Leone se alejó de golpe de Hyaker y se levantó rápidamente.
—No es nada, solo me caí y su alteza me ayudaba.
—¿Qué hace usted aquí sola? Le he repetido que no debe alejarse de mi vista, pero tal parece que no lo entiende —sermoneó.
—¿Ustedes se conocen? —Hyaker estaba algo confundido.
—Soy su custodio alteza —se reverenció magistralmente —me sorprende verlo tan cerca de su excelencia. Usted nunca ha mostrado interés en nada relacionado a asuntos del estado —se refería a la presencia política de Leone dentro de Lunhae.
—Ni lo mostraré. Pasaba por aquí cuando vi a la señorita desfallecer y me apresuré a ayudarle, es todo.
—Es "excelencia" no "señorita —murmuró Leone, y eso que no se dignaba a corregir el "alteza" porque aunque lo detestara, no era incorrecto—, y te aseguro Helio, lo menos que quiero es estar cerca de "Su alteza" —dijo con cierto desagrado.
Helio la ignoró y se dirigió a Hyaker —Usted lo sabe alteza, lo malo que habría sido para su reputación y de la señora Leone si alguien más los encontraba y malinterpretaba todo.
—Lo sé —exhaló —Me retiro —Se fue en do zancadas. Helio y Leone tenían razón, pero no pudo evitar acercarse a reclamarle cuando la vio observando a Kairos detrás de los arbustos.
¿Ella sentía atracción hacia su hermano? La ley era clara, se prohibía la unión entre una extranjera y un príncipe.
...
—Sea honesta señora ¿Guarda usted alguna clase de sentimientos por el segundo príncipe?
—No —negó mientras aceleraba el paso hacia la terraza donde Jin Ah la esperaba para su lección diaria.
—Espero que no mienta.
—¿Qué te importa si miento? —canturreó despreocupada.
—Me importa porque no deseo que se meta en problemas y me complique el trabajo —declaró Helio.
—Tu trabajo es mantenerme con vida y ya.
—Mi trabajo es protegerla de todo, incluso de usted misma.
Leone se detuvo antes de entrar a la terraza. Helio hablaba como si la conociese desde hace mucho —Espero que me digas ya quién te ha encomendado esto.
—El solicitante pagó para no ser revelado.
—¿Cuál es tu precio?
—No tengo uno.
—Claro que sí. No importa cuál sea, puedo costearlo —abrió los brazos como bufón.
—Solo pase a la terraza, la señorita Sae está esperándola desde hace un tiempo.
Al acceder encontró a Jin Ah sentada pulcra, rodeada de flores de un cerezo cercano. Toda una belleza —Su alteza Leone —se levantó e hizo la acostumbrada reverencia.
Leone repitió dicha labor —Señorita Sae, pensé que hoy ya no vendría, es un poco más tarde de lo que acostumbra a venir.
—Tuve un ligero atraso. Me he encontrado con su majestad antes de venir, quería pedirle permiso para llevarla a una subasta.
—¿Una subasta?
—Sí mi señora, verá usted, es una subasta muy popular en Lunhae, se comercializan distintos productos nacionales y extranjeros, también muchos cuadros. Como la última vez mostró interés en la pintura anónima, pensé que podría gustarle la idea, sobre todo porque es una gran oportunidad de presentarla ante algunas familias nobles.
A Leone no le agradaba mucho la idea de tener que ser presentada en público, ya ni siquiera era fanática del arte en sí. Hace unos dos años intentó ser catadora de arte, pero le aburrió el pasatiempo y lo abandonó sin más.
—En realidad quisiera negarme, me cohibiré, estoy segura.
—Por favor, vamos solo un momento, si se aburre, le prometo que volveremos de inmediato.
Ante esta petición fue difícil negarse. Se preparó con ayuda de Hanae, quien había aprendido bastante rápido como se colocaban los vestidos de occidente, además le ayudó a ajustar su recogido. Cuando estuvo lista partieron hacia el sitio.
La licitación se llevaba a cabo en la mansión de un poderoso gremio de comercio. A diferencia de las subastas en Ílios, que eran en salones enormes de lujosas mansiones, esta subasta se llevaba a cabo en un enorme jardín rodeado de estanques y puentes de madera, todo era asombrosamente estético. Habían sillones individuales de madera de ébano organizados unos tras otros. La mayoría de los asistentes eran damas, parecía una actividad popular entre ellas, similar a ciertos bailes de sociedad y fiestas de té en Ílios.
Leone le pidió a Jin Ah sentarse en los sillones traseros, no quería llamar la atención, algunas personas le habían dedicado ya unas miradas incómodas y no se sentía con muchas ganas de aguantar desprecios, suficiente con lo que ya molestaba en su cabeza.
Al tomar asiento una familia se posicionó a lado izquierdo de Jin Ah, discutían sobre comprar una especie de tela occidental, la dama de la familia, una mujer elegante y madura repetía en voz baja que no era adecuado usar vestidos de occidente en Lunhae, ya que era como insultar al reino. Leone distinguió unos murmullos de molestia en una niña que desde su campo de visión, era cubierta por la figura de su madre.
La subasta dio inicio, iniciaron mostrando antigüedades, joyas, horquillas, bajillas, entre otras cosas, hasta que llegó el turno de las telas. Leone reconoció telas con brocados propios de Sterios, Biān, del continente de Laban Na y sobre todo de Isfrid, al parecer el reino mantenía una relación cordial con sus vecinos. Una tela púrpura fue mostrada, e inmediatamente la niña ubicada a cierta distancia de ella inició a refunfuñar.
—No tiene nada de malo tener un vestido de occidente.
—No es malo, pero no es adecuado —aclaró su madre —eres la hija del ministro de hacienda, que no se te olvide.
—Pero si ya estamos en paz con Ílios, no le veo nada de malo.
—El protocolo no se cuestiona.
—Pero An Chae tiene uno y sus padres no le han dado un regaño.
Leone tosió en seco ¿"An Chae"? Acababa de decir "An Chae", no era posible, como no reconoció esa voz antes, era Nuwang, Nuwang era quien discutía con la señora ¿Y era la hija del ministro de hacienda? ¿Cómo que era noble? Aunque si lo pensaba mejor, era obvio que todas dentro del internado eran nobles o gozaban de gran fortuna, los sitios especializados en educación eran propios de la alta alcurnia, no todos los reinos tenían duques que fundaban escuelas públicas, tal como era el caso de Cartalia. Falló al no plantearse eso.
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Editado: 15.02.2026