Humo

Un año después

La sala de estar de los Mirandel se llena de risas y exclamaciones mientras la familia se reúne para revivir sus vacaciones del verano pasado. Las fotografías proyectadas en la pantalla les transportan a aquellos días soleados y despreocupados en una urbanización de lujo, un viaje que celebraba el empleo de Laura en el Grupo Altivier.

            −Ese día fue perfecto −comenta Laura señalando una foto en la que todos aparecen en la playa−. Hacía tanto tiempo que no disfrutábamos de esa manera todos juntos.

            −Sí, definitivamente necesitamos hacer algo así de nuevo −le contesta Martín−, aunque este año habrá que controlar un poco el gasto.

            El tono de Martín lleva a la familia a un momento de reflexión. Laura, mirando las fotos, pero perdida en sus pensamientos, siente el contraste entre la alegría de aquellos días y la realidad de su trabajo actual. Aunque está profundamente agradecida por su posición en el Grupo Altivier, no puede negar el peso de la responsabilidad que lleva sobre sus hombros, especialmente en los días en que el estrés parece superarla.

            −Ha sido un año increíble en muchos sentidos, pero el trabajo puede ser realmente absorbente a veces −dice Laura−. Hay días en que siento que no me alcanza el tiempo para nada más.

 

            En el pequeño salón de la familia Bajtiel, Elena y Roberto comparten un momento de calma en medio de su ajetreada vida. Con los niños finalmente acostados, tienen la oportunidad de hablar sobre los cambios recientes en su situación laboral y cómo estos impactarán en la economía familiar.

            −Roberto, hay algo que necesito contarte sobre el trabajo. Con el señor Altivier empeorando, la familia decidió contratar una enfermera para sus cuidados. Eso significa que solo necesitarán que vaya medio día, cuatro horas.

            −Bueno, podrás estar más tiempo con los niños.

            −Pero ganaré la mitad de lo que estaba ganando antes.

            −Eso es importante, sí, y con lo del ascensor que ahora tenemos que pagar y la lavadora rota... Vamos a estar bastante justos este mes.

 

            En la casa de los Altivier, Alejandro e Isabella comparten un momento de quietud al final del día. La luz suave de las lámparas ilumina sus rostros, revelando una mezcla de preocupación y cariño mientras abordan un tema que les pesa a ambos: la salud degradante de Alberto, el padre de Alejandro.

            −Cada día que pasa, papá parece alejarse más. Hay momentos en que ni siquiera me reconoce. Me duele verlo así, tan perdido en sus propios pensamientos.

            −Amor, sé lo duro que es esto para ti −le dice Isabella con su brazo enyesado reposando en su regazo−. Tu padre es fuerte, pero esta enfermedad... es cruel de maneras que apenas podemos comprender.

            Alejandro mira el yeso que adorna el brazo de Isabella, recordando su reciente caída andando en bici.

            −Y tú, aun recuperándote de tu caída. No deberías preocuparte por mí.

            −Siempre me preocuparé por ti, Alejandro. Estamos juntos en esto, en las buenas y en las malas. Y respecto a tu padre, estamos haciendo todo lo que podemos. Elena ha sido de gran ayuda, y la enfermera ahora ha sido una decisión correcta.

            −Tienes razón. Estoy agradecido por Elena y por todo el apoyo que hemos recibido. Es solo que... a veces me siento impotente.

            −No estás solo, nunca lo estarás. Y tu padre sabe cuánto lo amas, incluso en los días en que las palabras parecen fallarle. Lo importante es que sienta nuestro amor y nuestra presencia.

            En casa de los Mirandel, después de cenar, mientras recogen la cocina, Laura y Martín aprovechan un momento de tranquilidad para hablar sobre Sofía, su hija menor, y la preocupación que ha surgido tras su última revisión ocular.

            −Me preocupa mucho Sofía. El oculista dijo que ha perdido bastante vista este año y han tenido que aumentarle la graduación de nuevo.

            −Sí, lo sé. Y ella está triste por tener que usar gafas más gruesas. Me partió el corazón cuando dijo que se siente fea con ellas.

            −Mencionó que quería probar lentillas. Creo que parte de su tristeza viene porque algunos niños en la escuela han hecho comentarios... Ella dice que se ríen.

            − ¿Crees que deberíamos considerar las lentillas? ¿No es muy joven para eso?

            −Había pensado lo mismo, pero tal vez deberíamos hablar con el oculista sobre la posibilidad.

 

            En el modesto salón de la familia Bajtiel, Elena y Roberto se sientan juntos después de acostar a los niños, enfrentándose a una decisión difícil que afecta directamente a su hija Sara. La preocupación se refleja en sus rostros mientras discuten la situación académica de Sara.

            −Roberto, he estado pensando mucho sobre Sara y sus notas. Creo que necesita clases particulares, especialmente en matemáticas.

            −Lo sé. Yo también estoy preocupado. Pero ¿cómo vamos a pagarlo? Con los recientes gastos del ascensor y la lavadora nueva, estamos más ajustados que nunca.

            −Quizás... hay alguna otra manera. ¿Programas de apoyo escolar gratuitos?

            − ¿Y si hablamos con el colegio? Tal vez puedan ofrecernos recursos o recomendarnos a algún estudiante mayor que busque experiencia y no cobre tanto como un profesional.

           

            En casa de los Altivier, Isabella y Alejandro comparten un momento de tranquilidad después de cenar. La conversación se dirige hacia un tema que ha estado en sus mentes recientemente: la relación de su hija Valeria con su nuevo novio.



#3292 en Otros

En el texto hay: familia, ilusiones, seguridades

Editado: 22.05.2024

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