El Eco de la Cordillera

Fresas en miel

Al amanecer, Leone arribó al sitio del desayuno, un quiosco en medio de uno de los varios lagos que formaban parte del paisaje del palacio.

Para llegar se caminaba por un ancho puente, sin barandas. Caminó cuidadosamente, arrastrando la falda larga del vestido turquesa, con un estampado de flores antiguas y varias capas que formaban volantes anchos. Los lazos en los hombros y la falda amplia le daban un aspecto refrescante sin ser anticuado, ya que Leone no podía presentarse usando una prenda que dejara muy a la vista piel. Ella no acostumbraba a mostrar más allá de sus hombros y brazos; en Lunhae no era muy bien recibida la moda occidental. El vestido a pesar de ser uno de los pocos que poseía en tono oscuro, le gustaba mucho, ella prefería vestidos en colores suaves y claros, porque opuestos a ella, que estaba llena de un color duro y sombrío, la hacían sentir pura y viva.

Accedió a la estancia, se deslumbró por la sensación de paz que el sitio brindaba, el viento iba y venía muy lentamente, el follaje de los árboles danzaba junto al movimiento natural del agua como reacción al refrescante saludo de la mañana. Se sentía en un bote monumental.

La estructura sin paredes era básicamente anchos pilares cilíndricos de color rojo y dorado, que se levantaban alrededor de tres a cuatro metros para soportar el peso de un extraño techo con curvas similares a una cascara de carambola abierta, que se desprendían como una falda de un centro puntiagudo. En la parte interior, de ese mismo centro colgaba un candelabro horizontal, probablemente fabricado con oro, y que abstractamente figuraba un dragón serpenteante.

Una mesa rectangular, baja y grande estaba desplegada sobre el suelo de cerámica, en lugar de sillas había unas especies de tapetes y cojines en los cuales descansar el cuerpo. La cantidad de platillos era exorbitante, en lugar de un desayuno, era un banquete, extraño, puesto que los desayunos de Leone se resumían a té simple y con suerte café.

—¿Disfruta del paisaje?

Leone, aun usando tacones, saltó de un punto a otro a la velocidad del sonido, el tercer príncipe le había dado un escarmiento —¡¿AH?! —Exclamó —Su alteza, es usted —inclinó la cabeza en forma de reverencia.

El príncipe rio —Señorita Leone, discúlpeme si la he asustado, espero comprenda, no ha sido mi intención.

—Es "Excelencia" no "señorita" y no, no se preocupe, al parecer estaba inmersa en mis pensamientos. No he notado su presencia.

Kairos barrió con los ojos el sitio —¿La señorita Kyun no la acompaña?

—¿Kyun? —Leone alzó una ceja y dibujó una pícara sonrisa en sus labios —¿Conoce a Kyun?

—La he visto el día de su llegada —se apresuró a responder.

—Pero ella no dijo su nombre ¿Cómo lo supo? —indagó curiosa.

—La he visto hace un par de días —Kairos notó que Leone estaba yendo un poco lejos con su interpretación, así que aclaró su garganta consiguiendo seriedad en su oratoria —ella se dirigía a la cocina y tropezó conmigo. Debe recordar cuando fue, envié algunos postres como regalo para usted también.

Algunos hilos iniciaron a tejerse precisos. El tercer príncipe envió los postres aquella mañana que Leone amaría olvidar —Lo recuerdo —Fue la única vez en todo ese tiempo que Leone no obtuvo simplemente té o café a la hora del desayuno —Muchas gracias por tan amable atención su alteza.

El estruendoso sonido producido por el tacón de botas de cuero interrumpió la conversación. El segundo príncipe observó desde antes de cruzar el puente a su hermano menor y a la extranjera, compartir una conversación bastante animada ¿No supo Kairos lo que planeaba su padre hacer con ella antes de saberla muy joven? Bufó al notar como su hermano menor le dirigía una mirada de desaprobación ¿Tanto le molestaba la interrupción?

—Hyaker, has llegado. De un modo poco cortés cabe destacar —el tercer príncipe tenía un carácter un tanto pesado.

—Buenos días —murmuró más para sus muelas. Se fue directamente a sentar a uno de los cojines.

Minutos más tarde, el rey, el primer príncipe Min Jiak, un par de ancianos, un séquito de eunucos y doncellas llegaron. Leone permanecía todavía de pie asomada al lago, por lo que se acercó a la mesa y se reverenció, el rey le hizo ademán de que tomara asiento, hilarantemente al lado del aparentemente incivilizado y terriblemente guapo segundo príncipe. Él usaba un hanyū de brocado verde esmeralda que le sentaba de maravilla, era una lástima que fuera tan grosero.

El rey la presentó ante sus acompañantes, la mayoría eran miembros de la corte o funcionarios públicos. La primera parte del desayuno transcurrió con normalidad, pero todo se vino abajo cuando la señora Are Jin apareció en la escena para llevar el plato fuerte, una ensalada de verduras y frutas acompañadas de arroz servidas en un tazón pequeño y que se comían con palillos. Leone rio por lo bajo ante su mala suerte, ella jamás aprendió a usar los palillos.

Se encontraba en una situación complicada, no podía pedir que le llevaran una cuchara o un tenedor por que definitivamente esa mujer no lo haría, además, los nobles presentes, incluido el rey, podrían tomarlo como falta de respeto. Cómo último gramo de esperanza giró disimuladamente su rostro hacia Hyaker, sorpresivamente, el príncipe ya la estaba observando con expresión de reproche.

Leone parpadeó un par de veces para llamar su atención. Revoloteó tan fuerte los ojos en cuanto le brindaron los palillos, que Hyaker se extrañó de que nadie más haya notado su apuro, en lugar de ojos parecía tener cuervos volando pegados en la cara. Era curioso por más que buscaba en el rostro de la extranjera, no encontraba los ojos verde esmeralda que tanto presumía la realeza de Ílios. Apartó la mirada cuando sintió a los segundos volverse más lentos. Trató de fingir que ella no existía, mientras daba el primer bocado de arroz, pero dos agujas se clavaban en su cuello, era difícil poder digerir algo bajo esa presión.




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