B prophet

01

It's a Barnum and Bailey world,

Just as phony as it can be,

But it wouldn't be make believe

If you believed in me.

Paper moon, cover by Biandetto, aniversario estelar en el Marcian Newdom en Marte.

 

Apenas escuchaba al hombre, ocupado en devorar el pastel antidietético que figuraba como su postre. Después de tres días sobreviviendo con anfetaminas, vitaminas y píldoras nutrimentales la comida real le sentaba de maravilla. Lucharía con las arcadas para mantenerla dentro más tarde.

—Esta es la oportunidad de su vida. Cualquiera en su lugar no lo pensaría tanto. Los beneficios son absolutos, nunca más volverá a pasar hambre si accede a dejarnos usar su cuerpo, señor Valsac—. Las enormes manos morenas del hombre no dejaban de moverse frente a su rostro, cuatro de sus dedos rollizos llevaban enormes anillos a la vieja usanza. Si Diderot se hacía con ellos le bastarían para vivir algunos meses sin hambre y un lugar caliente para dormir. Lo último que quería era prostituirse por un par de centavos para abrir la puerta de su maltrecho departamento. Pero morir dentro, enclaustrado, era una idea incluso peor. Por cada pequeña acción, desde abrir una ventana o acceder al depósito, debía pagar en efectivo.

—Las personas a las que represento están dispuestas a ofrecerle seis veces la suma con la que se presentaron y pagar todas sus deudas.

—Esas personas...—Limpiándose la boca con el dorso de la mano, Diderot se recostó contra el respaldo disfrutando de la sensación de sopor que venía luego de una buena comida— ¿Qué es exactamente lo que buscan en mi?, todo esto me parece una trampa, demasiado elaborada para alguien como yo, por eso me atrevo a decir que me tienta. Y al final sólo puedo pensar que es una broma como esas que abundan en las holopantallas entre infomerciales.

H. Lover, como se presentó así mismo, palmeó su espalda con gesto de camaradería.—¡No es ninguna broma hombre!, venga que se lo digo en serio. Como el representante de Biandetto seguro mi cara le es familiar. He aparecido en innumerables ocasiones detrás del artista en sus entrevistas en vivo.

Guardaron silencio mientras el mesero se encargaba de limpiar la mesa, siempre pendiente de lo que se decía, su curiosidad se delataba en la pecosa cara. Y no era para menos, Biandetto era el artista del siglo, del lustro. Su fama se extendía por toda la galaxia, no había nadie que no le conociera, encabezando las listas desde hacía más de diez años. Si anunciaba algún concierto, la gente debía reservar con anterioridad mínima de un año sus boletos. Se decía que prácticamente toda su carrera era una deuda a sus admiradores. Biandetto había vendido veinte años o más por adelantado junto con un arsenal de empresas y productos. Su aspecto imperecedero, eternamente joven, se imprimía en los más absurdos accesorios y aunque le gustaba cambiar de look a menudo, incluso sus más alocadas ideas se volvían tendencia.

El dios cantante tenía en el bolsillo a varias docenas de planetas que lo seguían ciegamente. Aunque en estos días no aparecía demasiado en público, su mercancía se vendía en caliente. Bastaba con que sacara un par de canciones cada cinco o siete años para ganar nuevos adeptos. Pero su exitosa carrera no estaba exenta de peligros y muchos eran los que amenazaban su vida. Desde grupos terroristas buscando usarlo para fines bélicos, fanáticos religiosos que lo veían como el mesías o un enemigo, hasta los fans obsesionados. Todo eso obligó a considerarlo patrimonio de la humanidad y un pequeño ejército fue puesto a su disposición las veinticuatro horas para asegurar que nada le pasara.

Incluso se le donó una mini colonia estilo satélite que orbitaba la tierra como su vivienda.

—Lo reconozco— Diderot asintió con gesto crítico jugando con la servilleta entre los dedos.—Es por eso que quisiera salir corriendo en este momento. ¿Dónde está él?, creía que usted no se separaba de su lado.

La mano del agente cruzó la mesa para oprimir su hombro con dominio disfrazado de amabilidad.—Tiene usted toda la razón, me separé de su lado para venir a su encuentro. Pero no puedo revelarle más a menos que acepte.

De repente la idea de la farsa volvió con fuerza renovada junto con una sensación de desesperanza sórdida. Y se preguntó si en verdad lo dejaría ir tan fácilmente después de haber presentado la oferta con tanta urgencia. Por las buenas quedaba la falsa sensación de ser recompensado por algo casi milagroso, por las malas...sujetándose el estómago se negó a pensar en eso.

El hombre frente a él bien podía disponer de su cadáver con el mismo tono atento que había empleado en el transcurso de la velada.

«El muy cabrón»

Pensando en lo que podría hacer para zafarse dejó estar la servilleta y los brazos inertes, costandole un gran esfuerzo forzar las palabras en su boca.



Belucarmer

#2912 en Ciencia ficción
#1825 en Paranormal
#542 en Mística

En el texto hay: cyberpunk, soft romance

Editado: 23.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar