Judith
El mejor verano de mi vida fue ese en donde conocí a Adrien, nuestros padres se conocían de mucho antes pero entre estudios y que no me gustaba salir de casa nunca había conocido al chico guapo y encantador del que mi madre tanto hablaba, hasta ese día, aun recuerdo cuando le vi, sonriendo siempre, feliz, muy diferente a mí, hablaba sin parar, hacía travesuras y claro, era el chico malo de su colegio, ese al que muchas veces expulsaban por su mal comportamiento. Fue nuestro primer verano juntos, pero nos hicimos muy buenos amigos y desde ese primer día me enamoré, nunca lo dije, ¿cómo iba a decir que estaba locamente enamorada por mi único mejor amigo? No quería perder su amistad, para mí eso era especial, pero los padres de Adrien murieron, él se fue lejos y todo acabó, la comunicación poco a poco se cortó y un día me animé, hice esa dichosa carta que con esperanza envié, tiempo después él volvió a la ciudad y yo de tonta pensé que lo hacía por mi carta, como estúpida le pregunté si la había leído y me dijo que no, luego me presentó a su esposa, ahí, sentí como todo se rompía dentro de mí y más al ver que ella también era amiga mía, ese día me alejé, me alejé tanto de él que estoy segura de que el hombre que es ahora no se parece en nada al chico del que me enamoré.
—Sabía que estarías aquí —lo escucho hablar, pero no volteo, solo me quedo mirando el lago frente a mí —Judith.
—Volveré por mi cuenta a la casa —digo sin mirarle —no tienes que esperarme —respiro hondo, aun sus palabras están en mi cabeza y no solo cuando hablo de la carta.
—Disculpa lo que dije de ti, sé que no solo te casas conmigo por el dinero, sé que también lo haces por los niños y
—Por Lía —le miro —ella era mi amiga
—Yo también lo era —tenso mi mandíbula
—Me mentiste —lo miro confundida —¿por qué?
—Cuando tu carta llegó a mis manos estaba comprometido, no pude responderte nada Judith —sus ojos buscan los míos —sentí muchas cosas, pero no podía hacer nada, luego cuando nos vimos y preguntaste, si te decía que si y luego presentaba a mi esposa creo que el momento habría sido más doloroso y vergonzoso para ti —asiento, en eso tiene razón.
—¿Por qué sacar el tema ahora? —inquiero aún confundida —no tiene sentido hablar de eso Adrien, ¿por qué decirme ahora sobre eso? Eran los sentimientos de una niña —bufo —sentimientos que ya no están, volveré a casa —paso por su lado dispuesta a escapar de la vergüenza
—También me gustabas —escucho su voz y esta detiene mis pasos —pero cuando me fui no quería romper nuestra amistad, además, mis padres habían muerto Judith así que
—No sigas
—Conocí a Lía, me enamoré de ella aunque no te había olvidado a ti y cuando regresé —le miro
—Adrien ya no tiene ningún sentido —murmuro con un nudo en la garganta mirando sus ojos
—La carta que enviaste está en el primer cajón al lado de mi cama —me tenso —búscala y verás que no miento, esa carta me hizo ver que eras tu la indicada para cuidar de mis hijos si algo me sucediera —él deja de mirarme y solo me doy la vuelta y camino a paso rápido alejándome de él mientras un millón de recuerdos llenan mi mente, así como nuestra conversación, primero me ofende, luego habla de la maldita carta y ahora dice que yo también le gustaba además, dijo que tenía a alguien en su vida, alguien con quien mantiene relaciones pero ¿quién? Cuando un mensaje llega a mi teléfono y miro este suspiro, sin pensar mucho, cambio la dirección de mis pasos.
—Sabía que vendrías —dice Max feliz al verme y viene hacia mí para luego llevar sus manos a mi rostro —Judith mi amor, quiero pedirte perdón, sígueme —pide tomando mi mano y echa a andar, al llegar al comedor entonces lo veo, la mesa está servida y hay un ramo de rosas rojas sobre esta —preparé una cena —deja un beso en mi cuello.
—Gracias Max —siento mis ojos llenos de lágrimas.
—No llores mi amor —él besa mi boca —sé que me equivoqué, te hablé mal y lo siento mucho, Judith yo te amo —dice mirando mis ojos y sin pensarlo mucho mis manos van a su rostro y lo beso para luego solo dejarme llevar, no sé por qué duele, amo a Max, estoy con él y Adrien, Adrien no es aquel chico, Adrien no es bueno y solo me casaré con él para destruirlo.
—No quiero volver a la casa —musito mientras siento las caricias de Max en mi espalda
—Lo sé —él me besa —lo siento —cierro los ojos. —pero Adrien debe de estar pensando donde estarás Judith y si se aparece aquí.
—Adrien tiene una amante —digo abriendo mis ojos y miro a Max —¿sabes quién es? —este niega
—No tenía ni idea —bufa y suspiro —quizás es en su empresa y quizás es muy discreto —salgo de la cama —Judith
—Es bueno saber quién es —comienzo a vestirme —entré a esa casa a ciegas Max, siento que Adrien sabe más que nosotros —él suspira.
—¿Y qué harás? —sonrío
—Me casaré con Adrien en tres días —comento sin dejar de mirar sus ojos —y ya vivo en su casa, pero él está seguro de que tengo a alguien y sospecha sobre ti Max, dejó claro que si tú y yo
—Tengo una idea para eso —Max también sale de la cama —¿pero cómo vas a descubrir con quien él está?
—Eso déjamelo a mí —Max sonríe quedando cerca —también tenemos otro problema, los niños me odian —su ceja se alza —quieren que me vaya de la casa Max, me ven como el enemigo y no sé cómo ganármelos —una de sus manos toca mi rostro.
—Muestrales quien es su padre Judith —retrocedo cuando lo escucho
—Son niños Max —él asiente para luego encogerse de hombros
—Si quieres que te quieran debes mostrarles que Adrien es un monstruo, háblales sobre su padre, son niños —ríe —tú misma acabas de decirlo, si solo siembras una duda en ellos esta crecerá y a ellos hasta es fácil mentirles, mostrarles pruebas falsas y si hace falta que crean que Adrien es el culpable de la muerte de Lía entonces hazlo —me pierdo en sus ojos luego de escucharlo —te ganarás a los niños justo cuando estos comiencen a odiar a Adrien —declara y quizás tenga razón pero…