El Eco de la Cordillera

Los príncipes están prohibidos

El aroma a fulgor de primavera deleitaba las fosas nasales de Leone, por primera vez, desde que pisó ese reino se sentía relativamente en paz. Que Kyun supiera acerca de sus sentimientos por el segundo príncipe había alivianado considerablemente el enorme y pesado fardo sobre sus hombros.

Pudo permitirse sufrir en voz alta, escuchar su propio llanto le asustó, hasta ese momento fue capaz de dimensionar cuánto le dolía estar enamorada de Hyaker.

Kyun no la abandonó ni un solo segundo, tampoco la juzgó o la regañó, solo se quedó a su lado. Incluso cuando casi se deshidrató y cayó dormida en su regazo, no se fue, por el contrario, estuvo velando su sueño toda la noche, gracias a esto Leone pudo dormir profundamente y rebajar el punzante dolor de cabeza que la estaba atormentando.

Con ayuda de Hanae se preparó para la llegada de su invitado. Esperaba a Suho sentada en la terraza, el vestido blanco con pequeñas flores de colores cocidas a mano sobre la tela, se movía sereno, gracias al maravilloso viento de la mañana. Helio informó de la llegada del médico, por lo que se dispuso a recibirlo inmediatamente.

—¿Sabía que le tienen tanta confianza a su discreción que morirían si usted llegara a abrir la boca? —dijo antes que el médico siquiera saludara.

—¿Disculpe?

—¿Qué tan callado es usted?

—No le comprendo —dijo Suho confundido —pero si se refiere a que tan discreto soy conforme a mis pacientes, no debe preocuparse por nada.

Leone dibujó una media sonrisa en su rostro —Quiero saber qué tan bien guarda silencio, porque si usted habla, An Chae que está secuestrada, puede morir solo con que yo mueva un poco la mano.

Suho palideció —¿Qué relación tiene An Chae con usted?

Leone no respondió.

—No pienso responder hasta ver una prueba de lo que está diciendo —enunció el joven determinado.

—¿Qué edad tiene médico?

—Veinte años alteza.

"Tiene la misma edad que yo" pensó —¿Qué hará si le muestro un dedo de An Chae?

Bin Suho se tensó inmediatamente, se aclaró la garganta y mantuvo una compostura serena. Luego de un momento respondió —Me encargaré de cobrárselo alteza.

—¿Qué eres capaz de hacer por ella?

El chico guardó silencio unos segundos —De ser necesario pasaría una aguja con hilos de cuero en la abertura de mi boca para no hablar de nuevo en toda mi vida —Se inclinó — Pero por favor, deme una prueba de que ella está bien, no creeré nada sin pruebas.

Leone sonrió satisfecha, quería comprobar si el médico mentía, si era crédulo o si era de confianza. Sacó la carta que An Chae la había dado el día que sugirió pedir asistencia de Suho y se la entregó.

—An Chae manda saludos. Dijo que el internado es sofocante y que espera que estés bien —sonrió.

Suho arrugó la nariz sin entender de que le hablaba la princesa, tomó la carta e inició a leerla.

—Princesa Leone de Cartalia —dijo minutos después —Quizás suene descarado esto que voy a decirle.

—Por favor dime que te inquieta.

—No tengo ningún problema en hacer el favor que An Chae me pide en esta carta —suspiró —Pero en lugar de un trabajo, desearía que fuera un intercambio entre usted y yo.

Leone alzó una ceja ante la osadía de Suho. Esto no le disgustó, le dio seguridad para aceptar el negocio —¿Qué desea?

—Quiero ver a An Chae, no importa si es solo por diez segundos.

—Si es así me atreveré a bajar el pago que An Chae acordó en la carta. Digo, ya que también recibirás algo a cambio.

—¿Cuánto perdería?

—Quince por ciento.

—Sigue siendo un pago considerable.

Leone alzó los hombros —Vaya, An Chae debe importarte mucho como para no recibir un pago completo.

—Dígame si acepta la propuesta —dijo un tanto esquivo.

—Está bien, está bien —relajó el ambiente haciendo un ademán con la muñeca —Yo te informaré cuando pueda concretar un encuentro entre ambos, pero necesito inicies con el trabajo lo más pronto posible.

—En cuanto salga de este lugar iniciaré alteza.

—Solo llámame Leone.

—No sé si esté bien.

—Si yo digo que está bien lo está.

—Entiendo —parpadeó un poco —Entonces, si no necesitas algo más me retiro.

—¡Espera! —exclamó rápidamente —¿Tienes algo para dormir?

—¿Para provocar el sueño?

Leone asintió.

—No recomiendo las píldoras para el sueño, suelen volverse algo adictivas ¿Es tan terrible su caso?

Leone hizo cuenta de todos los días desde que presenció el asesinato, llevaba sin dormir bien casi toda la primavera.

—Dos meses sin dormir. Padezco de mucho estrés.

Suho dudó unos instantes, se chupó los dientes y sacó algo de un bolso que cargaba con él.

—No más de una por noche —dijo dándole un frasco lleno de píldoras blancas —Recuerde que son adictivas. El padre de la señorita Dion Yi falleció por una sobre dosis.

—Y su tío ¿Quién es? —aprovechó la oportunidad, casi olvida ese detalle.

—Debe conocerlo, es el cuñado del rey, el general Lee Hoon Ka.

¿Cuñado del rey? ¿Tío de Dion Yi? ¿Tenía ese hombre tanto poder en Lunhae? Si era el cuñado del rey, entendería que pudiera acceder a diamantes azules de otro reino, pero que fuera específicamente de Ílios, nación enemiga en todo sentido, volvía eso todavía más extraño. En relación a ese hombre, nada era suficiente prudente.

...

Era una mañana encantadora, el tercer príncipe montaba a caballo con Kyun a su espalda, recorrían las orillas de un río cercano al palacio. No había nadie que pudiera seguirlos o vigilarlos, su servidumbre respetaba firmemente sus ordenes. Ese día se sentía especialmente tranquilo, pero la hermosa Kyun estaba callada, respondía a sus comentarios con monosílabos, incluso parecía incómoda.

—Kyun ¿Se encuentra bien? la noto algo distante.

—No es nada su alteza —

—Kairos —interrumpió —te pedí que al menos en privado me llamaras Kairos.

Kyun se sonrojó un poco, a pesar de desarrollar cierta cercanía con el príncipe gracias a esos paseos luego de las lecciones de idioma, no podía acostumbrarse a solo llamarlo por su nombre. Un nombre occidental curiosamente.




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