Dulce castigo

Capítulo 9: Está con ellos

Adrien

El sol ya está fuera, los niños juegan en el patio y aún no he visto a Judith, sé que ayer mis palabras fueron duras y quizás no debí sacar el tema de esa carta, pero era algo que se lo debía, además, la necesito a ella de mi lado, al menos eso pienso mientras miro la foto mía y de Lía que está en mis manos, foto que los niños eligieron para el nuevo cuadro, suspiro sintiendo un enorme vacío en mi pecho y algo parecido a la culpa, me casaré en dos días con una mujer a la que quise mucho en el pasado y sé que mi juego podría traerme serios problemas, solo habrá una fina línea que no puedo cruzar y aún no sé si seré capaz de no hacerlo. Cuando la puerta de mi despacho se abre es Judith quien entra y la miro interesado.

—No bajaste a desayunar —rompo el silencio cuando se sienta frente a mí.

—Las rosas que estaban en mi habitación están ahora en la basura

—Bien, así el cuarto no se llena con la docena que encargué para hoy —me mira fijo a los ojos, quizás piensa que bromeo, sonrío —no puedo arrodillarme a pedir perdón Judith, así que solo queda enviar flores a tu habitación.

—Adrien

—y hoy cenaremos juntos, ya todo está listo —sonrío —tu comida favorita

—Adrien no voy a cenar contigo

—Entonces dime con quién estuviste todo el día ayer —ella se tensa —llegaste de noche y no soy estúpido —sonríe queriendo disipar la tensión.

—Sabes que tengo a alguien —al fin habla sin mentiras mirando mis ojos —y si quieres puedo presentártelo Adrien —agrega y solo me quedo en silencio —aunque serás mi esposo, no lo sé, pero se ve vergonzoso —sonríe.

—No salgas hoy, cenaremos juntos —digo y dejo de mirarla tensando mi mandíbula.

—Vine hasta aquí por algo más —la escucho y luego de respirar hondo la miro —Vamos a casarnos en dos días Adrien y además de ayudar aquí en la casa quiero ayudar en los negocios —mi ceño se frunce levemente sin saber de qué habla.

—¿De qué hablas? —ella sonríe

—De que puedo serte útil en tu empresa, quiero trabajar ahí —por primera vez desde que nos vimos sé que mi mirada es completamente transparente dejando ver la duda en mis ojos, tanto que ella puede notar que no confío en ella —Adrien sabes que tengo experiencia, trabajé en la empresa de mi padre —asiento.

—Está bien —alza una ceja, quizás pensó que me negaría —pero estarás un mes de práctica Judith, luego si haces mal tu trabajo te irás —me mira incrédula.

—¿Un mes de prueba? —sonríe confundida —¿es necesario? Trabajé con mi padre durante años Adrien —río.

—Y la empresa de tu padre está en ruinas, su economía por los suelos —aprieta sus dientes

—Pero no es mi culpa —se defiende

—Eso no lo sé yo Judith —me encojo de hombros dejando de mirarla —un mes de práctica, si no das ganancias te irás —comienzo a hacer algo más y escucho la silla moverse.

—Infeliz —siento que murmura y solo medio sonrío para luego escuchar la puerta, miro hacia esta y bufo, ¿ahora por qué quiere entrar a la empresa? Esa idea es claro que no me gusta y paso una mano por mi rostro, maldición, ya le dije que sí, aunque también le dije que estaría de práctica, así que podría despedirla a la primera cosa que haga.

—Adrien —veo a Alfred entrar —tu hermano llamó, dice que vendrá —enarco una de mis cejas cuando lo escucho.

—¿Cuándo?

—Para la boda —maldigo en voz baja —no puedes decirle que no.

—Verá a Judith y sabrá que algo planeo —miro mis manos —además, sabes como es él —Alfred se sienta

—Dice venir por pocos días —sonrío

—Judith quiere trabajar en la empresa —mira mis ojos —le dije que sí, irá mañana, pero estará un mes de práctica, necesito que llames a Celia, Judith trabajará mano a mano con esta y quiero que la despida a la mínima cosa —Alfred sigue mirando mis ojos.

—¿Por qué no acabas todo esto Adrien y le dices la verdad a Judith? —sonrío sin entender su pregunta.

—Ella no cree nada de lo que digo y no tengo pruebas de nada, si las tuviera no estaría haciendo todo lo que hago para destruir a esa familia —dejo de mirarlo —poco a poco les he ido quitando a sus socios, haciéndome amigo de sus enemigos, haciéndoles perder grandes cantidades de dinero.

—Adrien ahora estás tan dentro como ellos, has comenzado a hacer negocios ilegales y en esa familia hay varios miembros, no sabes cuál de ellos fue quien

—Todos pagarán —hablo decidido —sé que todos son culpables, todos hacen lo mismo

—¿Y Judith? —me tenso —ella no es de esa familia

—Pero está con ellos —miro sus ojos de nuevo —así que no puedo contarle todo lo que sé y lo que hago, no me creería, cuando sepa todo, ya será muy tarde —suspiro —Cuando Lia supo lo que su familia hacía, a lo que se dedicaba, lo odió, quiso hacer las cosas bien, habló con ellos, no quisieron dejarlo y ella les dio la espalda, yo la apoyé, no debí hacerlo

—Hiciste lo correcto

—Y al día siguiente tuvo un accidente que le costó la vida —aprieto mis puños —estoy seguro de que uno de ellos fue o quizás todos así que me di cuenta de que ir a la justicia no servía para nada, debía jugar el mismo juego que ellos y eso he estado haciendo, todos hacen cosas malas ahí dentro amigo mío, así que aunque uno solo de ellos haya ido contra Lía haré que todos paguen.

—Adrien piensa todo bien —se nota la preocupación en su voz —estarás casado con una mujer que vivirá todos los días aquí —asiento, eso lo sé —de la cual no vas a poder divorciarte y además —mi amigo suspira —ella está con el enemigo, lo sabes bien.

—Y trataré de hacerle ver su gran error, solo que si no entiende —me encojo de hombros —acabará como ellos —mi amigo se tensa y solo respiro hondo, sé que Judith duerme con el enemigo y si no se quita la venda de sus ojos pronto, esta historia no acabará bien.




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