Dion Yi acariciaba los cabellos del general, estaban acostados sobre el edredón luego de yacer juntos.
—Leone de Cartalia me visitó ayer. Los rumores eran ciertos, su belleza es impresionante. Se parece bastante a su hermano mayor.
—Lo sé —besó la frente de Dion Yi —lástima que aún no haya fecha para nuestro matrimonio.
—Me pondré celosa si lo mencionas así —hizo un puchero —además el rey no dio su consentimiento.
Lee Hoon Ka apretó la mandíbula —No me recuerdes a ese mal nacido. Es cuestión de tiempo para que abandone este mundo.
—Si te casas no me visitarás más —dijo besándolo en los labios.
—Aunque te cases con Kairos, siempre serás mía, incluso si cargas un hijo en tu vientre —la acercó a su cuerpo y tocó su feminidad —ten por seguro que será mío sin importar que seas esposa de ese mocoso.
Dion Yi soltó un gemido bajo ante el tacto del general. Iba a corresponder la caricia cuando un sirviente llamó en la puerta de la habitación.
—Señor, el vizconde Enzo Rinaldi lo espera.
El general gruñó por lo bajo. La necedad de los Rinaldi lo sofocaba en demasía. Salió a su oficina, el hombre rubio lo esperaba dentro.
El vizconde de Rinaldi camuflaba su corpulenta identidad con la capucha de una capa negra y gruesa que descendía al menos un metro y sesenta centímetros desde sus hombros. Al general le enojaba a creces la insistencia del hombre de usar un maldito broche con el sol naciente grabado, no bastaba ya con su figura exageradamente visible, si no que anunciaba su procedencia mostrando su escudo familiar.
—Vizconde. Me toma desprevenido, no esperaba su llegada a estas horas de la noche.
—General —lo escoció hostil —Mi señor desea saber por qué su solicitud no ha sido cumplida —escupió sin rodeos.
Lee Hoon Ka se sentó frente a su escritorio bajo. Alzó la mano a un sirviente que le sirvió una copa —¿Vino de granada? —ofreció.
—Sus trucos ya los conozco —recriminó el vizconde —mejor responda a la pregunta o informaré a mi señor del incumplimiento de su parte.
—Su "Señor" sabe perfectamente que detesto las presiones.
—Mi señor —se acercó amenazante —gusta de el acato exacto en todas sus ordenes —golpeó una columna de madera en la pared.
El general bufó con rabia contenida en sus pulmones. Ni el vizconde ni nadie poseía derecho a exigirle resultados. Al parecer sus colegas no entendían que estaban todos en la misma línea.
—Del rey ya me estoy encargando como habíamos acordado. En dos días inicia la temporada de caza, eliminaré primero de los tres descendientes en esta ocasión —arrastró la lengua —Sé lo que hago. Mientras Min Har esté rondando no puedo atacar directamente.
Una risa seca salió de la garganta del vizconde —No olvide con quién está involucrado —dijo antes de atravesar la puerta de la oficina y dejar la conversación en una vana advertencia.
Cuando el silencio cubrió el espacio, el general rompió la copa entre sus manos.
—Leone de Cartalia no será un cadáver —presionó los puños impulsando a la sangre salir de las incisiones en la palma de su mano —ella tiene algo que darme antes.
...
El gran corredor del jardín personal de la princesa estaba cubierto de pétalos de jazmines lilas que se apartaban de las enredaderas que rodeaban los gruesos pilares.
Uno de los tantos pétalos casi hace a Leone deslizar, su padre caminaba a grandes zancadas tomándola a ella de la muñeca, por lo que la adolescente de doce años tenía que correr para no caer en el intento de igualar el paso de su progenitor.
Al llegar a la entrada del jardín, el archiduque envió a uno de los sirvientes por su carruaje.
—Te dije que no vinieras, pero no me hiciste caso —recriminó molesto —Si tuvieras la delicadeza de obedecerme, habrías evitado todo esto.
—Padre le juro que no tengo la culpa. Yo solo quería participar de la actividad. Helena derramó el té sobre su vestido adrede —presionaba con fuerza el pulgar contra el anular, casi desgastaba la tela de los guantes.
El archiduque la observó con una expresión hostil, estaba claramente enojado.
—Entra al coche, Marco te llevará a la mansión —dijo cuando el vehículo arribó.
—Padre por favor créame, yo no he sido la responsable.
—Ya vete, y la próxima vez que te de una orden, espero sea obedecida.
Leone hizo una mueca tratando de resistir el llanto. No encontraba lo malo en querer ser parte de una fiesta de té en el palacio, recibió una invitación, ella también quería convivir con otras doncellas de su edad. Casi nunca la invitaban, y cuándo lo hacían, Helena aprovechaba la oportunidad para molestarle, por si fuera poco, nadie creía su inocencia, ni siquiera su propio padre.
—Todos los sirvientes dijeron que la "señorita Leone" lo había hecho, las invitadas de tu prima Helena testificaron que la "señorita" de la cuál ni siquiera recordaban el nombre había derramado el té —La voz del archiduque se tornaba pacíficamente tensa, era típico de él cuando guardaba rabia.
—Pero yo no lo hice.
—No me importa si lo hiciste o no —elevó el tono —Aprende a defender tu dignidad ¿Qué tan mala reputación tienes que ni siquiera se dirigen a ti correctamente ? Eres la Gran duquesa de Cartalia, heredarás también el ducado de Montefiore, y además una princesa por ser mi hija, no eres "señorita" eres "Excelencia". Mínimo haz respetar esos títulos que llevas en la sangre —la subió al carruaje casi de un empujón —no me deshonres más.
Despertó, ambos párpados pesaban cruelmente, las rizadas pestañas se enredaban unas con otras resultando en una ligera incomodidad.
¿Cuánto había dormido? Al parecer lo suficiente para recordar eventos de hace casi una década. Se alzó de la cama y observó el reloj en la pared, eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Había dormido todo el día.
Tomó un baño, el agua de la pileta aún estaba tibia, seguro Hanae la preparó antes. Se arregló por si sola con un vestido simple, evitó observarse al espejo, dejó su cabello suelto para no encontrarse en la necesidad de ver su reflejo a la hora de peinarse.
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Editado: 15.02.2026