Ella y Él

Ella y Él

Ella se despierta sola una vez más, la cama está destendida de su lado pero del otro continúa aun impecablemente estirada. Mientras deambula con andar triste por la casa fría y húmeda por la soledad, sabe que en algún lugar de la ciudad Él vaga sin rumbo cierto, acobijado por gente extraña que en poco tiempo ya ni Él mismo recordará.

Ella acomoda sus cosas con amor, lava su ropa, plancha sus camisas. Siente que al tocar cada una de sus pertenencias recibe y sobre todo le entrega su amor, mientras Él sin cuestionarse si está bien o mal, está convencido que de esa forma es como tienen que ser las cosas.

Ella intenta engañarse a sí misma buscando alguna excusa para justificarlo. Piensa que aún es joven y tiene derecho a divertirse. Siente que esa forma de entenderlo es una forma de amarlo, sin embargo solo consigue hacerse daño a sí misma e incluso a Él. Aún no quiere aceptar que mañana Él llegará con una más de sus mentiras. Mentiras poco elaboradas que ni Él mismo se las cree, pero por falta de exigencia por parte de Ella, ya ni le importa esforzarse en hacerlas creíbles pues sabe que Ella las va a aceptar de cualquier modo. Ella sabe que una verdad duele más que mil mentiras. Por eso lo comprenderá porque solo vive para Él. No las va a cuestionar, como no ha cuestionado nada en su vida hasta ahora, convirtiéndose más en la madre que Él nunca pudo tener, que en la novia que Ella en realidad era. Preocupada mucho más en las razones por que Él se comportaba como lo hacía, que en hacerle entender que debería cambiarlo. Es que cuando apenas era un niño Él ya era un hombre, y cuando fue un hombre entonces se comportaba como un niño.

Ella enciende la radio para no sentirse tan sola, mientras cena frente a una silla vacía pensando por donde andará quien debiera estar ocupando aquella silla. Él en algún lugar al mismo tiempo, le pregunta a una apuesta chica si se encuentra sola y puede acompañarla sentándose a su lado.

Ella comienza un nuevo día de soledad. Afrontando un sentimiento de vacío en su pecho, sale a la calle a esperar el tren que la deposite en su trabajo. Cada despertar es una esperanza de que todo cambiará. Cada nueva salida del sol imagina que a partir de ese día las cosas cambiarán. Mientras tanto Él va de la mano con otra desconocida hacia alguna habitación vacía, igual que ayer.

Ella se refugia en su familia para ocultarse a sí misma su tristeza, todo el fin de semana rodeada de afectos y sobrinos parecen aliviarla. Pero lejos de Él que se rodea de falsos amigos entre risas y noches de alcohol. En medio, una llamada telefónica, lindas palabras y promesas que ambos saben Él no va a cumplir, pero a Ella le bastan para sonreír y revivir.

Ella regresa a su casa pensando que tal vez por arte de magia al abrir la puerta lo encontrará a Él y todo habrá cambiado. Sin embargo se encuentra con la misma soledad que cuando se fue. Cada cosa está en el mismo lugar, nada nuevo ha sucedido. Aquel anhelo de regresar y sentir su aroma, de poder abrazarlo, de pensar que Él estaría allí aguardando por ella se esfuma en un instante. Él en cambio, lejos de allí, agrega una nueva conquista a su cosecha de amores pasajeros.

Ella no consigue dormir, ya es de madrugada, enciende y apaga la luz, toma un libro, lo vuelve a dejar, prende la tele pero esta no logra atrapar sus pensamientos. Él disfruta su alegría, mezcla de humo de cigarro con luces de la noche de alguna discoteca, con música alta y compañía casual.

Ella ahora llora desconsoladamente, pero siente que esta vez las lágrimas son diferentes. Ya no son de desamor, son provocadas por darse cuenta que ya no quiere seguir así. Él consume una lágrima más de alguna droga que le permita prolongar la noche mucho más allá que la noche en sí.

Ella prefirió nunca hacerle saber todo el dolor que le ha causado desde que viven juntos. Él no recuerda cuando fue que comenzaron las mentiras y no se imagina que fue lo que hizo que sucedieran. Si Él supiera que las mentiras un día acabarían, seguro no lo haría.

Ella finalmente ha logrado construir un muro de hielo en su corazón, decidida a terminar con esa relación. Empaca sus cosas y se marcha de allí sin dar demasiadas explicaciones ni darse tiempo para escuchar sus argumentos. Sin saberlo Él desperdició la mujer de su vida por vivir madrugadas efímeras junto a mil princesas.



Carlos Silva Cardozo

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En el texto hay: engaños y obsesión, desamor

Editado: 03.07.2019

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