Adrien
La tensión se puede cortar y no, no esperaba que Judith entrara de esta forma, además, ahora mirando sus ojos sé que estoy algo equivocado en cuanto a ella, puede que tenga a alguien, puede que esté con el enemigo, puede hasta que me odie debido a todas las mentiras que le hacen creer, pero le duele, le duele saber que estoy con alguien, le duele saber con quién estoy y eso, sonrío un poco, eso hace latir mi corazón un poco más fuerte, hasta que me doy cuenta del ritmo de mis pensamientos y borro mi sonrisa, al mismo tiempo Dalila baja de mi mesa y organiza un poco su ropa.
—Dalila déjanos solos —pido y ella me mira alzando una ceja
—Hace mucho no veía a mi hermanita, me gustaría felicitarla por la boda —sonríe y muevo mi silla.
—Tráeme el contrato del que hablábamos —hablo con tono formal
—¡¿Mi hermana?! —Judith explota ahora mirando mis ojos y los suyos están cargados de rabia —¿es ella? ¿En serio?
—No sé de que hablas —digo sin dejar de mirarla y ella parece incrédula
—Por Dios Adrien —habla Dalila —sabes de sobra que Judith
—Déjanos solos —gruño y al parecer mi tono la asusta porque su sonrisa se borra y bufa yendo hacia la salida, solo que antes de salir dice algo a Judith y paso una mano por mi rostro, luego la puerta es cerrada con fuerza y quedamos nosotros solos, ni siquiera quiero mirar sus ojos.
—¿Es tu amante? —su voz se escucha mal —¿mi hermana? ¿Por qué demonios no te casas con ella? —Judith lleva su mano al anillo que le di
—Si te quitas el anillo no volveré a colocarlo ahí —mis palabras la detienen —sí, hubo algo entre Dalila y yo, pero ya no hay nada, rompí con ella cuando te llamé a ti Judith —tensa su mandíbula —si quieres dejarlo aquí y no continuar con la boda por ese motivo entonces puedes irte —hay dolor en su mirada —no voy a rogar que te quedes —sé que mis palabras son duras, pero sé que no lo hará.
—Apuesto a que Lia no te conocía —habla con lágrimas en sus ojos —la gente no se equivoca cuando habla de ti y dicen temerte Adrien, no vales nada, te acuestas con mi hermana y luego me buscas a mí para casarte conmigo —ella ríe molesta —por Dios, hay que ser bien bajo para hacer algo como eso —asiento.
—¿En serio vas a hablar sobre ser bajo y hacer cosas malas Judith? —sonrío —¿acaso tú no cometes errores?
—El mayor fue haberme enamorado de ti —tenso mi mandíbula —oh no, espera —ríe —lo hice de Adrien, el chico que conocí hace años y el que al parecer murió junto a sus padres —tras decir eso solo va hacia la puerta.
—¿Ya te largas? —mascullo y se detiene al abrir, luego de segundos me mira.
—Tengo trabajo que hacer —alzo una ceja, pensé que se iría a la casa —nos vemos en casa, futuro esposo —agrega para entonces salir de la oficina y maldigo en voz alta, miro mi reloj y respiro hondo, un día, eso le doy a Celia para que la despida, la encargada de la economía y para quien Judith va a trabajar, esta es algo gruñona y sé que Judith no aguantará mucho aquí.
—Aquí está lo que pediste —Dice Dalila al dejar el contrato sobre la mesa y asiento sin mirarla —pudiste decir que mi hermana vendría.
—Pensé que no lo haría —ella bufa
—Sabe de nosotros ¿verdad? —respiro hondo y luego la miro
—Ya no hay nada entre nosotros Dalila —ella tensa su mandíbula
—¿En serio Adrien? —se acerca a mí —hemos vivido momentos bonitos —se sienta en mis piernas —¿acaso no vas a echarme de menos? —sonríe pasando una mano por mi pecho, una que tomo cuando lleva un mal rumbo y ella solo suelta una risita.
—Vete a trabajar Dalila.
—¿Mi hermana y tú tendrán un matrimonio falso y aun así quieres serle fiel? —la hermosa mujer sobre mis piernas bufa y luego se pone de pie rodando sus ojos, hay que admitir que el parecido entre Judith y ella es enorme.
—No seré fiel, pero se llama respeto no acostarme con su hermana —muevo mi silla —deja de buscarme o le diré a tu padre que envíe a alguien más para representarle —se nota el enfado en sus ojos, pero la ignoro y voy hacia la puerta sin poder aguantar un segundo más, necesito saber en donde está Judith y qué demonios está haciendo, han pasado horas, quizás ya discute con Celia o esta ya la ha despedido, sonrío pensando en eso mientras muevo mi silla por los pasillos de la empresa, pero a medida que me voy acercando comienzo a escuchar risas y mi ceño se frunce, entonces la veo, Judith está hablando y haciendo anécdotas sobre mí de cuando era niño, sí, sobre mí, cosa que me hace apretar fuerte los brazos de mi silla y además de eso hay varias personas reunidas con ella incluida Celia, sí, ¡Celia! La persona más molesta de esta empresa, esa que no acepta que hallan descansos ni personas riendo sin hacer nada y ahora hay más de cinco riendo mientras beben café y lo peor de todo es ver al sujeto que está a su lado, que mientras ríe no deja de tocarla, enfadado, voy hacia ella.
—¡¿Puedo saber qué demonios pasa aquí?! —bramo haciendo que todos se asusten y se pongan de pie, todos menos Judith
—¿Quieres café Adrien? —me brinda de su tasa y siento que la cabeza me explotará.
—¡Todos vayan a trabajar! —grito enfadado acercándome a ellos —para algo les pago maldita sea, los voy a despedir a todos —justo ahora todos casi se largan corriendo a sus puestos de trabajo y yo me detengo frente a Judith.
—Adrien solo tomábamos un descanso —habla Celia, pero no la miro —no seas gruñón, prueba el café de tu futura esposa, tenía a todos enamorados con este —ella suelta una risita y luego va y entra a su oficina, ¿es en serio? ¿dónde está la Celia a la que le mandé despedir rápido a Judith?
—¿Qué te enoja? —Judith sonríe —¿qué nos riamos de ti o que yo les caiga mejor a todos que tú? —aprieto mis dientes.
—No puedes estar riéndote con nadie, serás mi futura esposa Judith y estabas rodeada de hombres que babeaban por ti —su sonrisa poco a poco se borra —no me gustan los chismes así que compórtate —me doy la vuelta.