Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 1

Los primeros rayos del sol empezaban a entrar por mi ventana, todo indica que ya debo despegarme de la cama, cosa que no quiero, pero debo hacerlo. Apenas inicia otro muy largo día en mi «entretenida» e «interesante» rutina, que pese a ser sábado, esta chica trabajadora tiene bastante que hacer, por lo que sin mediar a más y para no caer en los cinco minutos extras y luego estar llorándole al reloj, me levanto como si de un proyectil se tratase; bueno, en honor a la verdad, ha sido más porque tenía muchas ganas de hacer pipí que por otra cosa. Me dirijo hacia el cuarto de baño, realizo las necesidades pertinentes y luego doy un severo repaso a mi peculiar yo mañanero, el cual por cierto es un notable «¿Es en serio?» ya que ciertamente no es el más atractivo, pero, ¿quién es precisamente hermosa a primera hora de la mañana? Bueno, las Kardashian y las Jenner a lo mejor, pero en este caso esa magia no obra a mi favor. Lo único llamativo en mí es la inmensa camiseta de Homero Simpson que uso como pijama, la cual por cierto me cae como un perfecto vestido, claro que, con dos Mandi en su interior como que el diseño sería mejor lucido. Niego suavemente ante mis tonterías y decido por fin ponerle empeño al aseo matutino.

Después de todo lo típico, y tras darme una exhaustiva revisada frente al espejo, me declaro totalmente lista para emprender camino rumbo a la residencia de ancianos, en la cual tomaremos nuestro tradicional desayuno sabatino junto a Julia y Rosie, mis mejores amigas, y mi única familia, por cierto.

Julia es mi mejor amiga desde la secundaria, hemos estado unidas desde entonces. Ella es la afroamericana más exuberante y hermosa que puedas imaginar. —debería ahorrarme el decir que también es la tipa más ardiente que conocerás jamás. Pero hagamos de cuenta que no lo he mencionado y me abstendré a decir unas cuantas palabras para sonar más como una señorita, y solo me limitaré a decir que…— Bien podría ser uno de los ángeles de Victoria; siempre creímos que la veríamos triunfar en las grandes pasarelas, pero no fue ese su destino, ya que está más interesada en las leyes y códigos penales. Mi buena amiga ha conquistado a medio Londres, porque con una sola mirada cupido hacía su trabajo, cayendo totalmente embobado por ella. Me atrevería incluso afirmar, que si alguien no la notara, lo tomaría por alienígena, puesto que no creo que exista persona en este mundo que no caiga rendido ante sus encantos. De verdad, Julia Jackson es una potente máquina sexual, créanme, lo juro.

Por otro lado está Rosie, Rose para Julia, y más te vale que la llames como yo, de lo contrario, ve despidiéndote de tu cabeza, que pese a tener sesenta y siete años, ella aún se considera una veinteañera y de la tercera fase está a años luz. De hecho, se la pasa argumentando que su estadía en el asilo es solo porque está como «voluntaria», nada que ver con los demás ancianos que pernotan allí. Y claro, ama tanto su «trabajo» que pasa las veinticuatro horas, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año en ese lugar. ¡Menuda «trabajólica» resultó ser!

Una vez lista y con todo lo que necesito a la mano, voy partiendo. Salgo de casa, la cual por cierto está ubicada en la última calle de un barrio a las afueras de Londres, algo alejado de la civilización si soy sincera. Estoy emplazada en las típicas casas de campo, sin vecinos, y sin nadie con quien conversar, salvo que aguarde unos meses y espere a nuevas visitas pronto, ya que precisamente este lugar es muy atractivo para vacacionar. Tiene buenos paisajes y mucha área verde a sus alrededores. Solo hay unas pocas casas, y si tengo que ser más exacta, solo seis, pero con algo de distancia, terriblemente separadas. La única cercana es la de enfrente, que para variar, lleva vacía desde hace mucho, ya que no he visto a nadie poner un pie en ella, o eso creía.

Camino a paso rápido hasta donde tengo aparcada a mi bicicleta, no sin antes echarle un último vistazo al extraño tipo de enfrente, quien al parecer podría tratarse del nuevo inquilino o propietario de la casa que hasta entonces creí abandonada. Me hubiese encantado acercarme a dar la bienvenida, pero lo cierto, es que ni he tenido el valor para cruzar la calle siquiera. Resulta tan extraño todo, el tipo ni se ha movido del columpio del árbol, lleva días sentado ahí, dando la espalda todo el tiempo. Julia cree que es mejor llamar a la policía, podría tratarse de un criminal o algo, pero, yo me he opuesto rotundamente. Él parece inofensivo, no hace otra cosa más que mirar hacia el jardín trasero de su casa, pero de todas formas siempre llevo ojos hasta en la nuca. Nuevamente caigo en el tema del vecino, pero inmediatamente lo desecho para solo centrarme en continuar con mi rutina, por lo que sin más ignoro todo y me permito partir en paz.

Veinte minutos pedaleando a rápida y furiosa—Mi bici—otros cincuenta en metro, para finalmente llegar a mi destino. Al salir de la estación, lo primero que veo es el espectacular camaro RS del 68, tan rojo como lo labios fruncidos de Julia, quién me mira con desaprobación desde la ventanilla.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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