Humo

El Azar

La tarde cae sobre la ciudad, tiñendo de tonos dorados y naranjas las calles mientras Roberto regresa a casa, cansado pero satisfecho tras otro largo día de trabajo. Al abrir la puerta de su modesto piso, es recibido por el bullicio familiar de sus hijos concentrados en sus tareas escolares en el pequeño salón.

            Después de saludar a sus hijos con afecto, Roberto se dirige a la nevera para sacar una cerveza bien fría, un pequeño placer al final de su jornada laboral. Se sienta en una silla algo desgastada pero cómoda, observando a sus hijos haciendo los deberes de clase, todo un orgullo para él.

            Poco después, Elena llega a casa, visiblemente cansada, pero con una chispa de satisfacción en sus ojos. Después de intercambiar un cariñoso saludo con sus hijos y un beso con Roberto, se une a él en el salón, aceptando la cerveza que él le ofrece.

            −Elena, ¿cómo fue tu día?

            −Bien, muy bien. La verdad es que es una familia encantadora. ¿Y el tuyo?

            −Bueno, sin más, la obra sigue adelante. Por cierto, ¿Cómo me dijiste que se llama la familia para la que estás trabajando?

            −Los Altivier. ¿Por qué lo preguntas?

            −Porque hoy me he fijado que en las viviendas de lujo que estamos construyendo a las afueras de Madrid hay un letrero enorme del Grupo Altivier, que por lo visto son los constructores. ¿Crees que podría ser el mismo Altivier para quien trabajas?

            −Es posible, nunca imaginé... La casa es impresionante y su nivel de vida ni te cuento, y hablando con Isabella, mencionó que su esposo está involucrado en negocios inmobiliarios. Podría ser el mismo Grupo Altivier. Estaría bueno que trabajaras para su marido jajaj

            −Ya me gustaría, pero no. Yo estoy ahí por una contrata pequeña −aclara Roberto− dando un sorbo de su cerveza.

            −Aun así, es casualidad, ¿verdad? Pero bueno no lo sabemos seguro. ¿Crees que debería preguntárselo? No sé si sería oportuno, ¿cómo lo ves?

            −No, no creo que debas preguntar. Llevas allí solo unos días. Pero bueno, si un día surgiera, pues quién sabe… igual me da un buen puesto jajaj

            Mientras el murmullo de las noticias de fondo del televisor llena el pequeño salón, la curiosidad de Elena se intensifica, empujándola a buscar en su teléfono móvil más información sobre el Grupo Altivier. Roberto, a su lado, observa con interés mientras ella teclea rápidamente, buscando confirmar la conexión que parece demasiado coincidente y toda una casualidad.

            Después de unos momentos de búsqueda, los ojos de Elena se abren de par en par, y una expresión de asombro se dibuja en su rostro.

            −Mira esto. Es él, Alejandro Altivier, el presidente del  Grupo Altivier. ¡No puedo creer que estés trabajando justo ahí!

            −Vaya, eso es... increíble. Quiero decir, qué pequeño es el mundo, ¿no? Trabajando en uno de sus proyectos durante el día y tú cuidando de su padre.

            Las noticias del día en la televisión siguen fluyendo en el fondo, inaudible ante la sorpresa de su descubrimiento.

            −Ahora entiendo por qué la casa y todo lo demás es tan impresionante. Alejandro Altivier... es una figura bastante conocida en el ámbito empresarial.

 

            La familia Mirandel se encuentra reunida alrededor de la mesa del comedor, disfrutando de un almuerzo tranquilo, cuando el sonido del teléfono móvil de Laura interrumpe la conversación. Todos miran hacia Laura mientras ella frunce el ceño, observando la pantalla iluminada por una llamada entrante de un número desconocido.

            −Quién será a estas horas?

            −Quizás deberías contestar, y así lo sabes.

            Con un gesto de resignación y una mirada a Martín y a los niños, Laura desliza el dedo por la pantalla para aceptar la llamada, llevándose el teléfono al oído. Casi de inmediato, su expresión cambia radicalmente; los signos de sorpresa y emoción son evidentes en su rostro. Se levanta de la mesa, señalando a Martín que necesita un momento de privacidad, y se dirige hacia el salón para continuar la conversación sin las interrupciones entusiastas de sus hijos.

            −Sí, sí, claro. Estoy muy interesada. ¿Cuándo sería la entrevista?

            Mientras Laura habla por teléfono, Martín observa desde la mesa, intercambiando miradas de expectativa con Daniel y Sofía, quienes notan la atmósfera de anticipación. Aunque no pueden escuchar la conversación, la reacción de Laura les dice todo lo que necesitan saber.

            Después de unos minutos que parecen eternos para la familia que espera, Laura regresa al comedor, con el teléfono aún en su mano, pero ahora con una sonrisa radiante que ilumina su rostro.

            −Era del Grupo Altivier. Me han llamado para una segunda entrevista. ¡Quieren conocerme mejor antes de tomar una decisión final!

            − ¡Eso es fantástico −le dice Martín levantándose para abrazarla− ¿Cómo te sientes?

            −No puedo creerme que me hayan llamado. Además, me dijo la directora de recursos humanos que en esa segunda entrevista estaría el presidente. Pero bueno, supongo que habrán seleccionado a varios.

            −De momento te han llamado −le dice optimista Martín.

            −Una cosa que me da miedo es la responsabilidad de un puesto así en una empresa como esa.

            −Tú vales para eso y mucho más −le anima Martín.

            Los niños, captando la felicidad de sus padres, se unen a la alegría del momento llenando la habitación con risas y felicitaciones.



#3298 en Otros

En el texto hay: familia, ilusiones, seguridades

Editado: 22.05.2024

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