Karlie's nightmare

Capítulo 1

Despierto poco a poco. No sé dónde estoy y por más que lo intento, soy incapaz de abrir los ojos, sin embargo, si logro escuchar voces a mi alrededor. Dos hombres y una mujer. Los dos hombres parecen estar discutiendo; uno de ellos tiene la voz muy ronca, tanto que a mi parecer podría estar enfermo, mientras que el otro mantiene el tono bajo, pero fuerte. Desearía entender lo que dicen, pero solo puedo escuchar sus voces, sin entender las palabras. ¿Es esto normal? No recuerdo nunca haber pasado por una situación tan confusa como esta. 

Lo único que se por el momento, es que tengo mucho frío. ¿Por qué hace tanto frío en este lugar? Me pregunto si estoy soñando. Trato de abrir los ojos, para ser exacta ocho veces. Las ocho veces fallo, pero no me rindo y mi cerebro sigue enviándole órdenes a mis ojos.

Ya que no esta dando resultado abrir los ojos de golpe, espero unos segundos e intento abrir un ojo lentamente... tal vez de esa forma funcione, así que eso hago.

Abro un ojo muy lentamente y lo que veo me sorprende. Hay un chico —un hombre, en realidad—, sentado en una silla al lado de mi cama; sus ojos verdes se iluminan al verme con lo que solo puede ser alivio. Abro el ojo que falta con cautela y frunzo el ceño. Mi boca se siente seca y me duele mucho la cabeza. 

La luz de la habitación me molesta demasiado, pero se me hace imposible alejar mis ojos de los suyos. Escucho un sonido recurrente, miro a mi alrededor y me encuentro con una habitación increíblemente blanca con una pequeña televisión y varias máquinas a mi alrededor. Estoy en un hospital. 

¿Por qué diablos estoy en un hospital? 

Intento mover mi mano derecha, pero veo una enorme aguja conectada a mi vena. Mi frente comienza a sudar, empiezo a sentir pánico y con mi mano izquierda intento quitármela, pero unas manos fuertes me detienen. El señor y la señora que hace un rato hablaban con el chico de ojos increíbles salieron por la puerta apenas me vieron despertar y me hubiera importado ese detalle si no tuviera una enorme aguja incrustada en mi mano.

—Karlie, ya sé que no te gustan las agujas, pero esto es lo único que te mantiene hidratada. Tienes que dejar la aguja donde está —. El chico habla en voz baja y con cariño; casi desobedecí su orden. Después de todo, él es un extraño, no obstante al ver sus ojos de nuevo, se que no es la opción más inteligente. Además, ¿qué voy a hacer después? ¿Quitarme la aguja y salir corriendo del hospital? Ni siquiera se que estoy haciendo aquí en primer lugar y mucho menos quién es este chico. Necesito respuestas y solo las conseguiré aquí.

El extraño obviamente me conoce. Sabe mi nombre y sabe que no me gustan las agujas así que, ¿por qué no puedo recordar nada acerca de el?

—¿Quién eres y cómo sabes mi nombre? —pregunto, con voz ronca y los ojos muy abiertos.

—Luego hablaremos de eso, pero por ahora soy Caleb, tu novio —. Mientras dice la primera frase... el extraño con nombre se ve confundido y aliviado, pero para nada sorprendido. Levanto tanto las cejas que seguro me llegan hasta el nacimiento del cabello, haciéndome sentir otro dolor punzante en el lado derecho de la cabeza. Espero que el dolor pase y suelto una risita. Levanta una ceja, mirando mi rostro, mis labios y finalmente mis ojos, seguro preguntándose que me parece tan gracioso.

—Lo siento, no era mi intensión reírme de ti... es que no tiene sentido que seas mi novio. No tengo un novio.

—Tienes que recuperarte un poco antes de que hablemos —. Toma mi mano izquierda y así, termina de nuestra conversación.

Alejo mi mano de la suya y río un poco más. Caleb se levanta de la silla al lado de mi cama y me mira, ahora un poco irritado.

—Lo siento mucho, Caleb, pero yo no tengo que hacer nada, ni mucho menos seguir las ordenes de un extraño — musito mirándolo de arriba abajo y, prosigo —. Quiero ver a mis padres. ¿Dónde están? —Normalmente no respondería como lo hice, no suelo ser grosera, pero este extraño es un poco autoritario. Su rostro cambia de calmado a muy molesto en cuestión de segundos; me incomoda y no sé por qué.

—Tus padres están muertos, Karlie —. Musita mi supuesto novio, así sin más. Y en el momento en el que esas palabras salen de su boca mi mundo cae a pedazos. ¿Muertos? No puede ser posible. Si estuvieran muertos yo sabría. ¿Qué clase de persona no recuerda la muerte de sus padres?

—No —. murmuro soltando risitas nerviosas —. ¿Cómo pueden... estar muertos? —susurro hiperventilando. — ¿Cómo es eso posible? Los vi hace unos días antes de ir a trabajar y estaban bien. No pueden estar muertos —. Siseo entre sollozos. Siento que voy a explotar e inundar la habitación en algún momento con mis lágrimas, pero eso nunca sucede. 

Las lágrimas salen de mis ojos en abundancia, y el dolor en mi pecho es tanto que, tengo la necesidad de encontrar una manera de meterme la mano al pecho y arrancarme el corazón... hace segundos, estaba segura de que el mundo explotaría al mismo tiempo en que mi corazón lo hizo, pero eso no sucedió. El mundo no deja de girar por nadie. 



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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