Amor En Combate

CAPÍTULO 17

Scarlett

Pasaron cuatro días sin que Ryder se metiera en otra pelea.

Lo cual probablemente calificaba como un milagro histórico dentro de Blackwood.

Y, de alguna manera todavía más preocupante…

también pasaron cuatro días en los que empecé a acostumbrarme a él.

A sus mensajes apareciendo a cualquier hora.

A encontrarlo esperando fuera de mis clases como si fuera completamente normal.

A nuestras discusiones absurdas en los pasillos.

A las miradas.

Demasiadas miradas.

Y el verdadero problema era que ya no me molestaban tanto.

Eso debía preocuparme mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Últimamente vives distraída —comentó Chloe mientras caminábamos hacia el edificio académico.

Ajusté la correa de mi mochila.

—Todos dicen lo mismo.

—Porque es verdad.

Una llovizna fina cubría el campus. Las veredas brillaban bajo el cielo gris y varios estudiantes corrían entre edificios usando carpetas para cubrirse de la lluvia. El aire olía a café recién hecho y tierra mojada.

Chloe me miró de reojo.

—¿Vas a seguir negando que te gusta Ryder?

—Sí.

—Admiro tu compromiso con la mentira.

Solté un resoplido.

—Qué insoportable eres.

Ella rio justo cuando llegábamos frente a la biblioteca central.

El edificio imponía incluso desde afuera.

Ventanas enormes.

Columnas oscuras.

Y un silencio absoluto apenas cruzabas las puertas.

—Bueno —dijo Chloe deteniéndose—. Yo tengo reunión del comité estudiantil. Tú disfruta tu sesión de “estudio totalmente platónico”.

Abrí la boca para responderle algo.

Pero ya se estaba alejando riéndose sola.

Traidora.

Entré a la biblioteca intentando ignorarla.

Y entonces ahí estaba.

Ryder estaba sentado al fondo, junto a una de las ventanas del segundo nivel.

Por supuesto.

Llevaba una sudadera negra y los auriculares descansando alrededor del cuello mientras hojeaba un libro que claramente no estaba leyendo. Tenía una pierna estirada debajo de la mesa y esa expresión relajada que hacía parecer cómodo cualquier lugar donde estuviera.

Y no tenía sentido.

Ryder Knight parecía alguien creado específicamente para romper reglas dentro de una biblioteca.

Levantó la vista apenas me acerqué.

Y sonrió.

Esa sonrisa pequeña.

La peligrosa.

—Llegaste tarde, princesa.

Dejé mis libros sobre la mesa.

—Llevo dos minutos tarde.

—Terrible puntualidad.

Tomé asiento frente a él.

—Estoy aprendiendo de ti. El rey de la impuntualidad.

Una sonrisa lenta apareció en su boca.

—Qué honor influenciarte tanto.

—No te emociones. También aprendí que discutir contigo reduce neuronas.

Su risa baja hizo que varias personas levantaran la vista un segundo.

Y eso era un problema.

Últimamente empezaba a gustarme demasiado escucharla.

Abrí mis apuntes intentando concentrarme.

La biblioteca estaba tranquila alrededor nuestro. Algunas lámparas cálidas iluminaban las mesas de madera y afuera la lluvia golpeaba suavemente los ventanales.

Todo estaba en calma.

Todo resultaba cómodo.

Ryder miró mi cuaderno apenas abrí la carpeta de física.

—¿Otra vez física?

—A diferencia de ti, yo sí me esfuerzo por aprobar.

Apoyó un brazo sobre la mesa.

—Yo apruebo. Solo sin sufrir.

—Eso explica muchas cosas.

Volvió a reír por lo bajo.

Intenté enfocarme en los ejercicios.

De verdad.

Pero cada vez que levantaba la vista… Ryder ya me estaba mirando.

Como si verme frustrarme con fórmulas fuera más entretenido que cualquier libro de la biblioteca.

Después de varios minutos terminé cerrando el cuaderno con fastidio.

Él levantó apenas una ceja.

—¿Esa cara significa que quieres abandonar la academia o solo quemar el libro?

Fruncí el ceño.

—Tal vez ambas.

—Déjame ver.

Acercó mi cuaderno hacia él antes de que pudiera protestar.

—No vas a entender nada.

—Qué poca fe me tienes.

Se inclinó sobre la mesa revisando el ejercicio.

Y ahí apareció el problema.

Otra vez demasiado cerca.

Podía sentir el aroma de su shampoo mezclado con café y lluvia. Ver las pequeñas sombras de cansancio debajo de sus ojos.

Y también notar algo todavía peor.

Ryder realmente estaba intentando ayudar.

Sin burlarse.

Sin hacerse el idiota.

Eso sí era un problema.

—Aquí está el error —murmuró señalando el cuaderno—. Estás despejando esto al revés.

Parpadeé.

—…Sabes física.

Sonrió apenas.

—Sorprendente, ¿verdad?

—Pensé que solo sabías romper cosas.

—Tengo talentos ocultos.

—Voy a necesitar pruebas oficiales.

Me devolvió el bolígrafo y su hombro rozó el mío.

El simple contacto hizo que mi respiración se alterara un segundo.

Ridículo.

Seguimos estudiando casi una hora más.

O fingiendo hacerlo.

Porque cada vez que Ryder sonreía…

mi concentración desaparecía un poco más.

La lluvia afuera empeoró con el paso del tiempo y la biblioteca empezó a vaciarse lentamente. El sonido constante contra las ventanas hacía que todo se sintiera aislado del resto del campus.

Más pequeño.

Más íntimo.

Más difícil de ignorar.

En algún momento Ryder terminó sentado a mi lado “porque era más fácil copiar respuestas”.

Mentiroso.

Ni siquiera estaba copiando.

Solo seguía sentado junto a mí.

—¿Cansada? —preguntó en voz baja.

Apoyé la cabeza sobre una mano.

—Un poco.

Habíamos pasado toda la semana entre entrenamientos, tareas y clases eternas.

Mi cuerpo empezaba a resentirlo.

Ryder inclinó apenas la cabeza observándome.

—Duermes fatal, ¿cierto?

Lo miré sorprendida.

—¿Cómo sabes eso?

—Pareces alguien que no ha dormido bien en días.




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