comenzó en mil novecientos trece —respondí de inmediato.
El profesor asintió satisfecho.
—Correcto. Me alegra tenerla de regreso.
Hundí la cara en mis apuntes mientras Chloe se mordía los labios para no reírse.
Cuando finalmente sonó el timbre, recogí mis cosas a toda velocidad y prácticamente escapé del salón.
Mala decisión.
Porque apenas crucé la puerta, alguien sujetó mi muñeca.
Ryder.
Su mano rodeaba apenas mi brazo, firme pero cuidadosa.
—¿Por qué huyes?
Lo miré con indignación.
—Porque quiero conservar algo de dignidad.
Él dejó escapar una risa grave que hizo que varias personas voltearan a verlo.