La caída de Falagor

El bosque místico

Las puertas principales del ayuntamiento se abrieron, y todos entraron en el edificio en un profundo silencio. Dos guardias que resguardaban la entrada hicieron un ademán de saludo para recibirlos, inmediatamente uno de ellos se puso delante y los guio a través de unos pasillos. Era seguro que se dirigían a una sala dentro del recinto en donde podrían reunirse alejados de la curiosidad de los ciudadanos.

En éstos últimos días, la ausencia del gobernador había comprometido mucho la situación de la ciudad entera. Todos allí, sentían el repentino deceso de su respetado Gobernador, quien había encaminado Ender con mucha dedicación y la había visto crecer por quince largos años, siendo un líder muy generoso y firme. Sin embargo, la anarquía era mucho peor, sin una autoridad en el poder, algunos miembros del concejo comenzaban a mover hilos a su favor para sacar provecho de la situación. Era por esa misma razón, que no deseaban la intervención del Concejo Real de Cardania, ya que intentaban ganar el mayor tiempo posible para enmarañar sus planes egoístas.

El joven Brand, por su parte, reflexionaba sobre todo aquello que estaba coludido al asesinato del Gobernador, era verdad que había muchos líderes políticos que no compartían los ideales de este, sin embargo, actuar de manera deliberada contra una autoridad máxima reconocida por el mismo rey de Blandorhall era un crimen terrible, todos conocían la ley, por ende, no habría tanta posibilidad y que lo acontecido seguramente habría sido orquestado por algún individuo que no estuviera relacionado con el poder.

Todos los presentes se encontraron al interior de un solar, una cámara muy amplia y finamente decorada por pilares de roca tallada por ambos lados, frente a la gran puerta, al fondo del salón, un ventanal enorme dejaba pasar la luz de la luna que iluminaba gran parte del lugar. Entre las columnas se situaban cómodos estalos de madera de roble que invitaban a sentarse sobre ellos. Al fondo, bajo el enorme ventanal se alzaba un imponente trono tallado en piedra caliza, desde donde la autoridad máxima gobernaba la ciudad entera.

Al igual que el resto, Brand eligió el estalo que iba a ocupar, como esta vez él era el anfitrión en el gran salón, optó por el que se encontraba más cercano al trono, mismo que siempre había ocupado durante su corto tiempo de servicio al antiguo Gobernador. La atmósfera en el recinto se tornaba cada vez más tensa, ante la gravedad de los acontecimientos que los habían llevado a reunirse. Entre todos, el anciano maestro avanzó con paso firme hasta el trono de piedra, luego de examinarlo minuciosamente, se sentó sobre ella y dio un leve golpe al suelo de piedra con el bastón que sostenía en la mano anunciándose ante todos los presentes.

Brand se levantó de su silla, mostró sus respetos al anciano maestro y sus dos acompañantes, inmediatamente, inició su relato con la trágica muerte del gobernador, una pérdida que dejó un vacío irremediable en la administración del reino y desencadenó una serie de eventos desafortunados.

En este contexto, el Ayudante destacó la importancia de la captura del principal sospechoso, quien afortunadamente para ellos, aguardaba prisionero en las mazmorras de la fortaleza de la ciudad, esperando ser interrogado por su crimen.

Brand se acercó a un extremo del salón, con la ayuda de uno de los guardias movió una pequeña mesa que traía algo encima, pero era un misterio ya que permanecía oculta cubierta bajo una tela blanca. La acercaron rápidamente frente al trono donde el maestro aguardaba impaciente, la curiosidad de lo que era aquello los llenaba de ansias.

El maestro Ludwing se irguió sobre sus pies, se acercó a paso lento a aquello que reposaba frente a él, mientras que Brand, en una rápida respuesta intuitiva, levantó la tela blanca.

Lo que vieron a continuación los llenó de asombro, porque lo que reposaba inmóvil en el centro de la sala no era otra cosa que el cadáver embalsamado del fallecido Gobernador.

Aunque fuera una escena muy espeluznante, el joven Ayudante tenía la intención de mostrarles algo, y aquello fue muy evidente ya que, usando una vara larga de madera, señaló las cuencas de los ojos del cadáver. A simple vista, se habían verdecido más de lo normal para un cuerpo que comenzaba a descomponerse. Conscientes de que alguna forma de magia peligrosa podría estar en juego; el maestro se acercó a darle un vistazo por su propia cuenta.

Las manos del anciano, aunque temblorosas por la edad, se movían con sorprendente precisión mientras recitaba viejas oraciones y hechizos extraños, como si intentara descubrir algo que no podía ser visto a simple vista. Los que estaban allí lo miraban en silencio, sintiendo la tensión que generaba el momento.

—Las señales son claras —dijo al fin Ludwing, dirigiéndose a los presentes—. Lo que estamos viendo no es simplemente un fenómeno natural. Hay fuerzas involucradas que van más allá de nuestra comprensión.

Las dudas de Brand empezaron a tomar forma, él sospechaba que el suceso con el gobernador no era solo una simple coincidencia, ahora comprendía que había algo más profundo detrás de todo esto y que el Maestro era la mejor opción para aclarar todo este enredo.

—Las anomalías que estoy presenciando son consecuencia de una práctica prohibida —siguió el anciano—, un tipo de magia que altera la esencia de la vida y la muerte. Aquellos que realizaron estos rituales comprenden que sus acciones traen consigo graves consecuencias.

Entre los presentes, el chico de cabello escarlata se levantó y se acercó al cuerpo para examinarlo más de cerca, solo eso bastó para que su inquietud se hiciera evidente entre todos los demás.



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En el texto hay: demonios, guerras, dioses

Editado: 13.11.2025

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