El Descenso de Aurora

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Rose y Mia no paraban de molestar a mi novio James sobre el vestido que llevaria el día de nuestro bachillerato, ya sabia que era con un escote algo provocativo, pero así era yo y James se tenia que acostumbrar. Estabamos en mi habitación viendo películas y a mis amigas se les ocurrió que les mostrara lo que me pondria mañana.

— Estoy pensando seriamente en que no te pongas este vestido — me susurro en el oído. Rei por su ocurrencia arrebatando la vestimenta.

— Sigue soñando, amor — dije irónica. 

Mis amigas quienes les encantaba verme en esa faceta de: "me importa una mierda lo que pienses igual lo haré" estallaron en carcajadas poniendo incómodo a mi novio.

— Basta, no sean malas — me acerque a James dandole un beso sonoro en los labios. 

— Vale — dijo Mia elevando los brazos — nosotros nos vamos si queremos llegar a tiempo a nuestro bachillerato. 

— Apoyo a mi hermana — sonrio Rose pasandole un brazo por el hombro. 

— Nos vemos futuras universitarias — Todos pegamos chillidos de emoción mientras las acompañaba a la puerta. 

— No la desveles tanto — susurró Mia a James. 

Lo cierto es que, James era algo tímido en el tema del sexo. En nuestros dos años, nunca hubo una sola insinuación de su parte, mientras que yo si ¡mis hormonas lo pedia! Pero nunca fue posible, a mediados de nuestro año y medio no le segui insitiendo. 

Las vi marcharse para luego cerrar  y quedar arrecostada en la puerta frente a James.

— ¿Te quedarás esta noche? — pregunte esperanzada, hace mucho tiempo que no se quedaba a dormir conmigo y mis pesadillas me atormentaban cada vez con mas intensidad. En todas me raptaban, en todas gritaba y sangre esparcida aparecía en todos lados. 

Incómodo respondió.
— No, hoy mis tios llegan y los tenemos que recibir.

Hice una mueca de disgusto y resignación, como me era habitual en estos últimos meses. Ya no se quedaba conmigo, ya siquiera me mandaba mensaje de buena noche. Y eso me inquietaba.

— Esta bien, hasta mañana — se acercó un poco y beso mi frente. 

— Hasta mañana, amor.  — musite decepcionada por el gesto... 

Di media vuelta sobre mi talón para abrir la puerta, esperando a que saliera. Me sostuvo por la cadera dandome besos por el cuello, lo peor, no sentí nada... Solo decepción.

— Sabes que eres la única, Auri... Te amo — me susurro dandome un beso rápido. Para luego marcharse. Por fin entendi que James y yo no teniamos futuros simplemente porque no tenias los mismos sentimientos. 

Antes de cerrar la puerta, una siluta estaba detras del poste de luz en la vereda. Frunci mi ceño extrañada.

— ¿J-James estas ahi? — mi voz era temblorosa. 

No obtuve respuesta. De inmediato iba a cerrar la puerta cuando una presión del otro lado lo impedía. Sali corriendo hacia mi habitación pero a mitad del pasillo alguien me tomo por la cadera haciendo que mi espalda se golpeara contra la pared con brusquedad.

Mi respiración se entrecorto y senti mi corazón casi dejar de latir cuando rozaba su nariz en mi cuello haciendome morder los labios para no pegar un grito. Lágrimas calientes corrian por mis mejillas, cerre mis ojos fuerza.

— ¿Què quieres de mí? El poco dinero que tenemos está en la cocina, pero por favor dejame ir... — Suplicaba, entonces tomo mi muñeca y la empezo a oler. 

Un escalofrío me recorrió el cuerpo al recordar mis pesadillas. Era él, lo sabía.

— Asi que Luciano anda en tus pensamientos... — Habló por fin, su voz me estremeció y asusto por completo. 

— Dejame en paz, no sé de quién me hablas— musite llorando. 

Chasqueo su lengua disgustado.
— Detestó a las lloronas— una de sus manos viajo hasta mi garganta provocandome casi la asfixia — Volveré — afirmó soltando su agarre, al instante cai al piso tosiendo e intentando recuperar oxígeno. No había ni un sólo rastro de lo que fuera que haya atemorizado, sólo una penumbra negra.

Luciano... 
Su nombre resonaba en mi mente provocándo un dolor intenso. No sabia que el hombre de mis pesadillas tuviera nombre, es más no pensé que existiera; Aunque nunca descarte la posibilidad. 

Escuché los pasos de mi abuela acercarse a mí.

— ¿Estas bien Aurora? No me digas que sigues fumando esa cosa verde. 

— No abuela, ya no. 

— ¿Entonces porque estas tirada en el suelo? 

— S-sólo tuve un mareo — dije poniendome en pie apoyándome en un taburete. 

— Espero no sea un embarazo porqué bien sabes que con la pensión a duras penas nos sobra. — Dijo buscando algo en su bolso. 

No me creerias si te dijera que mis pesadillas se estan volviendo realidad – pensé. 

Un condón, una pastilla del dia siguiente y un sobre de otras pastillas tenia entre mis manos.

— Las pastilla tomalas ya y lo demás... Cuando quieras — Me guiño un ojo y rei.



Alexandra Gargon

Editado: 11.08.2018

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