Circulo de Rosas

El Adiós

La lluvia desciende con fuerza y con una sensación de dolor sobre las calles asfaltadas de plena madrugada, cubren todo a su paso, los faroles que iluminan con luz tenue la triste aurora que ahora domina mi alma.

No se por cuánto tiempo he estado frente al vidrio empañado de esta madrugada, mis pupilas se han distorsionado con la caída incesante de las gotas saladas que por mi rostro resbalan, puedo percibir las voces inacabables que surgen desde el interior de la casa, ni siquiera bajo para descubrir de quien se trata, ya no tiene sentido, nada tiene sentido.

Él se fue.

Nunca en mi vida había experimentado el dolor de perder a alguien a quien tanto amo; son un revoltijo de sentimientos desde enojo, rabia y dolor, ese mismo dolor por dejarme sola, por que ya no podre verlo nunca más.

No voy a poder oír su voz mientras prepara el desayuno, o sus dulces frases luego de un día demasiado difícil. Extrañare aquellos innumerables abrazos y caricias cuando el miedo de las voces o imágenes sobrenaturales atormenta mí día a día.

¿Quién me tomara de la mano para continuar?

Solo tengo una certeza…estoy sola…

………………circulo de rosas……………………

El alba ya se aproxima con sus débiles rayos tratando de acariciar mi cuerpo helado y algo mullido de haber estado toda la noche en su incomodo sillón, nunca descubrí porque a papá le fascinaba tanto pasar horas sentado en su irregular superficie.

Solo tiene una dirección, una ventana hacia la avenida principal, la salida a la carretera 18. Observo su mesa ratonera del siglo pasado, aún permanecen los papeles de la hipoteca, cartas de mis tíos, abuelos.

Pero, ahora, el trascurrir por aquí me hace sentir que es la primera vez que lo veo todo.

…………………………circulo de rosas……………………………

Me coloco mi vestido negro, cae sin vida sobre mi cuerpo; no puedo hacer más que unificarme con el reflejo que enseña el espejo.

Oigo la voz de mi tía, es la misma que hoy corta por la mitad  la atmósfera de melancolía y recuerdos que se instala cómodamente en mi habitación.

La acallo por completo, ni siquiera cuento las veces que me llama.

¿Pero cómo alguien podría salir de aquí? Este lugar es como estar con mi papá de nuevo, puedo percibir su perfume; su voz esta guardada celosamente entre las páginas de su libro favorito.

El suelo atesora con anhelo no olvidando ninguno de sus pasos. Su taza permanece hasta la mitad como si aún fuera a regresar; su cuaderno de campo continúa con su bolígrafo marcando algún mapa que se ha quedado copiando la noche anterior.

— ¡Ilay! — me llaman a los gritos.

—Señorita Ilay, por favor — suplican detrás de la puerta.

Intento salir de este cuarto, pero me es imposible; aquí está él y no quiero irme de su lado.

Es mi papá.

Mi tía continua gritando mi nombre por los aires de esta inmensa casa.

¿No lo entiende? Estoy sola.

……………………Circulo de rosas………………

Las horas suceden y yo sigo inmóvil, abrazada al recuerdo de papá.

Percibo que la puerta de su oficina se abre, una luz tenue se desliza con cuidado contorneando mi figura; mis ojos se humedecen otra vez desde que la noticia más atroz toco mi puerta.

Es mi abuela, su figura inconfundible avanza sigilosamente casi sin advertir al silencio; sé que está aquí. Sus brazos me rodean con los últimos vestigios de fuerza que le quedan. Viste de negro, tiene incluso cubierta su cabeza.

Me vuelvo y me centro en sus ojos, dolor de perder a su hijo tiñe su visión. Nos acercamos con cuidado hasta el sofá en el que estuve durmiendo, nos miramos por lo que parecen largos minutos; sus ojos azules trasparentes como el cielo, hoy están apocados por la tristeza, sus manos me toman con calidez, intenta apartarme del mundo en el que estoy sumergida.

Elizabeth, mi preciosa abuela.

Mi padre siempre dijo que ella lleva dignamente el nombre de una reina, y si, es cierto, mi abuela es toda una reina, nadie convive con los dolores como ella; hace años perdió a su gran amor, y ahora a mi papá.

La tomo de los brazos, trato de aferrarme a ellos mientras grito del dolor, del maldito designio que se lo llevo.

El reloj marca las 09:15hs de la mañana, puedo quizás asegurar que me encuentro mejor, siento que algo del dolor que apresa mi alma ha salido, solo que ni todas las lágrimas que pueda derramar me lo devolverá.

Sus ojos azules me miran insistentes.

—Solo cinco minutos más, te espero abajo — coge su abrigo y se aleja.

Muevo mi cabeza aunque estoy consciente que no puede verme; su pedido me parece imposible, no me llevara cinco minutos olvidar, ni siquiera una vida completa me servirá.

Recorro cada lugar de esta habitación, quiero impregnarme de él; solo que hacer esto me hace mal, pero mi testarudez es más fuerte que mi cordura de alejarme.

Acaricio sus libros, aluviones de recuerdos toman presa mi alma, no me dejan escapar ni olvidar el más mínimo detalle.

Sus brazos fuertes tomándome de la cintura y colocándome sobre su regazo, como cuando me contaba historias de caballeros, princesas, y un famoso laberinto.

La vieja manta que ha sido testigo de innumerables sueños de madrugadas.

Bordeo con mis dedos el dibujo que permanece sobre su marco de madera caoba que le obsequie en su cumpleaños; recuerdo como feliz les mostraba a todos sus conocidos la obra de arte más hermosa que haya podido contemplar.

Mi fotografía a los 15 años, con un orgullo inmensurable les enseñaba a los invitados. Nuestras largas cenas con amigos, incluso ellos podían recitar lo que papá siempre les dijo:

“—El mayor tesoro que esta mansión protege, crece de una manera asombrosa y extraordinaria.”

— ¡Papá! ¡Papa! ¡Papá! —

Son las primeras palabras que pronuncio desde que él se ha ido.



Grecia

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En el texto hay: amor, secretos, laberinto

Editado: 11.12.2019

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