El Eco de la Cordillera

Jamás se enamoraría

En medio de las penumbras del bosque nocturno, una criatura estaba observándolo ¿Qué clase de ente era este? Obsidianas grandes, negras, brillantes...

Una pesadez equivalente a cien templos apilados sobre sí mismos cernió bruscamente sobre los párpados del segundo príncipe. En cuanto se acostumbró a la dificultad del cansancio invasor, todo su cuerpo notificó la reacción alérgica como si tal y durmió en un enjambre de espinas por al menos una semana.

Se quejó dejando escapar un gemido casi mudo. Estaba dentro de su habitación, la luz del amanecer se filtraba a través de las grandes ventanas translucidas. El olor al medicamento antialérgico se apoderó de sus fosas nasales, era el mismo aroma nauseabundo que recordaba de su infancia, cuando a escondidas de todos consumía los dulces de cítricos secos.

Aún con el dolor punzando su garganta y cabeza, se levantó hacia la terraza, abrió la puerta corrediza para llenar sus pulmones de aire fresco. El aturdimiento casi le impide visualizar un pequeño cisne de papel que se encontraba arriba del balustre. Lo observó curioso, como si tal nunca presenció papel plegado de ese modo.

"Lo siento" estaba impreso con pinceladas fuertes, pero el trazo era delicado y elegante, el estilo de las letras solo confirmó lo que vino a su mente desde antes de tomarlo entre sus manos.

—Ahora no solo quiere meterse en mi familia, en mis sueños también —sonrió con sorna ante la ironía.

Ella fue la responsable de todo.

"¿Vas a matarme?"¿Hizo algo para temer por su vida? O ¿Siempre vivió con miedo? La frase en sí, era inquietante por si sola.

—Ja... Intentas compensar mi casi asesinato con un trozo de papel.

Aunque el aire fresco de la mañana había limpiado sus pulmones, las agujas también se sentían en sus talones, sintió su estómago rugir, no comía desde el día anterior. Es verdad, había vomitado todo.

Se puso la mano sobre el rostro y sintió sus mejillas y orejas calentarse. Sacó todo el aire de su caja toráxica con fuerza. Estaba avergonzado.

—¿Por qué luces como un niño regañado? Tu aspecto es algo gracioso.

—Galen —dijo retirando la mano de su rostro y viéndolo soporíferamente —¿Me explicas cómo esto llegó a mi balustre? Pensé que contaba con una estricta vigilancia de parte de mi escolta, hijo de la familia de espadachines más antigua de este reino.

—Ehhhh ¿Tiene acaso el príncipe una admiradora secreta? ¿Qué es eso? —arrebató el papel de una maniobra —Uhhhh ¿Te has peleado con tu novia? Parece muy arrepentida —se burló después de leer el contenido.

Hyaker arrebató el papel y lo guardó entre sus manos —El personaje de comediante no te queda para nada bien. Responde a lo que pregunté ¿Qué hacías cuando alguien dejó esto aquí?

—Probablemente atendiendo tu fiebre, suministrándote medicamentos o yendo por un médico, quien sabe, hay muchas variables ¿Tienes idea de quien pudo haberlo dejado ahí?

—Sé quién lo envió —musitó más para sí mismo.

—¿Qué?

—Nada.

Volvió al interior de la habitación y guardó el papel en un cajón.

—Por cierto, el último paquete está listo para ser entregado, una orden tuya y será colocado en el sitio.

—¿Sabes cuando está prevista la próxima licitación? —preguntó Hyaker mientras se sentaba frente al desayuno traído por el criado mientras se encontraba en el balcón.

—Según mis informantes, se está organizando para los primeros días de la semana próxima ¿Debería enviar hoy los elementos? Si nos atrasamos podrían no alcanzar la inscripción.

—El límite de tiempo es en dos días ¿No?

Galen asintió.

—Entonces los enviaremos en dos días —dirigió su vista al cajón donde guardó la nota de Leone —Me gustaría agregar algo más.

...

Era la mitad de la tarde, Jin Ah quedó de encontrarse con Leone para tomar el té. Llegó un poco antes de lo previsto, su obsesión por la puntualidad la obligaba a arribar mínimo con media hora de anticipación a todas sus citas. El punto de encuentro era un quiosco en medio de un pastizal que dejaba apreciar las montañas de Selinia. El viento le alborotaba la falda, pero no era capaz de levantar uno solo de sus cabellos perfectamente acomodados con una peineta adornada con una gardenia.

—¡Jin Ah! —el tono dolorosamente familiar.

La chica se giró y su corazón dio un vuelco —Galen —musitó.

—Jin Ah, es un gusto verte por aquí —acortó la distancia entre ellos —¿Has venido a visitar al rey?

Ella negó moviendo el rostro de un lado a otro.

—Oh —suspiró Galen — Entonces has venido a ver a—

—A la princesa Leone —lo interrumpió —hace un par de semanas se me encargó ser su instructora.

—Así que has estado viniendo desde hace un tiempo, pero ¿Cómo es que no te he visto?

Los labios de la joven se sellaron mientras en la lejanía del paisaje, un objeto inexistente era perseguido por sus ojos.

—Jin Ah ¿Me has estado evitando?

—¿Hay algún motivo específico por el que debería evitarte?

El corazón de Galen se empequeñeció convirtiéndose en una ciruela consumida, solamente existía un motivo por el que Jin Ah debía evitarlo, un secreto que era solo secreto porque de sus labios no escapó nunca antes, pero que anunciaba su portentosa presencia en las ventanas de su alma. Jin Ah era inteligente, ella debió percibir que él guardaba algo en lo más profundo de su ser desde que eran niños, pues el alma de los niños es pura, y gracias a eso todas sus acciones para con ella fueron transparentes, incluso después de transformarse en un adulto.

—No —su garganta ardió con la falsedad del monosílabo —no lo hay.

—Entonces no te evité, el palacio es enorme. Es una casualidad que con nuestras ocupaciones tan diferentes logremos coincidir en algún momento.

—Sí, es verdad, pero, Jin Ah si no te incomoda, me gustaría que en algún momento hablemos.

La doncella sostuvo con fuerza su abanico y tranquilizó su respiración que amenazaba volverse tensa, desde hace tiempo sabía que Galen trataba de decirle algo que era mejor no sacar de sus pensamientos, sobre todo en la situación en la que ella se encontraba.




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