El Noveno Apellido Maldito

Capítulo 9

23 de agosto de 1796: El año del viento.

Hiliria y yo nos encontrábamos vagando por las largas praderas de la zona rural de Hilx. Estas eran reconocidas por sus cercanías a distintos bosques. Bosques que a su vez, eran reconocidos por una razón que no puedo recordar ahora…

Caminaba por el largo camino de tierra, un camino que desconozco quién fue su inventor. Esta zona, en los mapas de mi ciudad, Virsfilia, no era más que una tierra inexplorada por todos nosotros. Pero… al parecer para mi acompañante no lo era tanto.

—¡Pequeño Axael! ¡Ver esto! ¡Lobos blancos!

Sí… Hiliria no ha perdido nada de su energía…

Pero, se preguntarán: ¿cómo es que salimos de aquella situación?

Pues… siendoles sincero, no sé cual sería la respuesta más acorde. Al escuchar aquella voz extraña, todo pareció desaparecer para mí, y para Hiliria igual. Cuando nos despertamos, y volvimos a tomar conciencia de nuestros alrededores, solo estábamos nosotros y el espejo. Todas las termitas negras habían desaparecido a la par de la pequeña choza. Todo estaba en silencio.

¿Por qué me dió esa orden? —pensaba mientras tanteaba el peso del espejo sobre mi mano.

Podía sentir la vida de la tierra bajo mis pies, la vibración producida por las sacudidas de Hiliria y de pequeños animales que comenzaban a pasear por nuestros alrededores.

Aunque, a pesar de ese pensamiento, había una cosa que me inquietaba más que nada:

Decírselo a Hiliria.

No sé porqué, pero cada vez que se me cruzaba por la mente, la idea de contarle esa extraña visión a Hiliria, sentía un fuerte regocijo en el estómago. Capaz sea por la reacción probable que obtenga de ella. O quizás si es que llegue a afectar su humor.

No lo sé, pero, desde todo este camino, he estado buscando la manera más acorde de transmitirselo.

Quizás ahora sea un simple huérfano. Sin hogar ni familia. Pero, no puedo olvidar el honor de mi apellido y de mis parientes. Aunque no se mantengan en vida, debo de ser lo suficientemente honorable ante ellos.

—Hiliria… ¿qué estás haciendo?

Podía observar como ella intentaba rasgar el suelo. Sus garras se aferran con fuerza a la tierra y la lanzan a metros de donde se encuentra. Parecía que ni siquiera se había interesado por mi curiosidad sobre su conducta.

Pasaron unos segundos, hasta que ella al fin sacó la cabeza del suelo…

—¿Q-uef sufede-?

Preguntó, mientras sostenía el cadáver de un gran roedor con sus dientes. La sangre salía a pequeños ríos desde los poros de su piel.

Mi cuerpo se sintió liviano, como si estuviera cayendo por un gigantesco abismo…

—¿Pequeño Axael?

Mi estómago se revolvió, y con ello, una acidez llegó hasta mi garganta. Soporté por muy poco el vómito. Apoyé mis manos en mis rodillas, pude escuchar como Hiliria se acercó lentamente hacía mi.

—¿Estar bien…?

El olor moribumdo me llegó con fuerza a la nariz.

Ya no pude aguantar más, vomité todos los males que se habían alojado en mi.

Pasaron las horas y mi malestar ya había pasado. Hiliria había desaparecido de mi vista aquel extraño roedor. Se le podía notar una especie de decepción en la cara.

Quizás sea por mi actitud patética. El hecho de que un antiguo príncipe, que ha visto la muerte de su familia ya de su pueblo con sus propios ojos, sea tan sensible al ver una pequeña criatura muerta… Patético sin duda alguna…

—¿Mejor estar, pequeño Axael? —preguntó con un tono mezclado de preocupación y un poco de confusión.

Al momento, no supe cómo debía responder. Es mentira si digo que aún podía mantener mi orgullo de realeza. Y más ante ella, una figura mística que me ha visto hacer incontables cosas que solo un idiota sería capaz.

—Yo… lo siento, aún no me acostumbro —respondí, con un tono opacado por la fuerza del viento y las flores. La mirada la mantenía clavada en el suelo, sin esperanzas de encontrar otra respuesta favorable ante mi idiotez.

Hiliria, que hasta ese momento se había mantenido en frente de mí, sentada en el suelo de tierra, jugando de vez en cuando con pequeños insectos que pasaban por su vista. Decidió moverse hacia mi costado.

Pude sentir como un aura agradable recae completamente sobre mi. Más que un aura, era un abrazo. Un cálido abrazo que ya había sentido anteriormente… Un abrazo, dado por una criatura legendaria como ella, que era capaz de recordarme aquellos de mi amada madre.

Hiliria… estar para pequeño Axael. Pequeño Axael, cuidar a Hiliria~.

Su voz serena endulzó mis amargos pensamientos. Todas las palabras hirientes hacía mi propia vida, se esfumaron de inmediato, huyendo de la presencia de mi compañera.

—Hiliria, recordar a maestro —continúo, mientras se aferraba más a mi— Hiliria ver a maestro, siempre en ojos de pequeño Axael.

Soy… un verdad un cobarde…

Recordé ese mensaje, que me había dado el maestro de Hiliria en aquel extraño lugar. Este momento, sin duda, es el mejor que tendría en un tiempo.




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