Asistente por Accidente

CAPÍTULO 15 — El nombre que no debía escuchar

Los pasos en el pasillo eran lentos.

Medidos.

Demasiado controlados para ser un empleado cualquiera.

Renata sintió cómo su respiración se volvía superficial, como si el aire se hubiera vuelto más denso.

Gabriel, aún en el suelo, apretó su muñeca con la poca fuerza que le quedaba.

—No te muevas —susurró.

Renata se quedó congelada.

Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta de la oficina.

Silencio absoluto.

Ella sintió cómo cada latido retumbaba en su pecho.

El traidor estaba ahí.

A un metro.

Escuchando.

Quizá decidiendo si entrar… o no.

Renata tragó saliva con mucho, muchísimo cuidado.

Gabriel se inclinó ligeramente hacia ella, sus labios casi tocando su oído.

—Escucha bien —susurró, bajo y urgente—. Antes de que él vuelva… necesito decirte algo que no puede esperar.

Renata no quiso volverse hacia él, temiendo hacer el más mínimo ruido.

—Dímelo —susurró sin mover la cabeza.

Gabriel respiró hondo.

—Tu nombre está en el informe… porque tu familia aparece en los registros anteriores.

Renata sintió un golpe en el pecho.

—¿Mi… familia?

—Sí —respondió Gabriel—. No tú. Ellos.

Renata negó muy despacio, confundida.

—Eso no tiene sentido. Mi familia no tiene nada que ver con negocios grandes. Somos gente normal.

—Eso crees —susurró Gabriel.

Los pasos en el pasillo se alejaron unos centímetros.

No lo suficiente.

Gabriel continuó rápido:

—Hace años, Harrington investigó una filtración interna. Un informante que trabajaba con ellos. Alguien que se negó a participar en prácticas ilegales.

Renata sintió un escalofrío.

—¿Y qué tiene que ver mi familia con eso?

—Mucho —dijo Gabriel—. Ese informante desapareció del sistema. Borraron su identidad… pero no del todo. Y un apellido quedó registrado. No el nombre.

Renata abrió los ojos.

—¿Cuál apellido?

Gabriel la miró directo.

—Valverde.

Renata sintió que la sangre le bajaba al suelo.

—No… eso es imposible. Mis padres son normales. Mi mamá vende cosméticos. Mi papá es conductor. No… no puede ser…

—Renata —Gabriel apretó su mano—. No dije que fuera tu papá.

—¿Entonces quién?

—No lo sé aún… pero Harrington sí.

Un golpe seco afuera los hizo callar.

Renata apretó los dientes.

Los pasos volvían hacia la puerta.

Gabriel respiró hondo.

—Escúchame. Lo que voy a decirte será rápido. El informe original tenía un nombre codificado. Un nombre en clave que Harrington quiso borrar. Pero no pudieron eliminar la raíz digital.

Renata tragó saliva.

—¿Cuál nombre?

Gabriel entrecerró los ojos, como si recordar doliera.

—“V-7”.

Renata frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

—Es una referencia interna. “V” por Valverde. Y el número… corresponde al orden de revisión del caso.

Renata estaba mareada.

—¿Me estás diciendo que… que uno de los míos trabajó con Harrington? ¿Con una empresa corrupta?

—No —corrigió Gabriel—. Te estoy diciendo que alguien de tu familia los traicionó a ellos.

Renata parpadeó.

—¿Qué…?

—El informante no era un delincuente, Valverde. Era alguien que intentó exponer a Harrington desde adentro.

—¿Y por eso borraron su identidad?

—Y por eso ahora están usando tu apellido para desconcertarnos.

Renata sintió la garganta cerrarse.

—¿Están… buscándome a mí?

—Están buscando al familiar que falta. Y mientras no lo encuentren…

Gabriel la miró con una seriedad que le estremeció todo el cuerpo.

—…pensarán que eres tú.

Renata sintió que el piso desaparecía.

—No… no… esto es… esto es demasiado…

Los pasos afuera se detenían otra vez.

Gabriel continuó rápido:

—Valverde… necesito saber algo.

—¿Qué?

—¿Alguien de tu familia ha hablado de un trabajo “raro”? ¿Un viaje inexplicable? ¿Algo que no encaje?

Renata abrió la boca… y se quedó en blanco.

Porque sí.

Algo sí encajaba.

Algo que ella siempre había ignorado porque sonaba absurdo.

Algo que su madre decía cada vez que le preguntaba por su tío desaparecido hace años.

“Tu tío Emilio se metió con gente equivocada… y por eso nadie habla de él.”

Renata sintió un vuelco en el estómago.

—Gabriel… creo que…

Un golpe duro en la puerta la hizo saltar.

Alguien estaba intentando entrar.

Gabriel la tomó del brazo.




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