El Eco de la Cordillera

¿Eres un buen espadachín?

Los últimos rayos del sol se filtraban a través de las celosías de madera, proyectando delicadas sombras geométricas sobre el suelo de piedra oscura. En el centro de la estancia, una mesa rectangular llena de documentos, reposaba. Las lámparas colgantes, con sus farolillos de seda y borlas rojas, oscilaban suavemente desde el techo de vigas robustas, iluminando el sitio con una calidez dorada.

—Señor, tiene una visita — informó uno de los guardias de la mansión.

—Adelante —respondió Lee Hoon Ka sin despegar la vista de los documentos.

Are Jin accedió reverenciándose perfectamente —Mi señor, sea bienvenido a nuestra tierra.

—Are Jin —dijo el hombre de mal modo —¿Qué quieres? Creí haberte mencionado no abandonar el palacio bajo ninguna circunstancia.

—Es correcto mi señor —avergonzada ni siquiera levantó el rostro —Pero hay una situación de la que me urge informarle.

Por primera vez, el general prestó atención a Are Jin. De un cofre sacó una pipa de bambú y metal y se dispuso a fumar tabaco.

—Habla.

—Tengo prohibido acercarme a la recién llegada.

—¿Qué? —exhaló bruscamente una enorme cantidad de humo.

—A cómo lo escuchó. Al parecer no es nada tonta. A como usted me lo orientó, le pedí a su majestad convertirme en la institutriz de la joven, pero al parecer ella no estuvo de acuerdo con mi proceder y gracias a eso terminé envuelta en una discusión con el segundo y tercer príncipe.

Hoon Ka dio un golpe seco en la mesa de madera —¿Qué diablos hiciste Are Jin? Te ordené que fueras extremadamente cuidadosa con esto —su voz sonaba tan calmada que asustaba.

—Yo —tragó en seco —Yo procedí a enseñarle tal y cómo lo dice el protocolo.

El general la observó serio, luego de unos segundos exhaló en señal de que Are Jin continuara hablando.

—Pero ella, mi señor, es muy mimada, hizo un berrinche porque no le permití comer dulces y los príncipes creyeron que la insulté —dijo infantilizando de más la actitud de Leone.

El hombre la fulminaba a cada palabra mencionada —¿No se te ocurrió hablar con mi cuñado? —Parecía tener un incendio en la boca.

—Sí señor, claro que lo hice, pero el rey solo me dijo que alguien más se haría cargo.

El hombre se levantó de golpe, sus pasos sonaron ásperos y tomó a la mujer del rostro apretando sus mejillas con violencia —Te ordené claramente que te hicieras cargo de mi prometida —dijo rechinando los dientes.

—El rey —la lengua se le trababa entre los incisivos—el rey dijo que no la casaría hasta que fuera mayor de edad.

Hoon Ka presionó la punta de la pipa bajo su mentón con fuerza. La mujer cerró los ojos ante el dolor que esto ocasionaba.

—Ese maldito moribundo —musitó con lentitud entre dientes.

—Señor, un paquete ha llegado — informó el guardia tras la puerta.

La soltó tirándola con violencia hacia el piso. Are Jin solamente se sostenía el rostro mientras contenía las lágrimas.

El guardia entró y dejó sobre la mesa, un frasco de cristal que contenía muchos pétalos secos.

—Are Jin, vuelve al palacio —sonrió de soslayo mientras abría el frasco y olfateaba uno de los pétalos —pronto iré a visitar a mi querido cuñado. Es tiempo de entregarle el regalo que he traído desde Isfrid.

...

—¿Eres un buen espadachín?

—¿Disculpe?

—Si no lo eres puedo conseguir a un excelente maestro.

—¿Eh? —la confusión en Kairos se vio plasmada en todo su rostro.

Leone rodó los ojos —Si deseas a alguien con quien practicar esgrima, Kyun es una excelente elección, puedo asegurarte que es parte de los diez mejores espadachines de Ílios.

Kairos pestañeó un par de veces —Agradezco su buena intención pero, no creo ser del agrado de lady Kyun.

—¿Qué dices?

—Verá, ella no asistió a mi invitación, así que no he tenido la oportunidad de pedirle sea mi maestra de idiomas.

Leone bufó. Un poco decepcionada, tomó la taza sin oreja y dio un trago al brebaje casi hirviente, se quemó la lengua e inició a abanicarse con las manos para refrescar la zona.

—Señorita Leone ¿Está bien? Me invitó a tomar el té, pero siento que está un poco ansiosa.

Leone prestó inmediata atención a Kairos. Le había hecho la invitación para convencerlo de volver a buscar a Kyun, pero debido a lo que Helio le había insinuado unos días atrás, se encontraba más distraída de lo normal.

—Es "excelencia", no "señorita" —¿Por qué a los lunhayenos se les dificultaba tanto aprenderse su honorífico? —Claro que estoy bien, es solo que dormí un poco mal anoche y me siento un poco cansada —en realidad no había dormido nada, un día de esos iba a colapsar de tanto insomnio.

—Claro excelencia —sonrió —pero si gusta puedo retirarme para que descanse.

—¡No! —casi gritó. Kairos alzó ambas cejas —Estoy bien, el aire fresco me hace sentir mejor.

Se encontraban en un pabellón de madera en el centro de un jardín. Alrededor, las peonías en flor perfumaban el aire con su dulce aroma, sus pétalos rosados y blancos se esparcían como delicadas pinceladas sobre el verde del suelo. Era un espacio muy agradable.

—Entonces —continuó Kairos —Me estaba diciendo que la señorita Kyun es un espadachín ¿Es así?

—Es correcto.

—Y usted desea que yo le pida sea mi compañera de entrenamiento.

—También es correcto —dijo asintiendo complacida,

Kairos levantó ambas cejas —Me cuesta creer que una dama tan delicada sea capaz de empuñar una espada.

—No has visto sus manos —susurró —La madre de Kyun es un espadachín excelente, la instruyó desde que era muy pequeña, aunque entiendo tu punto, su apariencia vuelve eso difícil de creer.

—Bastante difícil —afirmó —De cualquier modo, creo que no será posible. La señorita Kyun parece evitarme desde el incidente con la jefa de los sirvientes. A cómo le mencioné anteriormente, envió a Hanae a comunicarme que no podría asistir.

Leone giró el rostro hacia la sirvienta, esta asintió —Kyun es demasiado tímida —acarició su anillo de oro blanco bajo el guante —Solo debes hacer que entre en confianza contigo.




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