La Gran IlusiÓn Del Vivir

La familia

−Oye, Marcos, ¿Y qué tal tu mujer y tus hijos? No te he preguntado nada.

            −Bien, bien. Mi mujer sigue de enfermera en el mismo hospital. Está ya un poco cansada, dice que han cambiado mucho las cosas, pero ahí sigue. Y mis hijos, Jorge, creo que ya sabías que se fue a Madrid como programador. Está en una empresa grande.

            −Tu hija creo que se casó, si no recuerdo mal.

            −Hace ya 5 años. Tienen dos hijos. Fíjate yo de abuelo jaja.

            − ¿Sigue con aquello de sicología que me dijiste?

            −Sí, sí. Al final abrió una oficina pequeña y le va bastante bien.

            Nada más colgar el teléfono, Javier sabe cuál será su próximo capítulo: “la familia”. Rápidamente hace un esquema de su vida y las relaciones desde el inicio. Sus padres, quiénes eran, el idioma materno que sigue presente en este instante que toma notas, sus hermanos, presentes en cada momento de la niñez, y toda la familia de alrededor. Pero en lo que más se detiene es en la familia creada, en esa mujer que le abandonó, en los hijos que ya viven sus vidas.

                Sin perder tiempo, empieza a leer sobre el tema. Toma notas y prepara su próximo capítulo.

                El concepto de familia, intrínsecamente ligado a la experiencia humana, se erige como una de las ilusiones más poderosas y significativas en la vida de las personas. Para muchos, la familia constituye el eje central de su existencia, el núcleo de sentido a la vida entera. A través de los tiempos y culturas, la familia ha sido idealizada, desafiada y redefinida, reflejando las complejidades y contradicciones de las relaciones humanas.

            Desde las primeras etapas de la vida, la familia actúa como el primer contexto de socialización, donde se aprenden los valores, las normas y las dinámicas que modelarán nuestras interacciones futuras. Es en el seno familiar, donde se experimentan los primeros vínculos afectivos, se enfrentan los primeros conflictos y también los primeros triunfos

            La llegada de los hijos a la familia introduce una dimensión de continuidad y cambio, proyectando a los padres hacia el futuro mientras los confronta con su propia finitud. Los hijos representan tanto la perpetuación de linajes y legados como la promesa de renovación y transformación. A través de ellos, se aspira a trascender el tiempo, dejando una huella en el mundo que perdure más allá de la propia existencia.

 

                Javier deja de escribir, respira hondo, piensa en la familia de la que procede y la familia que creó. Es como si de repente en su vida empezara a entender más allá de los hábitos y las costumbres, más allá que los demás.

            Calificar a la familia como una ilusión no implica negar su realidad tangible y su impacto profundo, sino reconocer la carga de expectativas, idealizaciones y deseos proyectados sobre ella. La familia ideal, aquella exenta de conflictos, donde reina la armonía perpetua y el apoyo incondicional, es una aspiración que raramente se materializa en su totalidad. La disonancia entre la idealización de la familia y la realidad de sus dinámicas cotidianas puede llevar a desilusiones y a la reevaluación de lo que significa realmente el vínculo familiar.

            A pesar de las ilusiones y desafíos inherentes a la vida familiar, este ámbito sigue siendo una fuente insustituible de significado para muchos. En sus luchas y triunfos, en sus rutinas y rituales, en sus momentos de intimidad y conflicto, la sigue dando un sentido a la existencia

 

            Javier revisa lo escrito, lo corrige, añade y quita palabras y tiene la sensación de que ya está todo dicho, pero no, sigue buscando, sigue indagando sobre el tema, tiene la sensación de que aún no está todo dicho.

            La familia, y en particular los padres, juegan un papel fundamental en el inicio de la vida, ejerciendo una influencia profunda y duradera que moldea no solo la identidad individual sino también la forma en que interactuamos con el mundo. Desde el momento del nacimiento, la familia actúa como el primer eslabón en la cadena del aprendizaje y el desarrollo emocional, intelectual y social del ser humano. Este papel inicial sienta las bases para una serie de procesos fundamentales que acompañarán a la persona a lo largo de toda su vida.

            Uno de los conocimientos más significativos que recibimos de nuestra familia es el idioma materno. A través de este idioma, no solo aprendemos a comunicarnos con los demás, sino también a pensar, soñar y razonar. El lenguaje que absorbemos en nuestros primeros años de vida dentro del ámbito familiar se convierte en el vehículo principal para nuestra expresión y comprensión del mundo.

            En la infancia, el amor, la seguridad y el apoyo que brindan los padres y otros miembros de la familia son esenciales para el desarrollo de una autoestima saludable y para la formación de relaciones interpersonales positivas en el futuro. Esta red de seguridad emocional y apoyo es lo que permite a los individuos explorar el mundo con confianza, enfrentar desafíos y perseguir sus sueños.

 

                Javier se queda pensativo. Relee otra vez lo escrito, sus notas, y sabe que falta quizás algo importante:  la ilusión de crear una familia nueva.

                Con el paso del tiempo, el deseo de formar una familia propia surge en muchos como una búsqueda natural. La decisión de tener hijos es a menudo vista como una manera de dar continuidad a la propia existencia. La nueva familia que se elige formar se convierte en un proyecto de vida compartido, un espacio para crecer juntos, enfrentar adversidades y celebrar logros.

            Esta familia, construida por elección, aunque relativa, no solo es una extensión de la biología sino también del deseo humano de conexión y trascendencia. A través de ella, se buscan sanar las heridas del pasado, mejorar las experiencias vividas y ofrecer a las nuevas generaciones lo mejor de uno mismo. La paternidad y maternidad se presentan como oportunidades para moldear el futuro, inculcar valores y, a su vez, aprender de la frescura y la perspectiva que los hijos traen consigo.




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