Judith
Me observo en el espejo como si no me reconociera, como si estuviese viendo a otra persona y es que aún no me lo creo, hoy es el gran día, hoy me casaré con Adrien y se supone que algo así es algo importante, hoy toda mi familia estará aquí, también la de Adrien y muchos amigos, pero siento que infartaré y cuando miro mis manos, estas están temblando. Al sentir los toques en la puerta me giro hacia esta y entonces veo a la pequeña entrar, Elise ya está vestida con un hermoso vestido rosa y unos zapatos blancos, pensé que ellos no estarían en la boda ni atados.
—Hoy es el gran día —dice mirando mis ojos y asiento levemente sin dejar de mirarla —se supone que —suspira —hoy te casas con mi papá Judith y, ya que no pudimos echarte de aquí solos nos queda felicitarte —alzo una ceja.
—Pues —miro sus ojos —gracias
—Estás muy bonita —ella se acerca a mí y sigo mirándola confundida —¿qué te parece una tregua? —extiende su pequeña mano hacia mí —bandera blanca, serás mi madrastra —abro y cierro la boca sin poder hablar —¿o prefieres mamá? —incrédula me deja sin habla y solo me queda aceptar el saludo viendo su sonrisa
—Pequeña, Judith está bien —asiente sonriendo.
—Bien Judith, mis hermanos y yo te pedimos disculpas
—No hace falta —sonrío ahora acercándome a ella —me alegra poder llevarnos bien —ella sonríe y solo miro sus ojos sintiéndome bien, quizás sea lo más bonito que hoy ocurra.
—Papá te espera abajo, todos te esperan —abre sus brazos —¿puedo ayudarte en algo?
—Ya casi acabo —mi sonrisa aumenta y vuelvo a mirar mi reflejo en el espejo, el vestido blanco me queda bien, eso debo aceptarlo, el peinado es un poco extravagante diría yo, pero también me gusta, suspiro sin querer caminar, no he hablado con Max desde aquel día en su casa y Adrien tampoco me ha dicho más nada, la cuestión es que dentro de unos minutos estaré casada y pensar en eso me asfixia.
—Ya vamos —digo a la pequeña y entonces voy hacia la puerta, al salir de la habitación ella toma mi mano y sonrío, se siente tan bien, quizás al fin podamos tener una buena relación y camino junto a ella por los pasillos de la casa, con cada segundo que pasa siento que mis pulmones reciben menos oxígeno y lo que menos quiero es ver a Adrien.
—¡Elise, Elise! —los gritos del pequeño Leo nos detienen y rápido volteamos —debes venir hermana —agrega rápido con la respiración agitada y Elise suelta mi mano —Vicky bajó por mi pelota al sótano y su vestido se atrapó allá abajo con algo, debemos ayudarla —Elise me mira.
—Debo ir a ayudar a mi hermana —habla y asiento rápido
—Puedo ayudarla —rápido me ofrezco, pero la niña niega enseguida
—Debes bajar ya Judith, papá te espera, debes casarte ya con él, ayudaré a Vicky e iremos enseguida —me sonríe y entonces ambos niños salen corriendo, pero solo me quedo ahí debatiéndome hasta que bufo y camino rápido por el pasillo que ellos tomaron.
—Niños esperen —los llamo y ambos se detienen al abrir la puerta que baja al sótano —iré yo, podría ser peligroso
—Te puedes ensuciar —me contradice Elise y niego
—Todo estará bien —sonrío
—Te esperamos aquí —dice Leo sonriendo y entonces entro por la puerta, con cuidado bajo unas escaleras que veo y al llegar abajo paseo mi vista por el lugar, no veo mucho, pero no veo a Vicky por ningún lado.
—Niños yo no —siento el ruido de la puerta y al mirar hacia arriba no veo la claridad, mi mente aún se niega a procesar algo y subo rápido las escaleras —¡Elise! —toco la puerta.
—No te molestes en gritar —la escucho decir —nadie te escuchará con el ruido de abajo Judith, te dijimos que no te casarías con papá —se escuchan las risas de ellos y siento que palidezco, tiene que ser una broma, he caído en la trampa de ellos, rápido bajo las escaleras en busca de algo para abrir la puerta, pero en mi intento desesperado y con la poca luz que hay resbalo con algo en el suelo y caigo a este, maldigo en voz alta a punto de chillar cuando miro mis manos y están completamente negras, no sé que han echado ellos aquí, pero en cuestión de segundos ya tengo el vestido sucio y sin saber que más hacer, comienzo a gritar aunque todo parece en vano.
★★★
Adrien
Arreglo por quinta vez mi corbata mirando hacia los invitados, ya todos están aquí, sentados, hablando, bebiendo y esperando, se supone que las novias tardan, es normal, pero Judith ya está tardando mucho y yo me estoy desesperando, miro mi reloj una vez más y la paciencia que me queda ya es poca por lo que muevo mi silla hacia Alfred.
—Búscala —gruño al llegar a este —dile que debe bajar ya, que todos esperan y están impacientes —este asiente y sin decir una sola palabra va hacia la casa, vuelvo una vez más a mirar mi reloj y entonces veo a los niños que se acercan.
—Papá estás guapo —comenta Vicky sonriendo
—Gracias mi vida —sonrío un poco, pero verlos a ellos sonriendo se me hace bastante raro —Elise —miro a esta —¿no dijiste que irías a buscar a Judith? —ella asiente
—No quiso mi ayuda, dijo que sabía que la odiaba y me sacó de la habitación —mi pequeña se encoge de hombros —ya sabes papá, ella es mala
—Por algo será la madrastra —dice Leo y bufa, luego mis hijos se alejan de mí y solo los sigo con la mirada sintiendo algo raro en ellos.
—¿Habrá escapado la novia? —escucho la voz y luego Dalila se mueve para quedar frente a mí mientras sonríe —Hola Adrien.
—Dalila
—Ya que mi hermana seguramente no querrá la noche de bodas —ella se acerca un poco más a mí —¿qué te parece una despedida nuestra? —sonríe —créeme, sabré como complacerte —me quedo mirando sus ojos.
—¿Qué te hace pensar que no voy a estar en la noche de bodas con Judith? —su sonrisa disminuye —nos vamos a casar Dalila y —sonrío —tengo entendido que ella siempre ha estado enamorada de mí, apuesto a que eso ya lo sabías —su sonrisa ya no existe para este punto.
—¿Te lo dijo al fin?