Crónicas de Luminara : El Origen

Capítulo 3 : Los Textos Ocultos en... “Cada coordenada es una guía para la vida”.

Mientras avanzaban por los claros y cristalinos pasillos luminosos del palacio, comenzó a revelarse la mágica entrada: un gran portón de cristal, coronado por un fino y hermoso arco dorado que brillaba.

Al mismo tiempo, la manija y la cerradura, cubiertas de oro rosado, relucían bajo la luz mágica que iluminaba el lugar.

Alrededor de las puertas se encontraban mágicos y elegantes objetos decorativos; entre ellos, los más visibles eran: una silla de cristal, una lámpara brillante con detalles dorados y un reloj que emitía destellos coloridos y cambiantes, todos elaborados con materiales similares a esas puertas enigmáticas que resguardaban un sinfín de contenidos e historias del conocimiento ancestral.

Ahí se encontraba La Princesa June, en un rincón de esa impresionante biblioteca, una joven de cabello castaño y vestido en tonos rosados, mirada sonadora y palabras extensas.

Su función era el registrar cada palabra o acontecimiento importante en Luminara. También conocida como la aprendiz del Maestro. Guardiana de los escritos secretos.

Una vez adentro de la biblioteca, las puertas se cerraron suavemente, dejando un suave y ligero eco en el pasillo. La joven aprendiz seguía escribiendo cada palabra de lo que acontecía a la luz de una lámpara dorada, mientras una diminuta mariposa de luz revoloteaba sobre su cuaderno.

La atmósfera se llenó de un silencio reverente, iluminada por lámparas cilíndricas que alumbraban los muros repletos de libros, pergaminos y estanterías infinitas.

El Gran Maestro avanzó con paso firme hacia la mesa central, de superficie de cristal antiguo.

A su lado, Búho, con sus grandes alas plateadas y ojos centellantes, desplegó con cuidado un conjunto de pergaminos ancestrales, cada uno protegido con sellos mágicos.

Lord, siempre atento, esperaba a unos pasos del Gran Maestro, listo para cualquier instrucción.

Su espera no fue larga.

—Lord, ya sabes qué hacer. Ve por ellos, toma mi llave y sácalos con cuidado, porque están sellados —dijo el Gran Maestro con voz grave y calmada.

Lord, con paso apresurado, se dirigió a los estantes adecuados para encontrar los pergaminos. Tardó solo unos minutos y se los entregó al Maestro. June con su pluma dorada, tomaba notas de todo lo que veía y escuchaba. Sigilosa y atenta a cada instrucción que daba el maestro.

Mientras tanto, al otro lado de las puertas, los ojos de la ardilla brillaron mientras murmuraba: —Pues si no me dejan entrar… ¡igual me voy a enterar! Corrió hacia la puerta y pegó su orejota contra el cristal. Había una diminuta rendija, apenas lo suficiente para escuchar murmullos y ver sombras.

Saltó varias veces, pero no alcanzaba a mirar bien. Entonces, vio una silla de cristal junto a la pared y sonrió con picardía.

—Perfecta. Tú me vas a ayudar.

Corrió hacia ella y la jaló con fuerza.

El cristal emitió un tintineo como campanillas, y la silla despertó sobresaltada.

—¡Ardilla, no, no, no, bájate! ¡El Maestro se va a enterar! —gritó la silla.

—¡Shhh, silencio! Solo un segundo, ¡ya casi te regreso! —respondió la ardilla mientras se subía de un salto.

—¡Nooo, ardilla! Esto no está bien… ¡yo no quiero ser tu cómplice, bájate! —suplicó la silla.

Sin importar lo que la silla le decía, la ardilla se acomodó sobre ella, estirando su orejota hacia la rendija.

En ese momento, el reloj flotante comenzó a girar lentamente en el aire.

Sus agujas brillaron y su voz profunda resonó con eco metálico.

—Ardilla, el tiempo no se detiene por tus travesuras. Vuelve a tu lugar antes de que sea demasiado tarde.

—¡Ay, tic-tac dramático, ya vas a empezar tú también! Solo quiero echar un vistacito. ¡No exageres! —refunfuñó la ardilla.

Mientras discutían, la lámpara de cristal en la pared se encendió lentamente.

Dentro de ella, una pequeña estrella comenzó a parpadear, lanzando destellos dorados.

—Ardilla… nos van a regañar. Obedece antes de que algo suceda —advirtió la lámpara con voz suave.

—¡Basta de discursos! Solo quiero escuchar —dijo la ardilla, conteniendo la respiración y afinando el oído.

Mientras tanto, en la biblioteca, Lord regresaba con los pergaminos.

—Maestro, aquí están los pergaminos para llegar con Lucas. Recuerde quitar el sello, Señor —dijo Lord.

—Revélame tu conocimiento —ordenó el Maestro.

El Maestro tocó con su dedo índice el sello del pergamino.

Búho extendió el pergamino sobre la mesa de cristal y, tras observarlo detenidamente, dijo:

—Señor, aquí veo que está en la Vía Nébula G6, en el cuadrante Celestún LR1G960M, y según mis cálculos, pertenece al planeta T6-21.

El Gran Maestro asintió.

—Muy bien, Búho, dame las coordenadas precisas de acceso.

Búho, muy atento y concentrado, pensaba en silencio:

"¿Qué coordenada debo dar exactamente? Si lo mando muy lejos, me va a regañar como la última vez.

Si lo dejo demasiado cerca, no podrá transformarse y será peor que en la penúltima vez.

¡Ay, y dijo que me mandaría al reino de los cuervos! ¡Qué horror!

Piensa, piensa... necesito darle la coordenada intermedia: ni muy lejos, ni muy cerca. Así tendrá el tiempo exacto para... bueno ESO que pasa cada vez que viaja, y todo lo que necesita."

—Mmm… Señor, tomando en cuenta mis cálculos, su coordenada final debe ser: MNZ0LT42-10 —dijo Búho, firme y seguro.

El Maestro arqueó una ceja, con seriedad y humor mezclados.

—¿Seguro, Búho? Recuerda la última vez… me mandaste muy lejos. ¿Y la penúltima? ¡Mejor ni quiero recordarlo!

—Ejem… ejem… Cómo olvidarlo, Señor. Esta coordenada es la correcta, justo la que necesita. Todo saldrá bien, puede estar seguro y tranquilo. Confíe en mí, Señor.

El Maestro asintió, satisfecho.

—Bien, ahora vayamos por mis herramientas. Necesito hacer las llaves para ese corazón.

Lord, ordena encender el caldero de piedra y deja entrar a las estrellas. Vamos a necesitar polvo estelar extra —dijo con gran seriedad.




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