Asistente por Accidente

CAPÍTULO 6 — La verdad que nadie debía ver

El silencio era tan tenso que Renata podía escucharse los latidos.

Vanessa mantenía el teléfono frente a Gabriel como si sostuviera una prueba explosiva.

Gabriel no decía nada. Solo observaba la pantalla, inmóvil, rígido.

Renata inclinó la cabeza un poco, lo suficiente para intentar ver sin meterse demasiado… pero lo que alcanzó a distinguir no fue un simple mensaje, ni una foto comprometedora.

Era un documento.

Un correo.

Un informe.

Algo con números… demasiados números.

Y un logo.

Un logo que Renata había visto antes, pero no asociado a algo positivo.

El logo de Harrington Holdings, la empresa rival más agresiva del sector hotelero.

Renata bajó la mirada de inmediato.

No era asunto suyo.

No quería problemas.

No quería drama corporativo de magnates.

Ella quería archivar documentos, tomar notas y no morir aplastada emocionalmente.

Pero ya estaba aquí.

Y Gabriel finalmente habló.

—¿Dónde conseguiste eso? —preguntó con voz baja, peligrosa.

Vanessa apoyó la espalda en la silla, cruzando las piernas con elegancia cruel.

—No subestimes lo que sé, Gabriel. Y mucho menos lo que puedo encontrar.

Renata tragó saliva.

Gabriel respiró profundo, como si controlara un incendio interno.

—Ese archivo no debería existir.

—Pero existe —respondió ella—. Y si yo lo encontré… otros también pueden hacerlo.

Renata sintió un escalofrío.

Algo no encajaba.

Algo grande.

Vanessa continuó:

—¿Quieres saber por qué vine? Porque si Harrington publica esto, tu reputación se va al piso. Y conmigo… o sin mí, te van a destrozar.

Renata abrió los ojos.

¿Reputación?

¿Escándalo corporativo?

¿Manipulación emocional nivel experto?

Gabriel se inclinó hacia ella, directo:

—¿Qué quieres, Vanessa?

La mujer sonrió con satisfacción, como si hubiera estado esperando esa pregunta.

—Quiero que vuelvas.

—No. —Gabriel no dudó.

Pero Vanessa no se inmutó.

—Quiero que vuelvas… pero no conmigo —dijo, dejando caer una bomba inesperada—. Quiero que vuelvas al proyecto.

Renata parpadeó.

¿Qué proyecto?

Gabriel cerró el puño sobre la mesa, tenso.

—Te dije que no pienso involucrarme en eso de nuevo.

—Y te dije que no tienes opción —respondió Vanessa con calma—. Harrington ya está moviéndose. Y si tú no actúas, te van a sacar del mercado. No solo a ti… sino al hotel.

Renata sintió un frío recorrerle el cuerpo.

Vanessa no estaba coqueteando.

No estaba buscando atención.

No estaba jugando.

Estaba amenazando a Gabriel con algo real.

Y entonces, por primera vez, Vanessa la miró a ella.

Directamente.

Sin disfraz.

—Y tú, Renata… deberías entender en qué estás metida.

Renata se tensó.

—Yo solo soy asistente —respondió, intentando sonar firme.

—Eso crees tú —dijo Vanessa, sonriendo—. Pero Gabriel no mete a cualquiera en sus problemas.

Gabriel habló con un tono bajo, como una advertencia:

—No metas a mi asistente en esto.

—¿Tu asistente… o tu nueva distracción? —soltó Vanessa sin piedad.

Renata sintió que la sangre le subía al rostro.

—No soy distracción de nadie —dijo ella, molesta.

—Oh, cariño —dijo Vanessa, inclinándose hacia ella—. Todavía no sabes lo peligrosa que es la gente cuando siente que les estás quitando algo.

Renata abrió la boca… pero Gabriel golpeó la mesa suavemente con los dedos.

—Vanessa, suficiente.

Ella lo miró con algo que Renata no supo definir:

¿dolor?

¿enojo?

¿obsesión?

Luego guardó su teléfono, tomó su bolso y se levantó.

—Te di la advertencia, Gabriel. Lo que hagas con ella… es cosa tuya.

Renata sintió un nudo en el estómago.

Gabriel no se movió.

Solo respiraba, lento, calculando.

Vanessa la miró una última vez.

—Y tú… cuídate. No porque él sea peligroso… sino porque su mundo lo es.

Se fue sin mirar atrás.

Cuando quedaron solos, Renata habló al fin.

—Señor Blake… ¿qué está pasando?

Gabriel se recostó en la silla, masajeándose el puente de la nariz como si cargara un peso enorme.

—Nada que deba preocuparla —respondió.

Renata lo miró con incredulidad.

—Perdón, pero su ex acaba de llegar con amenazas corporativas y advertencias personales que suenan a telenovela mezclada con crimen organizado. Sí debo preocuparme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.