Asistente por Accidente

CAPÍTULO 7 — El correo que cambió el juego

De regreso al hotel, el ambiente dentro del auto era denso. No hablaban.

Gabriel manejaba con la mandíbula tensa, como si cada pensamiento que pasaba por su cabeza fuera una amenaza más.

Renata, por otro lado, estaba ocupada intentando no entrar en pánico.

Porque ahora lo sabía:

Gabriel estaba en un problema grande.

Y Vanessa… no era una simple ex molesta.

Era un detonador.

Cuando llegaron al estacionamiento subterráneo del hotel, Gabriel apagó el motor y se quedó mirando al frente. Silencioso. Quieto. Nada habitual.

Renata lo observó de reojo.

—Señor Blake… si necesita hablar de—

—No lo necesito —interrumpió él.

Renata apretó los labios.

Bien. Que se guardara sus secretos. Ella solo era la asistente que casi lo incendia con café. Perfecto.

Ambos subieron en silencio al piso 12.

Cuando entraron a la oficina, Gabriel dejó las llaves sobre el escritorio y caminó directamente hacia su computadora.

—Valverde, revise las notas de esta mañana —ordenó.

Renata asintió y se sentó.

Apenas abrió su libreta, escuchó un ding fuerte.

Un correo.

Y por la forma en que Gabriel se congeló… no era cualquier cosa.

—¿Todo bien? —preguntó Renata.

Gabriel no respondió.

Solo abrió el correo lentamente… y mientras lo hacía, su rostro cambió.

No a enojo.

No a estrés.

A furia contenida.

Renata se paró sin pensar.

—¿Qué pasó?

Gabriel la miró por primera vez en minutos… pero su mirada no era fría. Estaba cargada.

—Harrington filtró la primera parte del informe —dijo él con voz baja.

Renata sintió que el piso se movía.

—¿El mismo informe que Vanessa le enseñó?

—Una versión parcial. Lo suficiente para crear escándalo. No lo suficiente para exponer la verdad completa.

Renata agarró aire.

—¿Y por qué harían eso?

—Porque quieren que yo reaccione —respondió él, cerrando la laptop con fuerza—. Que haga un movimiento impulsivo. Que ceda. Que vuelva al proyecto que dejé hace años.

Renata parpadeó.

—¿Y usted va a reaccionar?

—No —dijo él.

Pero su mano tembló ligeramente.

Renata lo vio.

Él trató de disimularlo.

No pudo.

Y eso la inquietó más que cualquier amenaza.

De pronto, entró Claudia, la gerente. Sin tocar. Sin anunciarse.

—Señor Blake —dijo con voz urgente—. Necesitamos hablar. Ahora.

Gabriel cerró los ojos un instante, como si la paciencia le estuviera durando un hilo.

—¿Qué pasó?

—Los medios están llamando. Quieren declaraciones sobre el informe. Y sobre usted.

Renata abrió la boca, horrorizada.

—¿Sobre él? ¿Por qué?

—Porque el informe menciona directamente al señor Blake como responsable de una supuesta… irregularidad financiera.

Renata se quedó helada.

—¿Irregularidad? ¿Eso es… grave?

—Es devastador —respondió Claudia sin pensarlo.

Gabriel se levantó lentamente. Su presencia llenó el espacio. No era intimidación. Era control.

—Claudia —dijo él—. No dé declaraciones. No confirme nada. No niegue nada. Solo diga que estamos revisando internamente.

Claudia asintió y salió corriendo.

Renata lo miró, incrédula.

—¿Irregularidad financiera? ¿Eso es cierto?

—No —respondió él, firme.

—Entonces… ¿lo están acusando porque sí?

—Porque pueden —dijo Gabriel.

Renata se apoyó contra el escritorio.

—Esto es peor de lo que pensé.

—No tiene por qué involucrarse —respondió él, pero la voz le salió más cansada de lo usual.

Renata dio un paso hacia él, casi sin pensarlo.

—Señor Blake. ¿Qué necesita?

—Nada —respondió él.

Renata rodó los ojos.

—Esa respuesta ya no sirve. Está en un escándalo público, su ex lo está chantajeando emocionalmente con un proyecto misterioso, Harrington quiere destruirlo y yo aparezco en memes todos los días.

—Valverde—

—Así que… ¿qué necesita?

Él la observó durante un largo segundo.

Finalmente dijo:

—Necesito… tiempo.

—El tiempo no detiene un escándalo —dijo ella.

—Lo sé.

Y entonces el teléfono de Gabriel vibró.

Una llamada entrante.

Gabriel lo miró.

Renata también.

La pantalla decía:

“L. Cooper — Departamento Legal”

Renata tragó saliva.

—Eso suena… grave.

—Lo es —dijo Gabriel.

Gabriel contestó, pero antes de llevarse el teléfono al oído, miró a Renata.




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