La chica que piensa en el viento

La roca de guía

 

Llego hasta la enorme puerta de madera, levanto la vista y leyó el nombre del lugar "La roca de guía" frunció el ceño, algo de eso le parecía familiar pero no recordó de donde. No se digno a tocar porque después de todo, el lugar no era más que una taberna de pueblo.

La chica observo el lugar detenidamente una vez dentro, le alegro ver el lugar tan limpio, había mesas y sillas de roble y estaba bien iluminado, olía bien y era extrañamente silencioso. La chica frunció el ceño de nuevo y se pregunto por qué a altas horas de la noche el lugar estuviera tan endemoniadamente vacio.

Miro más allá de las mesas y se topo con un par de enormes hombres viéndola, uno era un joven de cabello negro, era guapo y tenia porte, le sonrió mientras se acercaba.

El otro era más grande, musculoso, pelirrojo y lucia mayor, limpiaba la barra a pesar de que ya relucía de limpia.

Llego hasta la barra y el tabernero hablo.

-¿Qué se le ofrece mi señora? - su voz era tan gruesa que la sobresalto en un principio, se alegro de llevar la capucha de su capa por lo que no podían ver su rostro.

***

La noche estaba más que tranquila, el silencio hacia que los ruidos pequeños al acomodar las botellas o las sillas se intensificaran.

Bast tarareaba una canción casi en un murmullo mientras acomodaba las botellas y él se dedico a limpiar la barra, ya estaba limpia pero no había otra cosa que hacer.

El silencio se interrumpió cuando la enorme puerta de entrada se abrió. Ambos hombres dirigieron sus miradas a la mujer que entro en la taberna. Llevaba un largo vestido purpura y una capa negra encima.

Ella observo todo detenidamente, después de un momento comenzó a caminar hacia ellos y se detuvo frente a la barra, la mitad de su rostro estaba oculto debajo de su capucha y solo se podían apreciar sus finos labios.

Pensó que tal vez estaba perdida, que tal vez necesitaba ayuda para algo, una taberna no era lugar para una mujer sola y mucho menos para la hija de algún noble.

¿Qué se le ofrece mi señora? – pregunto Kote, noto que la chica se estremeció un poco ante su voz.

-Una habitación – dijo quitándose la capucha y mostrando su rostro completo al fin.

Llevaba el cabello negro muy sobre los hombros, sus ojos eran negros también, grandes, con muchísimas pestañas rodeándolos, su piel pálida como la nieve y sus mejillas estaban rojas al igual que sus labios, seguramente por el frio que hacia afuera, al lado izquierdo de los labios tenía un lunar y su mentón era afilado.

-Con mucho gusto mi señora – dijo Bast sonriendo – ¿Tiene equipaje con usted? ¿Algún carro? ¿Caballos?

-Ahora vienen – dijo con su dulce y apagada voz.

-¿Puedo ofrecerle algo? – pregunto Kote refiriéndose a las bebidas detrás de él.

-Amm – la mujer vio las botellas en el estante y negó con la cabeza – solo café, si tienes.

-Yo lo hare – Bast corrió a la cocina a prepararlo dejando a la mujer y el tabernero a solas.

Ella miro a su alrededor de nuevo mientras el hombre seguía limpiando la barra.

-Una noche agitada eh – soltó irónicamente.

-Ha habido peores – bromeo el pelirrojo.

Ella sonrió y Kote se dio cuenta de que el rostro de la chica cambio totalmente, se lleno de luz.

Después de un momento Bast llego con un pequeño jarrón con café, dejo el tazón con azúcar a su lado y se quedo junto a Reshi detrás de la barra.

La chica comenzó a tomar su café, lucia algo nerviosa, se volvía para ver la puerta cada tres segundos y se removía incomoda en su asiento.

-¿Por cuánto tiempo se quedara? – pregunto Bast.

-Depende de la pata de mi caballo – respondió la chica distante.

-¿Es algún dicho de su tierra? – la chica lo miro con el ceño fruncido sin entender.

-No, mi caballo se lastimo una pata en el camino, si es solo una herida o algo menor, seguiremos en un par de días, pero si se rompió...

-Serian al menos tres ciclos – respondió Kote con su fuerte voz.

Ella se volvió de nuevo a la puerta con un gesto de preocupación.

-¿Esperas a alguien? – pregunto Bast.

Ella lo miro sin señal alguna de cualquier sentimiento dentro de su ser.

Kote estuvo a punto de reprender a Bast por su atrevimiento cuando la puerta se abrió de nuevo. Un hombre entro esta vez, a diferencia de la chica él se quito su capucha de inmediato.

La mujer se levanto y corrió hacia él.

-Ronan ya estás aquí, que alivio.

-Lamento haber tardado, los acomodamos y lo revisaron.

-¿Y? – pregunto la mujer exasperada.

-Está rota.

-Oh no - Su rostro formo la decepción que sintió y la preocupación también.

-Escucha – Ronan la tomo de los brazos y la obligo a mirarlo – estaremos bien, lo estuve pensando y... tal vez, tal vez será mejor dejarlo.

-¿Qué? – pregunto la mujer casi ofendida.

-No servirá de mucho con una pata lastimada, ni después de sanar y además...



Frann Gold

Editado: 10.08.2018

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