Anomos: Sombras del espacio

1- El inicio de una amistad

4570 a.d (antes de la gran destrucción)

Romu

Con dieciocho años están en la mejor etapa de la vida en cualquier mundo de la galaxia Ara Solir que no sea mi hogar, porque aquí solo eres un adulto cuando tienes cuarenta y un adolescente a los treinta, pero con mi edad solo celebran la mayor fiesta imaginable para decir al mundo entero que aun soy un niño y le faltan muchos años para ser tratado como algo más, pese a que ya tenía casi la misma altura que mi hermano, pero lejos de tener el cuerpo musculoso. Estoy ansioso por ser un adulto y dejar de lado mi cuerpo flaco donde parezco la rama frágil de un árbol, si hubiera nacido en cualquier familia fuera de los grandes pilares y muro hecho de tierra, paja y agua que son considerados reliquias no estaría en esta situación, pero yo vivo detrás del muro y soy para remate un príncipe, asique tendré una fiesta de cumpleaños porque no es solo fiesta, es política.

La arrogancia y la capacidad de fingir como un actor profesional deben venir mezclados en nuestro ADN porque por muy desagradable que me parezca fingir a los comensales de diferentes mundos y ciudades de mi mundo lo hago tan profesionalmente como mis padres y eso que ellos llevan siglos fingiendo ser amables y de buen corazón. Mi padre si es un hombre decente, pero mi madre siempre me provoca escalofríos, en las fiestas siempre es una dama intachable y con decoro, pero sin desconocidos cercas es una diosa de la ira, donde sus gritos rezuman en las paredes. Todos piensan que nacer en cuna de oro es la mejor vida, que equivocado están todos con sus suposiciones, lo único que obtienes es una familia que no se parece en nada a lo que fingen ser.

- hijo – me gire para ver a mi padre entrar a mi gran cuarto, llevaba casi media hora frente al espejo sin soportar como me veo – rápido, todos esperan, es tu cumpleaños dieciocho.

Me volví a ver en el espejo, mi cabello rojo había sido peinado lejos de mi cara y decorado con hojas verdes de nuestro árbol nativo bañadas en las puntas con oro y escarcha de plata, así como mis parpados, también fueron decorados con tierra roja. Tire de la chaqueta que se apegaba a mi piel asiéndome ver mucho más delgado, sus mangas son de tela amarilla traslucida y cuello alto con broche de oro en mi costado izquierdo para cerrar, la chaqueta lo único que cubría es mi torso, cuello y espalda baja, dejando al descubierto mi cintura y espalda, los pantalones son lo peor, hecho de una tela gruesa que se amarraba con tiras de hilo dorado desde mis caderas hasta los tobillos dejando ver gran parte de piel de mis piernas en ambos lados, todo acompañado de una sandalias que por suerte se ajusta al vestuario de cada día.

Todo mi traje era casi una réplica del de mi padre, pero a diferencia de mi él llevaba su torso desnudo y brazos cubiertos. Mi mundo se destaca por ser exhibicionistas ya que los hombres suelen tener músculos perfectamente moldeados y piel morena, son seres orgullosos de sus rasgos físicos y les encanta exhibirlos en especial cuando tenemos comensales de otros mundo o turistas para intimidar o atraer su atención hacia nosotros.

- me siento ridículo – dije al final, mi padre se acercó y encontró mi mirada por el espejo.

- yo igual a tu edad, pero descuida no se van a fijar en ti, la mayoría no le sacara los ojos a las mujeres con el tipo de maquillaje y ropa que llevan – hice una mueca al recordar cómo se veía mi madre, si hay ciertos vestidos que fueron hechos para uno: poner celosos a sus maridos, dos: para cejar a sus hijos y tres: para recordarse que son bestias capaz de tener a cualquier hombre babeando a sus pies.

- si no fuera una obligación no iría y si voy es por no dejar mal tu imagen – mi padre puso su mano sobre su hombro y me sonrió.

- gracias, solo quédate un par de horas y luego puedes volver al cuarto, yo te cubro con tu madre.

- ¿en serio?

- sí, asique vamos, entre más rápido te presentes, más rápido escapas – sonreí feliz y no dude un segundo en seguirlo al gran salón donde la suave música ambiental brotaba de las paredes.

°°°

- dime que este pastel tiene muchas calorías – me gire y encontré con una mujer delgada y unos centímetros más baja que yo, con un rostro tan juvenil como yo.

Ella señalo un pequeño pastel blanco relleno de crema de té negro que sostenía entre mis dedos y tenía pensado comer, pero me detuve.

- estoy esperando lo mismo – ella sonrió y me quito el pastel y comió luego, giro los ojos.

- está mejor que el resto del pasto que hay en las bandejas, ¿en serio no pueden hacer algo mejor? Entiendo que somos seres que viven de sus plantación y gran variedad de vegetales, frutas y verduras, pero no significa que no puedan ponerle más sabor y azúcar – me empecé a sentir perdido.

Los jóvenes de mi edad no me hablaban porque el título de príncipe los incomodaba y ninguno quería pasar por la probabilidad de molestar a alguno de mis padres y sufrir grabes consecuencias.

- por cierto, soy Gaikiri Funter – se presentó la joven.

- la hija del gobernador Troy – hay diferentes gobernadores asignados por mi padre el rey en las diferentes ciudades de mi mundo y el gobernador Troy lo conocía porque es la ciudad vecina y más cercana, quien suele venir seguido a casa de mi padre.

- sí, es mi padre y tú eres Romu de Albora, el príncipe menor – soy quien siempre será príncipe ya que la corona será portada por mi hermano mayor que disfruta en un par de mesas la compañía de políticos y comensales extranjeros.

- el mismo, ¿primera vez aquí? – ella sonrió y asintió.

- ¿qué me delato?

- no te había visto antes en ninguna celebración.

- mi padre el sobre protector, no quería que me expusiera ante nadie a tan temprana edad tuve que esperar hasta los veinte año – si me fijaba en su vestuario debe ser la única mujer que lleva un vestido recatado sin ningún material traslucido, es suelto de un rosa pálido que hacia resaltar el color rojo de sus ojos y cabello.



Veritao

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En el texto hay: familia, amor, amistad

Editado: 24.07.2020

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