Renata bajó en el ascensor con las piernas temblando, intentando procesar las palabras de Gabriel:
“Te eligieron por una razón.”
No sabía si sentirse halagada, horrorizada o simplemente mareada.
Cuando las puertas se abrieron en el lobby, el ruido del hotel la golpeó como un balde de agua fría: teléfonos sonando, huéspedes entrando y saliendo, empleados moviéndose a toda velocidad.
Ella, en cambio, iba en modo zombie.
Caminó hacia el área de trabajadores. Paula la vio llegar y alzó una ceja.
—¿Y esa cara?
Renata se dejó caer en una silla.
—Mi vida profesional murió y volvió a nacer tres veces en diez minutos.
Paula asintió.
—Normal en este hotel.
Renata respiró hondo. Quería agua. O un calmante. O una nueva identidad.
Pero antes de ir por algo, su teléfono vibró.
Renata lo sacó… y sintió cómo el corazón se detenía.
Número desconocido.
Mensaje entrante.
Lo abrió pensando que era spam.
Ojalá hubiera sido spam.
Era una foto.
Renata tardó dos segundos en reconocerla.
Era ella.
Ella misma.
Saliendo del hotel.
Hacía dos horas.
Con expresión cansada.
Mirando su celular.
Sin saber que la estaban fotografiando.
Renata se incorporó tan rápido que la silla chocó contra la pared.
—¿Qué pasó? —preguntó Paula, acercándose.
Renata no podía hablar.
Se le secó la garganta.
El miedo subió como un aguijón.
La foto tenía un texto debajo:
“Evita caminar sola.
Nos gusta observarte.”
Renata sintió que el mundo se apagaba por un momento.
—Paula… —susurró— …esto no es de Harrington, ¿verdad?
Paula vio la foto, palideció.
—Esto no es corporativo… esto es personal.
Renata apoyó la mano en la mesa para no caerse.
—¿Quién… quién toma una foto así? ¿Quién me sigue?
—Alguien que sabe tus horarios —dijo Paula, tragando duro.
—Alguien del hotel.
—Alguien del piso 12 —repitió Renata, con la voz rota.
Paula asintió.
—Tienes que decírselo a Blake ya.
Renata negó con la cabeza, en shock.
—No. No puedo.
—¿Por qué?
—Porque él ya tiene suficiente. Está lidiando con una demanda, con Vanessa, con el informe filtrado, con Harrington—
—¡Renata! Esto no es opcional.
—Paula, si le digo esto, va a pensar que soy una carga más.
—Ya piensa que eres una responsabilidad —respondió Paula—. Pero este mensaje cambia todo.
Renata se levantó despacio, con el teléfono aún en la mano.
Sentía que todos a su alrededor eran sospechosos.
Todos.
Cada empleado.
Cada mirada.
Cada sombra.
Paula la tomó del brazo.
—Renata… mírame.
Renata levantó los ojos, aturdida.
—Esto no es un juego. Alguien te está siguiendo. Alguien dentro del hotel. Y si no se lo dices a Blake, él no va a poder protegerte.
Renata mordió su labio inferior.
Sabía que Paula tenía razón.
Sabía que tenía que decirlo.
Pero algo dentro de ella se resistía.
Hasta que llegó un segundo mensaje.
El celular vibró.
Renata lo miró lentamente, como si temiera lo que iba a ver.
El mensaje decía:
“Quédate lejos del piso 12.
Hoy no querrás subir.”
Renata sintió cómo se le paralizaba el cuerpo.
Paula la agarró con fuerza.
—Renata… ¿qué dice?
Renata alzó el teléfono con manos temblorosas.
Paula lo leyó.
Abrió los ojos.
La expresión se le cayó por completo.
—Renata… —susurró— …esto es una amenaza directa.
Renata no podía respirar bien.
—¿Y si… y si quieren hacerle algo a Gabriel? —preguntó ella, angustiada.
Paula negó con la cabeza.
—No. Este mensaje no es para él.
Es para ti.
Renata sintió un escalofrío brutal.
Frío.
Pesado.
Metálico.
—Paula… —dijo con voz rota— …¿qué hago?
Paula respondió sin dudar:
—Subes al piso 12.
Ahora mismo.
Renata tragó saliva.
—Pero el mensaje dice que no debería—
—Precisamente por eso —respondió Paula—.
Porque quieren asustarte.
Porque quieren controlarte.
Porque quieren que te alejes de Blake.