El Eco de la Cordillera

Un chico de bonita cara

—¡¿Leone?! —La observó de arriba hacia abajo —Por el amor de Dios ¿Qué haces fuera del palacio?

Kyun tomó bruscamente a Leone de la muñeca y la condujo lejos de la multitud. La dama de compañía era unos centímetros más alta que Leone, y gracias a su experiencia, también más fuerte. Se detuvo en un callejón en el que no había nadie.

—Ya suéltame Kyun. Me duele el brazo.

—¿Es que no tienes sentido común? Explícame por qué no estás en tu habitación.

Leone guardó silencio.

—¿No vas a responder?

—Estoy cazando patos —desvió la mirada. Kyun la observó con reproche —No estoy escapando si es lo que te preocupa.

—Respecto a ti me preocupan muchas cosas, haces de este trabajo, que ya era difícil, algo imposible.

—Entonces renuncia, vuelve a Cartalia, o vete donde tú quieras.

—Sabes muy bien que no haré eso —Kyun suspiró cansada —¿Por dónde saliste?

—No es algo que te incumba.

—Claro que me incumbe ¿Qué hacías en medio del mercado a esta hora?

Leone respiró profundo, Kyun estaba molesta, si le decía, la encerraría de por vida—Compraba —abrió la bolsa y dejó caer todos los hilos sobre el suelo.

Kyun achicó la mirada —¿Por qué no me pediste que lo comprara por ti? Habría buscado un sirviente o enviado a Helio por ellos.

—¿Te enviaría a comprar tu propio regalo de cumpleaños? Bravo Kyun —aplaudió.

—¿Qué? Pero aún falta mucho tiempo para mi cumpleaños.

Leone se mordió la mejilla y se apresuró a justificarse —Se lo dices a quién es pésima amiga del bordado ¿Ves lo que logras? Ahora sabes que planeo regalarte un vestido.

—Eso no es suficiente motivo para ponerte en peligro.

—Estoy bien.

—Por ahora, no sabes con quien podrías encontrarte.

—Hablas como si alguien estuviera al asecho —dijo mirándola directamente.

Kyun la ignoró, la tomó del brazo y caminaron hacia el palacio. El trayecto fue un interminable martirio, el camino principal era extenso y cansado, cada cierto tiempo Leone se dejaba caer sobre sus talones al no querer caminar más. Cuando al fin llegaron a la entrada, uno de los guardias se acercó a verificar sus identidades.

—Soy Kyun Sera de Concordia, dama de compañía de la princesa de Ílios, salimos hace unas horas.

El guardia la observó con atención y posteriormente observó a Leone —¿Por qué sale sin un escolta?

—No nos asignaron uno al salir.

—¿Qué salieron a hacer?

—Comprar hilos.

—¿Dónde están los hilos?

Kyun sacó los hilos que Leone había comprado y los mostró, el guardia dio un asentimiento a su compañero que vigilaba el acceso y la enorme puerta fue abierta.

La dama de compañía se detuvo un par de veces en el transcurso del camino, se sentía observada, pero al examinar los alrededores no podía identificar a nadie. Supuso que se debía a su ansiedad por encontrarse a Leone en la ciudad, el hecho de que estaba justo en la sede de comercio le produjo estrés, tendría que vigilarla más de ahora en adelante, pero eso complicaría sus salidas nocturnas, y el poco avance que había conseguido sobre la investigación de sus padres.

Había creado un horario donde aprovechaba algunas tardes mientras Leone estaba en alguna de sus lecciones con la señorita Sae, era tan disciplinada que incluso tuvo que cancelar su encuentro con el tercer príncipe.

Aunque a veces salía hacia la ciudad por el acceso de servicio, la mayoría de las veces saltaba la muralla en el cambio de guardias. Para acceder de regreso, repetía la acción, pero en el cambio de guardias de la entrada del bosque opuesto a la ciudad. Era una rutina tediosa, pero gracias a eso había logrado identificar al menos diez gremios de comerciantes dentro de Selinia.

Cada gremio guardaba registro de quienes lo integraban desde sus inicios, por lo que, con un soborno que le estaba costando sus salarios ahorrados, Kyun había logrado, por ahora, acceder a los registros del gremio de la plata y algodón, claro, todo en secreto. Los líderes eran demasiado estrictos, si se enteraban que los trabajadores del archivo se dejaban comprar por monedas, faltarían espadas para cortar cabezas.

Cada registro contaba de un archivo enorme, leer todos los documentos llevaba mucho tiempo, sin embargo, en todo lo que había leído no había encontrado el nombre de Sera Gyeol por ninguna parte.

No podía rendirse en su búsqueda, pero ahora que Leone había encontrado una manera de salir del palacio, no podía quitarle ni un solo ojo de encima. Su padre se lo había explicado, si Leone escapaba o se rehusaba al matrimonio, el rey Bastien acusaría de traición a la familia de Cartalia, que con su sola existencia era una amenaza para su trono. En la carta donde ordenaba el matrimonio de Leone, la amenaza ni siquiera se ocultaba, la aludida no tenía ni la menor idea de lo que acarreaba en la espalda, Kyun se sentía culpable, pero le fue prohibido decírselo, todos temían la reacción de Leone, y por beneficio mayor decidieron ocultarlo.

...

Pasó aproximadamente una semana en la que Leone no había podido ir al internado, Kyun llegaba todas las tardes y se iba bastante entrada la noche, y cuando no llegaba, Helio merodeaba en el jardín.

—AGH —gruñó presionando la cabeza en su almohada —Me voy a perder el cumpleaños de An Chae —lloriqueó.

Se acomodó boca arriba a observar el alto techo, dirigió la vista hacia el exterior por una de las ventanas corredizas. Helio estaba recostado cerca de un árbol cercano

—Así que no está en la puerta —dejó escapar una sonrisa maliciosa.

Colocó las almohadas bajo la sábana, simulando un cuerpo. Se puso las botas de tacón plano, su capa, y tomó la bolsa con el vestido que "se suponía" iba a arreglar. Cuando estaba a punto de salir su mirada se cruzó con la de Helio, quien como si un sexto sentido tuviese la observaba atentamente desde el exterior. Leone no lo pensó dos veces y se echó a correr por los pasillos.

Los pocos sirvientes que rondaban el anexo la observaban extrañados al verla deslizarse con velocidad, a su espalda, a unos cuantos metros, Helio le seguía el paso. Sus piernas largas le habían permitido alcanzarla en poco tiempo. Apenas Leone se encontró en la unión de muchos pasillos, se mezcló entre un grupo de doncellas y se dirigió a la salida secreta del edificio principal, perdiéndose de la vista de su escolta.




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