El Eco de la Cordillera

Deber

Un suspiro de resignación salió de los curvos labios del rey. Había escuchado esa respuesta tantas veces durante los últimos tres años, que resonaba tan común como el sonido del viento moviendo las hojas de cualquier árbol de sus dominios.

A pesar del desesperanzador diagnóstico, el ambiente en el salón personal del rey era encantador. La luz atravesaba con majestuosidad cada uno de los biombos decorados, y el papel de arroz se transformó en un espejo para el naciente sol oriental.

—Si he disfrutado el ascenso ¿Por qué no aceptaría el descenso?

—Su majestad, es culpa de mi incompetencia por no encontrar una cura aún. Yo le prometo que—

El rey le hizo callar alzando la mano —No es culpa tuya médico, es culpa de mi débil cuerpo. Yo debería ser quien me deprima, pero quien tiene los ojos brillantes eres tú —dijo viendo como el joven médico apretaba sus labios.

El shokan ingresó en silencio —Su majestad, el general Lee Hoon Ka está afuera.

—Hazlo pasar —posó su atención en el médico —Será hasta la próxima semana entonces.

El hombre se reverenció y abandonó la estancia. A la vez, el general accedía.

—Su majestad —dijo arrodillándose, poniendo sus manos y frente sobre el suelo en una elaborada reverencia.

—Haz vuelto ya de Isfrid. Temo que cada vez tardas más en volver. Incluso he llegado a creer que dejas abandonado tu cargo en tiempos hostiles —Lo último sonó más a una amonestación.

—He tardado porque en cada ocasión se hace más difícil conseguir los pétalos de la flor de Isalindr. Pero no hay nada que su majestad no desee, que yo no consiga.

Hizo una seña a uno de los sirvientes que permanecían cerca de la puerta, y en seguida un militar atravesó el portal portando el frasco lleno de pétalos cristalinos.

—He deseado la paz mucho tiempo y no es algo que hayas conseguido todavía —dijo el rey mientras recibía el obsequio —Aunque definitivamente agradezco que te tomes el tiempo. El té preparado con esto, siempre me hace sentir más tranquilo.

—Cuñado, bien sabes que trabajo arduamente por la paz de Lunhae.

—Los Ílios sufren igual que los lunhayenos, Lee Hoon Ka. Es por ese motivo que al igual que nosotros han aceptado cualquier forma de llegar a un acuerdo —El rey hizo una señal al shokan de que sirvieran té en el salón.

—Está bien anhelar el bien común, pero estar listos para cualquier movimiento nos hará estar un paso adelante siempre —fingió tomar un sorbo del brebaje.

—Podemos caminar al mismo ritmo. De hecho, el rey Bastien ha enviado ya a la mujer que llevará a cabo la segunda mitad del acuerdo de hace veinticinco años. Es sin lugar a dudas una criatura singular.

—Tuve el gusto de conocerla días atrás —dijo rememorando el momento en que la vio en el templo militar. Su piel lechosa le generaba particular interés, sus cobijas de rojo carmín la contrastarían divinamente —Muy hermosa, aunque por casualidad escuché que rechazó la tutoría de la señorita Are Jin.

—La manera de enseñar de Are Jin es simplemente ambigua para una persona extranjera. Sae Jin Ah es contemporánea con ella, le he otorgado esa labor.

—Veo que eres condescendiente con Leone de Cartalia.

El rey suspiró en una media sonrisa —Es solo una niña. Sus grandes ojos le hacen ver igual a un pequeño zorro blanco que crie cuando era niño.

Lee Hoon Ka asintió complacido —¿Haz pensado ya qué hacer con ella?

—La casaré en el momento menester, cuando cumpla la mayoría de edad probablemente.

—¿No crees que yo sería un candidato adecuado? —se acarició el mentón con delicadeza— Nuestra sangre noble daría a luz hijos benditos para ambos reinos.

Haneulso apretó la copa —¿Cómo te atreves a sugerirme eso? —susurró con enojo —No entiendo cómo se te ha ocurrido, es una niña de veinte años.

Hoon Ka apretó las muelas ¿Precisamente él le daría lecciones de moralidad? ¿Él? ¿Un ladrón? —Pensaba en lo mejor para la joven, ya sabes, los ílios son abiertamente rechazados por nuestra sociedad—

—Padre, escuché que querías verme —Hyaker entró sin aviso al escuchar lo que el respetado general se había atrevido a soltar de esa asquerosa boca.

Tragando cierta acidez, el general se reverenció —Amado sobrino, siempre es una bendición verte.

Hyaker lo observó desde arriba como si de una rata se tratara. Nunca toleraría a ese hombre, su sola presencia le hacía querer vomitar —Padre ¿Vas a hablar conmigo o debo volver en otro momento? —dijo ignorando a su "tío" quien permanecía postrado en la reverencia.

—Eres un príncipe Hyaker Jian Hae. Eres el hijo de nuestra dinastía. Aprende a comportarte —dijo el rey en un tono de desaprobación —General, lo mejor será que se retire por hoy.

Hoon Ka, con el tabaco aún en su saliva, tragó inconforme, la sola presencia de Hyaker le hacía rememorar a su Luna Oriental eliminando de su mente la retención de la lucidez. Se controló a sí mismo cerrando la nariz, aprovecharía cualquier otra ocasión para colocar su nombre al lado del de Leone de Cartalia en la balanza. Con aparente paciencia inmutable, abandonó el salón.

Hyaker se reverenció ante su padre y se colocó a un lado de él, sin acercarse al lugar que su tío había contaminado —Veinticuatro años. Esa es la edad que tienes, y tu temperamento es igual al de un niño de doce años.

Hyaker alzó la vista, al parecer el rey había adelantado su cumpleaños—Si vas a regañarme, prefiero volver a mi entrenamiento con Galen, no creo que vaya a escuchar algo diferente de lo usual.

—Deja de lado esa actitud evasiva, tengo algo muy importante de lo que hablar contigo —El rey sirvió una copa de té para Hyaker —Té de pétalos de Isalindr, flor del norte, tómalo, hablaremos por un rato.

—Te agradezco, pero no me apetece —dijo arrugando la nariz al sentir el extraño aroma de la copa.

—Entonces espero que me escuches con atención —Se aclaró la garganta —Ya es tiempo de que tomes el lugar que te corresponde como daeryun de la provincia sur. Además, tu matrimonio con la hija del Sungju Sae está arreglado desde hace mucho, ambos son jóvenes y tienen la edad adecuada para formar una familia como corresponde.




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