Crónicas de Luminara : El Origen

Capitula 5 : El Portal... “Cada Puerta tiene su historia”.

Maestro, ya con todo lo necesario para encontrar a Lucas, caminaba por los pasillos en compañía de Búho, Lord y June, rumbo al corazón del palacio.

Allí los esperaba el portal cósmico: un círculo de líneas estelares en forma de arcoíris, con ondas de luz que destellaban en movimiento constante.

De pronto... ¡BRUMMM!

Un estruendo sacudió los pasillos del palacio. El sonido era tan fuerte y molesto que resultaba casi insoportable: un rugido desafinado, como si el viento mismo hubiera perdido el compás.

—¿Quéee... está pasando? ¡Casi se rompen mis tímpanos! Ay... ya sé quién fue —dijo el Maestro, llevándose una mano al oído.

—Señor, ya no lo deje tocar ese instrumento. Mis oídos sufren cuando desafina de esa form —expresó Lord con sincera desesperación.

—Sí, ya sé... pero él es el Gran Compositor y Músico de Luminara. No voy a decirle nada, es sensible... Además, solo pasa una vez cada... bueno, mejor sigamos —respondió el Maestro, mirando a Lord y a Búho.

—Maestro, ya es un osito adolescente... ¡hasta usa gafas! Es músico de orquesta a su corta edad, y su perfección ha sido tocar el sousafón. Pero por favor, ¡ya no lo deje tocar esa gaita! Cuando lo hace, todos corremos. La semana pasada Lord recibió veintisiete quejas en el palacio... ¿o no, Lord? —argumentó June con ironía divertida.

—Sí, me dijo... Niña, deja al Osito Músico con su música —replicó el Maestro con calma—. Y tú, concéntrate y escribe lo que viene a continuación para cruzar el portal hacia Lucas.

—Apresúrense todos —terminó diciendo el Maestro, sin dejar lugar a más diálogo.

El Maestro se colocó frente al Portal Arcoíris el cual instantáneamente sintió su presencia, comenzó a emitir y reflejar vibraciones desde el centro del portal y a su vez las luces de múltiples colores en forma en circular empezando a moverse con intensidad, como si fuera una especie de torbellino, pero... bonito y sin peligro.

En ese momento se ve el reflejo de una puerta dorada con jeroglíficos ancestrales que formaban palabras todas de indoles muy antiguas, fue cuando el maestro dijo:

—Es hora... Lord te quedas a cargo. — Mientras cruzaba al otro lado.

Del pequeño saco que tenía el nombre de Lucas cromado. Le dijo a la primera estrellita dorada de nombre Luz:

— colócate en tu jeroglífico. — Mientras la extendía suave y ligeramente con su mano.

El maestro inserto su llave en esa gran puerta dentro del Portal Arcoíris y al mismo tiempo giro su llave, la estrellita luz comenzó a girar aceleradamente, brillando con tal intensidad que se sintió una ráfaga de viento que los absorbía en una inmensidad ciclónica, rápida y veloz.

La puerta al mundo humano de Lucas se abrió...

Mientras tanto, en Luminara, la Ardilla husmeaba cerca de las puertas de la bóveda, justo cuando las espadas cerraban por completo el acceso.

De reojo alcanzó a notar algo extraño: un leve brillo... el polvo invisible se había quedado sobre la mesa de provisiones.

Corrió desesperada, con el corazón acelerado, agitando la cola de puro pánico, mientras gritaba tan fuerte como podía:

—¡MAESTROOO! ¡MAESTROOO! ¡EL POLVOOO... el polvo...! ¡Ay... ya no puedo respirar! —se detuvo jadeando y exclamó, llevándose una pata al pecho—.

—¡Voy a regresar a mis clases de pilates!...

Y nadie la escuchó.

El portal ya se había cerrado.

El eco del portal se desvaneció poco a poco, dejando en el aire una sensación tibia, como si aún flotaran restos de colores luminosos.

Lord fue el primero en dar un paso atrás, ajustando las mangas de su saco.

—Bien —dijo en voz baja—, el Maestro ya cruzó. Es hora de volver a nuestras posiciones.

Búho lo siguió, moviendo las alas ligeramente.

—Sí… pero esta vez deberíamos revisar que todo haya quedado cerrado. No quiero que otra ráfaga cósmica me despeine las plumas.

—Tus plumas no son el problema, Búho —interrumpió June con una sonrisa irónica mientras guardaba su cuaderno—. El problema es que aquí nunca queda nada en silencio.

Lord giró la cabeza.

—June, ve a la biblioteca. El Maestro necesitará tus registros más adelante.

—Entendido —respondió ella, aun sonriendo—. Pero si escuchan gritos... ya saben de quién son.

En ese momento, una voz familiar resonó desde el fondo del corredor.

—¡MAESTROOO! ¡MAESTROOO! ¡EL POLVOOO...!

Los tres se miraron al mismo tiempo.

—No puede ser… —dijo Lord con resignación.

—Ay no… otra vez ella —bufó Búho.

Cuando llegaron hasta la bóveda, encontraron a la Ardilla agitando las manos en el aire, con los ojos como platos.

—¡Se olvidaron del polvo invisible! ¡Está en la mesa! ¡Y creo que respiré la mitad!

June soltó una carcajada y se inclinó hacia Lord.

—¿Ves? Te dije que aquí nunca hay silencio. Me voy a la biblioteca, este trabajo ya no es mío. Tú estás a cargo, Lord.

Lord suspiró mientras observaba el suelo resignado.

—Está bien. A limpiar eso. El Maestro ya está en el mundo humano.

El silencio duró apenas un parpadeo...

Búho fue el primero en reaccionar.

—¡El polvo invisible!... ¡Nooo... puede ser!

Lord levantó la mirada, pálido.

—No… no me digas que era ese polvo.

—¡El mismo! —chilló la Ardilla, dando vueltas sobre sí misma—. ¡El polvo que hace que nadie note la transformación del Maestro en el mundo humano! ¡Nos va a castigar! Mmm...Mas bien a ustedes.

—¡Tú, Lord! ¡Te dije que lo guardaras! —gritó Búho, agitando las alas.

—¿Yo? ¡Si tú eras el encargado de colocarlo en el saco! —replicó Lord.

—Ay, ¡por qué se me olvidó! Me va a mandar al reino de los cuervos...—exclamó Búho, llevándose las alas a la cabeza.

—¡Nunca te fijas en los detalles, Búho! —añadió la Ardilla.

—¡Silencio todos! —gritó Lord, aunque su voz se perdió entre los chillidos.

Los tres se miraron, respirando agitadamente, mientras las luces del portal se desvanecieron por completo.




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