De todas las personas, precisamente él. Se mordió la lengua ofuscada, no lograba pensar como zafarse de eso ¿Qué excusa pondría? El tipo la delataría. Incluso estaba la horrorosa posibilidad de que él la hubiera seguido para deshacerse de ella. Se le alaciaron las pestañas solo de imaginarlo. Avanzó unos pasos más hasta acercarse a una parte donde el bosque se tornaba más espeso, tenía dos opciones, correr ocultándose en la oscuridad, o pensar alguna tontería lo suficientemente creíble.
—Ley suprema de la soberanía de Lunhae, libro uno, página cuarenta, párrafo siete "Se considera una falta grave el acechar a una mujer soltera sin su consentimiento" —sería la segunda opción, si era más veloz que ella la alcanzaría sin esfuerzo —"Puede ser multado e incluso encarcelado"
Se giró hacia quien había estado vigilando sus pasos. La luz de la luna alumbró al segundo príncipe mientras revelaba su figura que había permanecido oculta tras un tronco enorme.
—¿No vas a decir nada? —cuestionó ella apretando las cejas con miedo.
Él la observó sin expresión alguna —Acechar a un príncipe es un delito aún mayor —articuló Hyaker.
—Aún no leo esa parte —dijo viendo el borde de la falda del vestido—además, fue una casualidad.
Él alzó una ceja —Sigue siendo un delito.
—El tuyo también ¿Crees que no tendrá consecuencias si alguien se entera que me estás siguiendo? Podrían obligarte a casarte conmigo.
Hyaker entrecerró los ojos ante el descaro que la extranjera había mostrado al tutearlo, le resultaba irónico como días atrás no esbozó una sola frase completa y ahora se daba el lujo de romper ciertas normas —Eso es imposible por muchas razones —declaró acercándose tranquilo—La principal porque elegiría ser un eunuco antes de que eso pase —declaró firme.
Leone un poco más serena, examinó al príncipe que traía un hanyū militar más sencillo que el de ocasiones anteriores, era negro y sin decoraciones, no parecía portar un arma, o bueno, quizás la ocultaba dentro de sus ropas o en las botas de cuero. Leone insistió buscando al menos un alfiler en la ropa del segundo príncipe, entrecerró los ojos mientras jugueteaba con el arma cuya empuñadura plateada brillaba con los rayos de la luna.
Hyaker centró la vista en dicha acción —¿Qué hace con eso?
—¿Qué? ¿La daga?
Él asintió —¿Qué pretende hacer con un elemento de ese calibre?
—Defenderme —dibujó una ladeada sonrisa encubriendo el temblor que se presentaba en su labio inferior cada que imaginaba que el príncipe podía matarla.
Hyaker exhaló el aire por la nariz arrugando el entrecejo de manera sarcástica —No podría hacer nada —susurró para sí mismo.
—¿Qué has dicho? —preguntó un tanto ofendida.
El negó con la cabeza. Después de unos segundos agregó —Contra alguien el doble de alto y fuerte, esa arma incluso puede ser la causa de —presionó sus cejas pensando — "tu" muerte.
—Quizás —afirmó con las rodillas dormidas —pero el atacante al menos se llevará una cicatriz —dijo apuntando el puñal hacia la hermosa cara del príncipe. Iniciaba a arrepentirse de su repentina valentía.
Hyaker giró el rostro mientras expulsaba una pequeña risa en un tono bajo y burlón —¿Cómo estás tan segura? —cuestionó.
—No lo estoy, lo averiguaré si se presenta la ocasión —respondió menos temerosa y más ofendida. El príncipe rodó los ojos —¿Crees que esta es la ocasión? —se mordió sin fuerza el bailante labio inferior.
—No creo —dijo negando con la cabeza mientras la escrutaba relamiendo su labio inferior —De igual modo, no podrías.
—¿Cómo sabes tú que no podré hacerlo? —quería tener fe de que todo ese momento era una especie de sueño, pero al sentir el aire frío enredando sus despeinados bucles azabache aceptó que era un momento real.
—¿Quieres que lo compruebe? —dijo Hyaker mientras salía de la posición en la que se encontraba desde hace rato.
Se acercó amenazante mientras sus afilados ojos la escocían. Su caminar igualaba al de un felino hambriento. Leone retrocedió un par de pasos sin bajar el puñal.
—¿Qué haces? —preguntó en un susurro nervioso.
En un rápido movimiento, Hyaker se acercó y con su mano izquierda tomó ambas muñecas de la chica, colocándolas sobre su cabeza, con la otra la tomó de la cintura, la empujó hacia atrás hasta que la espalda de ella compactó en un árbol.
Todo transcurrió tan rápido que Leone no tuvo tiempo de reaccionar, cuando recobró los sentidos, su olfato se inundó con un aroma exquisito, era como si la brisa del bosque estuviera impregnada en el pecho de su captor. Sus ojos se encontraron con un par de gemas que la penetraban mordazmente, pudo identificar un ligero doble párpado, era tan delgado que a simple vista era imperceptible. El rostro de Hyaker estaba tan próximo que pudo apreciar su reflejo a través de sus oscuras ventanas.
A pesar que ya había estado cerca de él, la sensación, era completamente diferente.
Un cosquilleo recorrió justo en la parte de su carne donde el toque hacía presión, sintió sus piernas flaquear ante la descarada ubicación en la que el príncipe descansaba su mano. Su corazón inició a agitarse, resguardaba en sus pulmones un aliento que no era el suyo. Jamás había experimentado esa clase de cercanía antes.
—Entonces ¿Los eunucos no tienen nada ahí abajo? — la imprecisa voz salió luego de unos segundos. Le urgía silenciar el sonido frenético de sus latidos.
Él suspiró agotado soltando su agarre. Se alejó de ella y le dedicó una expresión cansina —Pregúntale a uno cuando vuelvas —dijo caminando en dirección al palacio.
—¿Por qué me estabas siguiendo? —Leone que permanecía recostada al árbol se reincorporó antes de desfallecer por el choque de ambos extremos emocionales, miedo y deseo.
—La amiga de Kkul estuvo un tiempo sin rondarla —sacó de un bolsillo de su ropa el guante que Leone había abandonado en las caballerizas —fui a buscarla para devolverle esto —giró el trozo de tela sobre su índice.
#1152 en Otros
#238 en Novela histórica
#3579 en Novela romántica
romance y tragedia, traición y dolor, reinos tronos coronas guerra
Editado: 15.02.2026