Adrien
Suspiro mientras muevo mi silla en busca de los niños que por más que grito sus nombres no aparecen, me muevo furioso y molesto por toda la casa, los latidos de mi corazón aún no se controlan y parece que va a darme un infarto, además, el dolor de cabeza aumenta con cada movimiento que hago y es que la imagen de Judith está clavada en mi cabeza, imagen que por más que intento olvidar llega a mi mente una y otra vez torturando mi cuerpo. Cuando al fin encuentro a los niños me detengo, estos juegan tranquilos en el patio y me cruzo de brazos.
—¿Dónde está la ropa? —me miran cuando hablo
—¿De qué hablas papá? —Elise me mira confundida y por Dios, podría ser actriz
—Elise la paciencia mía se agota —voy hacia ellos —me duele el cuerpo, me duele la cabeza y tengo mal genio —quito la pelota de las manos de Leo —o me dicen ahora en donde está la ropa de Judith o daré órdenes para que todos sus juguetes sean regalados.
—Hazlo —alzo mis cejas cuando la escucho —pero la ropa de Judith ya está en la basura papá y el camión ya pasó a esta hora —sonríe, una sonrisa de total victoria —a ver ahora con que se viste la traidora —se cruza de brazos —o mejor, dile que se vaya, esto es solo el principio —me desafía la pequeña criatura con su mirada.
—Entonces voy a tener que prestarle a Judith un vestido de mamá —los tres se tensan
—Papá no —pide Vicky pero sonrío
—Ustedes así lo quisieron —me doy la vuelta y muevo mi silla, la idea no me hace gracia, hace mucho que ni siquiera toco con mis manos las cosas de Lía, pero Judith necesita ropa y no la dejaré sin ella, más que es culpa de mis hijos.
—¡Clara! —grito el nombre al entrar a la casa y la empleada rápido aparece frente a mí —busca entre las cosas de Lía un vestido cualquiera —ella asiente —y llévalo a la habitación de Judith —hay desconcierto en su mirada, pero sin dar ninguna explicación muevo mi silla, al llegar a la habitación de Judith me detengo y toco esta.
—Soy yo, Adrien —digo al no tener respuesta
—Pasa —empujo la puerta y eso hago, a ella la encuentro sentada en la cama envuelta en la sabana —¿pudiste encontrar mi ropa?
—Me temo que no —no la miro al hablar, la vergüenza simplemente no me deja y menos cuando al mirar sus ojos en mi mente aparece la imagen de su cuerpo —iremos de compras, ya mandé a traerte un vestido y luego nos iremos, comprarás lo que quieras, yo pagaré por ello y almorzaremos de paso fuera.
—No es necesario, puedo pagar mis cosas
—Judith por favor —bufo y entonces miro sus ojos azules, pero solo sostengo su mirada unos segundos —es culpa de los niños, así que pagaré yo.
—No tenemos que almorzar fuera
—Ellos deben entender que me casaré contigo y no hay nada que les moleste más que saber que pasaremos tiempo juntos —vuelvo a mirar sus ojos
—Entonces lo hace como un castigo —alza una ceja
—Créeme —sonrío un poco —se enfadarán bastante cuando nos vean salir de casa y sepan que vamos a comer solos y juntos —Judith ríe y su risa solo provoca más malestar en mi cuerpo, por Dios, ¿qué me está pasando? Por suerte la empleada entra con el vestido en su mano y se lo entrega, sin siquiera mirar este Judith se apresura a ir hacia el baño. Los minutos pasan mientras solo miro mi reloj en medio de la habitación esperando que ella salga del baño y cuando lo hace que levanto la mirada me quedo sin habla, el vestido que trae puesto le queda a la perfección, es de color azul y se pega a su cuerpo como un guante, la boca se me seca al recordar a Lía con él y definitivamente he odiado mi propia idea, estoy seguro de que los niños se sentirán justo como yo ahora y saber eso me hace sentir el peor de los padres.
—¿Tan mal me queda? —cuestiona una inocente Judith y miro sus ojos —no sé qué empleada te lo prestó pero
—Era de Lía —digo la frase y su sonrisa se borra, es claro que ya no debo decir nada más y carraspeo —hora de irnos —la tensión puede cortarse y solo voy hacia la puerta, al salir de la habitación cierro con fuerza mis ojos deseando que el dolor desaparezca.
Veo a Judith pasear por toda la tienda mirando cada cosa, pero sin elegir aún nada, es imposible dejar de mirarla mientras siga con ese vestido y sinceramente quiero ya que se lo cambie por otro, cuando se detiene y suspira me decido a romper el incómodo silencio en el que estamos desde que salimos de la casa.
—Judith puedes elegir lo que quieras —sonríe y me mira
—Todo es perfecto, es difícil elegir cuando
—Marco —hablo al hombre que nos acompaña —manda a empacar todo, nos lo llevamos —me volteo para salir
—¿Todo? —escucho a Judith, pero sigo moviendo mi silla —¿cómo que todo Adrien? No puedes simplemente
—Si, si puedo —la miro —luego en la casa si algo no te gusta lo regalamos, nos llevamos todo lo de la tienda —su boca sigue abierta y salgo de la tienda, suspiro al sentir el aire en mi rostro, pensar solo que ahora debemos cenar juntos y que ella seguirá con ese vestido me provoca dolor de cabeza.
—Eres un exagerado —bufa pasando por mi lado y solo sonrío sin dejar de mirarla.
Judith come con tranquilidad y elegancia cuando yo solo deseo llegar a la casa, mi mirada va a su teléfono el cual está con la pantalla hacia abajo y no ha dejado de vibrar, al parecer muchos mensajes le han llegado, pero ella ignora estos, al menos ahora que está frente a mí.
—Puedes responder ¿lo sabes? —su mirada viene hacia mí —mientras tu amante no sea alguien relacionado con Lía, lo demás no me interesa —ella sigue mirando mis ojos.
—¿Y tu Adrien? —deja los cubiertos —¿tienes amantes? —ella espera paciente mientras espera mi respuesta.
—Estoy en una silla de ruedas, pero solo mis piernas fallan —mi respuesta la hace sonrojarse —así que si Judith, tengo a alguien —veo como se tensa.
—¿Y por qué no te casas con ella? —se acomoda incómoda en su silla.
—¿Y por qué tú aceptaste casarte conmigo si estás con alguien?, alguien que te importa —señalo el teléfono.