Judith
¿Me pasé? Quizás un poco, pero aunque necesite casarme con Adrien no dejaré que este pase por encima de mí. Cuando su mirada vuelve a mí está irreconocible, al parecer mis palabras le han afectado bastante y entonces se acerca, no quiero asustarme, pero aun así me tenso por completo cuando abarca prácticamente toda la distancia que nos separaba y se detiene tan cerca que debo aguantar la respiración.
—Dalila ya no es mi amante —dice casi en un susurro mirando mis ojos —y ya la conoces, en cambio, tú no tienes la suficiente sinceridad dentro de ti para poder hacer lo mismo y presentarme al hombre con el que a veces duermes —sonríe —quizás es porque sabes que este no vale la pena.
—No sabes nada sobre él —Adrien ríe.
—Te aseguro Judith que sé mucho más que tú —sigo tensa mirando sus ojos —un hombre que acepte que la mujer con la que está se case con otro no vale la pena —acerco mi rostro al suyo.
—Quizás él sabe que todo es falso —Adrien sonríe
—No lo dudo, pero también sabe que soy hombre —su mirada baja hasta mis labios logrando ponerme nerviosa, cuando sube a mis ojos sonríe como si se diera cuenta de todo —un hombre que desea como todos —agrega haciendo que mi piel se erice y luego se aleja de mí.
—Él sabe que soy fiel —suelta a reír cuando me escucha
—¿Y él lo es? —me pongo de pie
—No sé lo que intentas Adrien pero
—Max no te merece Judith —aprieto mis dientes cuando lo escucho, lo sabe, claro que lo sabe, siempre lo ha hecho —él solo juega contigo porque le encanta jugar.
—Entonces lo sabes —asiente con lentitud —¿no eras tú quien no se casaría si fuera Max? —suspira
—Solo quería saber si eras capaz en algún instante de decir la verdad, créeme, Max no te conoce y tú —me señala —no le conoces a él.
—Te equivocas —sonríe algo molesto.
—Te lo demostraré cuando quieras —afirma sin duda alguna y luego solo se aleja de mí, respiro hondo volviendo a dejarme caer en la silla, Adrien sabe sobre mi relación con Max y la pregunta es, ¿qué más sabe? Con manos temblorosas tomo mi teléfono y envío un rápido mensaje a Max pidiendo verle.
—Me encanta tu café —comenta Celia mientras revisa los informes que hice y solo asiento —créeme, Adrien es un gruñón, pero —la miro —es buena persona Judith —ella sonríe —ni siquiera quería que su futura esposa trabajara para que no se molestara —ríe —por eso quería que te despidiera —la miro alzando una ceja.
—Creo que esa no es la razón y usted lo sabe.
—¿Hablas de Dalila? —Celia bufa —créame, en cuanto anunció que se casaría contigo su relación con ella acabó —ella deja los informes de lado y suspiro, al parecer los empleados cercanos a Adrien sabían sobre su relación —me encanta como trabajas Judith —sonrío.
—Pero tiene que despedirme, ¿no? —Celia sigue mirando mis ojos
—Creo que te vendrá bien pasar más tiempo aquí y conocer a Adrien como yo lo hago —sonríe —además, haces un buen café —sonrío un poco.
—Gracias —luego me pongo de pie y voy hacia la puerta, Celia no va a despedirme, pero aun así las palabras de Adrien me atormentan. Al salir de la empresa algunas gotas de lluvia comienzan a caer y bufo, aun así estas no detienen mis pasos y camino sin prestar atención a nada, no conozco a Adrien y hasta ahora, Max solo me ha hablado cosas malas sobre él, también me ha mostrado pruebas y bueno, estaba con mi hermana, pero sus empleados le adoran, sus hijos se vuelven locos por él aunque los regañe y a mí, a mí me trata bien, incluso me pide perdón cuando se equivoca como si nuestro matrimonio fuera real.
—Por Dios Judith —dice Max al abrir la puerta de su casa y entro a esta a pesar de estar mojada —no deberías estar aquí —es lo primero que dice —no pueden verte aquí.
—Adrien sabe que eres mi amante —suelto yendo hacia un asiento, congelándome por el frío de la noche y el agua que me ha caído.
—Algo debiste hacer —me regaña como si fuera una niña mientras tiemblo en su sofá —por Dios Judith, solo debías fingir y ni eso te sale bien —maldice en voz alta mientras le miro —Adrien no podía saber eso maldita sea, ¿la boda? —me mira —debes hacer que se case contigo sea como sea —Max se acerca a mí y toma mi mentón —aunque tengas que enamorarlo para ello —me pierdo en sus ojos y las palabras de Adrien llegan a mi mente, no vale la pena quien acepta que la mujer con la que está se case con otro.
—La boda sigue —digo y con su sonrisa triunfal asiente —pero no soy una pu
—No, basta —sus dedos tocan mis labios —no he dicho eso —acaricia mi mejilla —cariño es que estamos cerca de estar ahí en esa casa, no podemos cometer errores —sonríe acercando su rostro al mío —él lo sabe Judith, pero podemos jugar con eso —Max se pone de pie —aún debes hacer que los niños.
—No pienso jugar con unos niños Max, no les hablaré mal sobre Adrien —él bufa y me pongo de pie
—Nunca te los vas a ganar y Adrien ganará entonces Judith
—¿Qué cosas sabe Adrien sobre ti? —lo miro y se tensa dejándome claro que no me equivoco —Max
—Lía está muerta por su culpa —se acerca —solo piensa en eso Judith, yo te amo, Adrien sabe eso y créeme, si sabe sobre lo nuestro inventará cualquier cosa para separarnos —sus manos van a mi rostro —no te dejes engañar mi amor —sus labios rozan los míos, pero antes de que el beso comience me separo de él —Judith —voy hacia la puerta ignorándole y salgo de su casa, aun la lluvia continúa y el frío sé que me hará daño, pero quizás me hace falta y las lágrimas escapan de mis ojos sin saber por qué, a Max solo le importa su venganza y quizás eso es lo que a mí también debería importarme, pero él también lo hace, en cambio, hoy he sentido que las palabras de Adrien son ciertas y Max solo me usa.
Cuando un auto frena a poca distancia de mí me detengo, luego es Alfred quien baja de este, me abre la puerta y aprieto más los brazos con los que me abrazo, claro, Adrien lo sabe todo y sabía que iría a la casa de Max luego de la empresa. Al entrar al auto contrario a lo que pensé, Adrien está ahí.