El Eco de la Cordillera

Suficiente distancia

—Déjame ver si entendí. En los meses de invierno el comercio naval se disminuye por el riesgo de tormentas en el mar del sur ¿Voy bien?

—Es correcto, pero ¿Por qué estás tan interesada en los barcos y goletas últimamente? Cada que me preguntas algo es acerca de eso —An Chae se rascaba el cuello algo embrollada.

—Ahhhh —Leone sonrió un poco falsa —Mis padres son comerciantes, ya lo sabes, solo quiero ayudarlos a moverse mientras el tránsito en el mar es menor, así no hay tanta competencia al llegar al continente occidental.

—Pero acabo de decírtelo, el mar en esos tiempos es muy peligroso, cada año se hunden mínimo un par de goletas pesqueras, además, abundan los tiburones. Si la suerte de tus padres no es buena, podrían terminar conociendo el fondo del mar.

—Un momento ¿Significa que vas a irte? —Cuestionó con ojos brillantes la pequeña Nuwang.

—¿Yo? —se señaló culpable —Quizás lo haga por un tiempo, digo, solo cuando mis padres tengan que volver a occidente por mercancía.

—¿Entonces volverás?

—Yo, no sé si—

—Niñas ya es suficiente, la directora Hwa Young ha dicho que es hora de cenar y luego a dormir —Anunció Nari.

—Nuestra conversación no ha terminado aquí —Nuwang achicó sus delgados ojos en una línea.

Leone sonrió enternecida.

Se despidió de todas en el internado y se puso en marcha. Mientras subía la colina, rememoró cada palabra de An Chae, no debía olvidar ni un solo detalle. Si lograba planificarlo bien, escaparía de Lunhae iniciando el invierno, justo antes de cumplir los veintiún años a finales del tercer mes de la fría estación. Si llegaba su cumpleaños y ella aún seguía en ese país, sería demasiado tarde, la casarían, ya no habría excusa que detuviera al rey.

Lo primordial era asegurar el bien de Kyun, esperaba que todo saliera a la perfección con el tercer príncipe, si él se enamoraba de ella y la convertía en su prometida, no habría nada ni nadie que pudiera hacerle daño. Por simple investigación supo que Kairos tenía mucha influencia a pesar de tan solo tener diecinueve años, él era una carta valiosa.

Respecto a ella, trataría de embarcarse hacia Sterios, llevaría consigo todas sus joyas para vivir cómodamente un tiempo, buscaría empleo como institutriz o traductora y luego se comunicaría con su familia. Era un buen plan, solo tenía que llevarlo a cabo.

Una idea cómica le sacó una sonrisa ¿Helio la iba a extrañar? Parecía no tenerle paciencia y siempre lucía algo ofuscado, pero sería gracioso si él más que nadie sentía su ausencia.

Kyun, ella sin dudas se pondría triste, pero si le explicaba todo en una carta, le entendería, sabía que sí. Las niñas del internado seguro que la iban a extrañar, pero eran jovenes, en poco tiempo la olvidarían.

Sus pulmones iniciaron a transpirar.

¿Él también iba a olvidarla? ¿Hyaker la iba a borrar tan fácil de su memoria? Llegó una punzada a la boca de su estomago.

No es como que ella fuese importante para él de cualquier modo, era una desconocida proveniente del reino enemigo, era tonto incluso creer en la posibilidad de que él se interesara mínimamente en ella. Sus encuentros habían sido momentos sin sentido, y la última vez, resultó pésimo para él.

Lo más lógico es que estuviera odiándola, tenía ya muchos días sin verlo, era lo mejor, después de todo, sus sentimientos no debían crecer. Prefería que esa atracción se quedara en un recuerdo antes de convertirse en amor, aunque para ser alguien que jamás se había enamorado, reconoció muy fácil el sentimiento. Sintió en su corazón el fuego que derramaban los ojos de Liam cada que veía a Ericka, el calor de la sonrisa de su tía Suhee cuando su tío Gyeol volvía luego de días de haber estado fuera de la mansión, la paz de la mirada de su padre cada que salía a tomar el té al jardín junto a su madre.

Amor, algo que conocía pero que nunca sintió distinto al de una familia. Ese sentimiento la estaba amenazando sin armas ni condiciones, ni lógica que lo presidiera. No existían motivos por los cuales su enamoramiento pudiera ser justificado, conocía ese hecho a la perfección. La distancia era su salvación, suficiente distancia como para olvidarse de Hyaker. Si se lo proponía, no volvería a estar cerca de él todo el tiempo que le quedaba en Lunhae.

Su corazón se estremecía, en serio tenía ganas de verlo, aunque fuera para que la observase soporífero o le dijera algo racional solo en su pensar. Pero no estaba bien.

Como si el destino se burlara de ella, al poner un pie en el puente de piedra, escuchó pasos, lo vislumbró entonces bajo la luz de la luna, tan etéreo que parecía sagrado, Dios lo bendijo y la maldijo a ella por sentirse así. El príncipe, agitado por la carrera, detuvo de una vez su andar y la observó incrédulo presionando el entrecejo.

¿Cómo podía mantenerse lejos de ese hombre si aparecía justo cuando más le quería cerca?

—Por favor, no vuelvas a acercarte a mí —pidió Leone con voz suplicante.

—¿Qué? —Hyaker sacudió la cabeza incapaz de entender a que se refería.

—Le pido a su alteza el segundo príncipe de Lunhae, que se aleje de mí —inclinó la cabeza en forma de reverencia, no quería verlo a los ojos.

Hyaker dejó salir impaciente el aire de sus pulmones ¿Qué le pasaba a esa loca? Cada vez que se la encontraba sus acciones lo confundían más, incluso lo estaba arrastrando a sus delirios también.

—¿Te sientes bien?

—Por favor, escuche mi petición y manténgase a una distancia adecuada.

—¿Adecuada para qué? —interrogó caminando hacia ella.

Leone sintió que se acercaba, así que inició a retroceder simultáneamente —Para que no tenga ningún problema con el rey. No quiero que su majestad descubra mi práctica de abandonar el palacio a estas horas, así que prefiero no relacionarme más con usted.

Hyaker se detuvo al ver que Leone casi chocaba con un árbol a su espalda, se alejaba como si él fuera a contagiarle algo, estaba trastornada, no cabían dudas en ello.




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