El lobo de Jane

Capítulo 1

Jane Morgan no podía creer lo que sus ojos veían. Durante muchos años Keenan había sido su amor platónico, a diferencia de las demás chicas de su edad que se concentraban en deportistas, ella se había enamorado de un fotógrafo del periódico escolar. Un chico agradable que no la trataba como si fuera la peste. Ahora ese mismo chico se hallaba rodeando con sus brazos a Becky. La misma Becky que había sido su mejor amiga durante años, la única que sabía de su amor por Keenan. Becky, quien se hallaba mirándola con superioridad y con una sonrisa maliciosa sobre el hombro de Keenan mientras este le babeaba el cuello.

Quería tanto llorar. Había sido una estúpida al creer en la amistad de Becky, al creer que algún día Keenan la miraría.

Aún en la entrada del colegio se giró para salir de aquel lugar que había sido su infierno personal desde que había llegado en primer año.

Caminó tranquilamente a través de las calles de su ciudad natal, solo deseando que la tierra se abriera y se la tragara o que su casa quedará más cerca para poder ir a llorar en paz.

Mientras, pensaba en cuantas veces Becky se aprovechó de su amistad, cuantas veces se burló de ella en frente de todos sus compañeros e incluso cuando la hacía sentir inferior estando a solas.

Había sido una completa estúpida.

Sin darse cuenta se encontró frente a su casa, busco las llaves en su mochila pero no las encontraba.

Se sentó en el césped de su patio delantero. Y tiro todo el contenido de su mochila al suelo con frustración. Pero mientras revisaba entre el montón de cuadernos no halló sus llaves.

Las había dejado dentro de casa de nuevo.

Tomó su celular y sin pensarlo llamó a su mamá.

- Habla la señora Morgan ¿En qué puedo servirle? - con un tono cortés contestó su madre.

- Mamá deje mis llaves en casa otra vez. - Abigail Morgan era una de las mejores abogadas del estado pero lamentablemente no una de la mejores madres.

- Cariño estoy con un caso importante. - Para ella todos los casos eran mucho más importantes que su hija.- Ve a casa de Becky.

- Me he peleado con ella.- tartamudee mientras sentía como comenzaba a derramar lágrimas.

- ¿Por qué? Parecía una buena chica.- Su madre no mostraba ni el menor interés por el tema parecía solo ser una simple pregunta por educación.

- Te lo contaré después. - dijo aunque sabía que cuando su madre llegara a casa iba a estar muy cansada para hablar con su joven hija.

- Lo lamento cariño pero creo que no podré llegar antes.

-¿Tendré que quedarme fuera de casa todo el día? - pregunto cada vez más lastimada por el comportamiento de su madre.

- Lo siento cariño. - llenándose de ira colgó mientras escuchaba la última palabra siendo pronunciada por su madre.

Se dio cuenta entonces, que su madre ni siquiera le había preguntado el por qué se hallaba fuera de clases.

Sin importarle si los peatones que transitaban frente a su casa la veían, abrazó sus piernas contra su pecho y lloró con fuerzas.

Aquello era un desastre, entre mocos, gimoteos, lágrimas y una que otra palabra incoherente no vio que uno de los peatones se acercaba a ella.

Solo se percató cuando unos brazos la rodearon.

★★★★★

Tim Conner debería de estar feliz. Desde varias calles atrás había captado un olor delicioso. Corrió en ropa deportiva a través de las calles hasta que encontró a la cosa más linda y pequeña que había visto en su corta vida. Su lobo había estado agitado durante toda la mañana por esa razón había faltado a clases, prefiriendo correr para gastar un poco de energía.

La chica que sería el amor de su vida se hallaba sentada en el césped del patio delantero de una casa en un barrio de clase media. A su alrededor varias cosas se hallaban esparcidas a su alrededor.

Su cabello negro se hallaba en una coleta alta mientras su rostro se encontraba entre sus piernas.

Se me rompió el corazón al escuchar un sollozo proveniente de ella. Al comienzo realmente no tenía ni idea de lo que debía hacer. Necesitaba consolarla, necesitaba protegerla, borrar sus lágrimas y remplazarlas por una sonrisa.

No fui consciente de que me había movido hasta que fue muy tarde. La necesidad me domino y la estreche entre mis brazos con fuerza.

Sentí como se tensaba entre mis brazos por un momento, luego otro sollozo se escapó y se relajó para continuar llorando. Me acomode mejor a su lado e intente por todos los medios tranquilizarla.



Hery

Editado: 03.04.2018

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