Dulce castigo

Capítulo 10: La amante

Judith

Adrien no confía en mí, esa parte me quedó clara cuando vi la duda en sus ojos, pero entonces, ¿por qué me tiene aquí? Suspiro leyendo los mensajes de Max que aunque su idea no me agrade sé que es la mejor opción, él buscará a alguien que finja ser mi amante y de esa forma Adrien dejará de sospechar. Suspiro mirando hacia los niños que juegan en el patio, debo buscar la forma de ganármelos, pero no lo haré haciéndoles daño, lo que su padre haga a ellos no debe interesarle, en eso Max se equivoca y no me conoce en absoluto si cree que le hablaré mal a tres niños sobre su padre. Me acerco a ellos en silencio y sonrío cuando la pelota con la que juegan llega a mí, tomo esta en mis manos.

—Quiero que nos llevemos bien —digo mirándolos a ellos, las niñas se miran entre sí y el niño ríe.

—Eres muy linda —dice y alzo una ceja con sus palabras —pero eres mala —bufa

—No soy mala

—¿No eras amiga de mamá? —cuestiona Elise y sé por dónde van —y ahora vas a casarte con papá, eso te hace una mala persona —respiro hondo y miro la pelota.

—Niños

—No vas a casarte con papá Judith —dice Vicky acercándose a mí —y si logras hacerlo, créeme, estarás en el infierno —ella me arrebata la pelota de las manos y luego los tres salen corriendo y se alejan de mí, bufo con mis manos en mi cintura viendo como entran a la casa, será difícil ganarme el amor de ellos, pero de una forma u otra, debo hacerlo.

Camino por la casa en busca de Adrien, me dijo que cenaríamos juntos, pero no está por ningún lado y sus hombres me han prohibido la entrada al comedor diciendo que debo cenar con él, es claro que vivir aquí es un fastidio, pero aunque no quiero pasar el tiempo con él, tampoco voy a morir de hambre.

—Señorita Lorenz —me giro cuando escucho a Alfred, su hombre de confianza y mejor amigo —el señor la espera fuera, sígame —bufo rodando los ojos, pero eso hago y sigo en silencio a Alfred, al salir de la casa veo los autos, pero no a Adrien y Alfred solo se aleja hacia la parte de atrás, confundida sigo caminando y entonces el ambiente comienza a cambiar, hay un camino hecho con pétalos de rosas blancas y el camino está completamente iluminado, al final de este entonces le veo, Adrien está sentado en su silla, frente a él hay una mesa pequeña con la comida ya servida y él se está sirviendo vino, Alfred se detiene, señala el lugar y luego solo se aleja, yo suspiro antes de acercarme.

—Las rosas que tiraste —dice cuando llego —han formado ahora el camino que te ha traído hasta mí —me siento frente a él que sonríe.

—No sabía sobre tu lado romántico

—Eres afortunada de conocerlo —la intensidad en su mirada me deja sin habla.

—Dices que amabas a Lía

—La amo —corta mis palabras

—Pero no hablas casi de ella —él suspira

—Serás mi esposa Judith

—Esposa falsa —también me sirvo vino y bebo de este

—Aun así, resulta incómodo —en eso tiene razón, pero odio su romanticismo, las cosas buenas que hace solo me confunden más.

—¿Por qué aquí? —señalo el lugar y su sonrisa aumenta

—A tu espalda queda la ventana de la habitación de los niños —amago por mirar, pero su mano sobre la mía me detiene —no mires, finge no saber nada, ellos están mirándonos y apuesto a que están enfadados.

—Juegas con tus hijos y estoy en medio —Adrien se acerca un poco más a mí y me tenso

—Sé que nunca me odiarán —dice confiado —así que me gusta molestarlos un poco, además, ya te tiraron la ropa Judith, créeme harán más cosas —Adrien toma un mechón de mi cabello entre sus dedos y sigue mirando mis ojos, siento como toda mi piel se eriza y ni siquiera me ha tocado.

—Adrien

—Mi hermano vendrá para la boda —comenta ahora rozando mi piel al colocar el cabello detrás de mi oreja —y no sabe nada, debe parecer que nos amamos Judith, así que es bueno practicar desde ahora —sonríe y se aleja un poco, es entonces que logro volver a respirar.

—Pero dormiremos en habitaciones separadas —Adrien comienza a comer sin decir nada y debo respirar hondo varias veces.

Salgo corriendo de mi habitación sabiendo que ya es demasiado tarde y maldigo en voz alta cuando al salir de la casa no veo el auto de Adrien, se ha ido hacia su empresa sin esperar por mí, por lo que solo me queda llamar a un taxi, si cree que no iré, piensa muy mal.

No dejo de mirar hacia todos lados a medida que camino por la empresa, voy estudiando a cada mujer que veo y bufo, necesito saber quién es la amante de Adrien, a medida que me acerco a su oficina voy pensando en eso, claro, tiene que ser su secretaria, los jefes siempre se lían con las secretarias y me detengo en la puerta de la oficina aun sin ver a nadie.

—¿Desea algo, señorita? —rápido me giro cuando escucho la voz, frente a mí hay una señora bajita con grandes gafas

—¿Usted es?

—La secretaria del señor Miller —alzo una ceja y ella arregla sus gafas, definitivamente no es la amante y sonrío, quizás Adrien solo me mintió y no está con nadie.

—Busco a Adrien, soy su futura esposa —ella alza sus cejas

—Bueno —titubea —no puede entrar

—Pero está dentro, ¿no? —la noto dudar y diría que está hasta nerviosa

—El jefe está reunido señorita —habla moviendo sus manos —tiene una reunión importante con uno de sus principales socios así que —me giro y empujo la puerta —¡no debe entrar señorita! —demasiado tarde llega el regaño de la mujer porque ya he abierto la puerta y he entrado, la escena frente a mí me deja sin habla y las dos personas dentro me miran como si yo tuviera dos cabezas, Adrien está en su silla y me mira con sus ojos entrecerrados y la otra persona es una mujer, una que conozco bien y que lleva ropa bastante corta y está sentada sobre su mesa, esta me mira con una ceja alzada y una sonrisa en sus labios, no necesito ser adivina ni hacer preguntas para saber lo que pasa, ella es la amante de Adrien, eso queda claro por la tensión que ahora hay en el ambiente aunque no es lo peor, también ella es mi hermana.




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