La jefa.

Capitulo 2

Narra Danya

Hoy mi padre me citó a una reunión de emergencia en la agencia. Iba de camino, sintiendo una punzada de ansiedad que nada tenía que ver con el tráfico de Nueva York. Algo no cuadraba. Mi padre no convocaba reuniones por simples cumplidos.

Parqueé el coche y me dirigí a la recepción. Saludé a los agentes de guardia con mi habitual eficiencia distante. Al marcar el ascensor, recordé el mensaje de texto de papá: Clayton y su equipo no estaban en la agencia; salieron a un caso de alto riesgo. Eso me tranquilizó momentáneamente, pero triplicó mi sospecha.

Entré directamente a la oficina de mi padre. Su secretaria, con un gesto de complicidad silenciosa, me dejó pasar.

—Hola, Jefe —dije, cerrando la puerta tras de mí.

Él me miró y sonrió, con esa mezcla de orgullo paterno y autoridad militar. —Mi niña, qué bueno que estás aquí. Ven, siéntate. Necesito hablar contigo. Y deja eso de 'Jefe'; quedamos en que solo me tratarías así cuando estemos en público. Aunque yo prefiero que me digas papá siempre.

—No quiero que sientan que tengo favoritismo por ser hija del Director —comenté, y él rodó los ojos con el dramatismo que solo mi padre se permitía.

—Bueno, cariño, te mandé a llamar porque necesitamos un Jefe de Grupos. Rosario se va a retirar a la isla privada que se compró, y tú eres mi única opción —Mi padre, David Davet, fue al grano.

Me quedé helada. —¿Rosario es el jefe de Clayton? —Mi voz era apenas un susurro cargado de frustración—. Sabes perfectamente que él no puede saber que soy policía. ¡Mucho menos su superior!

—Te necesitamos, Danya. Tu historial es impecable. Eres la única que puede manejar a ese equipo —argumentó, inclinándose sobre el escritorio—. Y creo que ya es hora de que Clayton sepa la verdad. Esta farsa está desgastando a los dos.

—¡No es una farsa, es protección! Si él se entera, lo pondré en riesgo. Mis enemigos lo usarán contra mí —repliqué, la voz subiendo de volumen—. ¡Y lo sabes! ¿Cómo puedes priorizar mi ascenso sobre la seguridad de mi esposo?

—¡Basta, Danya! Él no es un civil; es un agente, y uno bueno. No lo subestimes. Si no lo ha descubierto ya, es porque tú no quieres que lo haga. ¡Estás castrando su propia habilidad al negarle la verdad!
El ambiente se cortó con la tensión. Me levanté, respirando hondo. —Me niego a ser la jefa de su equipo. Búscate a otro "activo".

—Ya firmaste los papeles de ascenso hace dos meses, Danya. Es oficial. La presentación será mañana, te guste o no —dijo con voz final.

La reunión terminó con una derrota para mí. Tuve que aceptar. No tenía opción. Salí de la oficina de papá, molesta y preocupada por la tormenta que se avecinaba.

Justo cuando salíamos al vestíbulo, el ascensor se abrió, revelando a mi amado esposo, Clayton, llegando junto a su equipo. ¡Maldita sea!
Instintivamente, intenté darme la vuelta, pero mi padre me detuvo, su mano de hierro en mi codo.

—¿Vas a esperar a la presentación oficial de mañana para decirle que eres su nueva jefa? —preguntó en voz baja.

—Sí —respondí secamente, sin mirarlo. Estaba furiosa.

—Ok. ¿Estás enojada? —Su tono era de burla.

—¿Qué crees? —le espeté.

—Ahí viene —susurró él, sonriendo con descaro.

Clayton me vio desde el otro extremo y su rostro se iluminó. Se acercó a mí con esa zancada confiada que tanto amaba, pero que ahora me aterraba.

—Hola, amor, ¿Qué haces aquí? —preguntó. Se acercó y me besó suavemente en los labios.

—Vine a hablar de algo con David, pero ya me voy —dije, intentando acelerar mi escape.

—No me digas David, es papá —mi padre comentó con un guiño a Clayton. Rodé los ojos.

—Mejor me voy, no les quito más su tiempo. Adiós —dije, dándome la vuelta antes de que Clayton pudiera preguntar más. La tensión entre mi padre y yo no era apta para consumo público.

Narra Clayton

—¿Qué le pasa? —pregunté al ver a mi esposa alejarse con tanta prisa.

—Tuvimos una pequeña discusión. Ya sabes cómo es ella. Es muy enojona —dijo mi suegro. Solté una carcajada. Tenía razón; Danya podía enojarse por cualquier cosa, aunque siempre se le pasaba al minuto.

Me presento. Soy Clayton Dorman, 28 años. Mis ojos son azules, mi cabello castaño, y mi piel blanca. Estoy casado con la mujer más bella del mundo. Mi amor, ella es mi todo. Yo daría la vida por su bienestar, y sé que ella daría la suya por mí. Somos nuestro complemento perfecto.

Mi vida laboral... soy Agente de Investigación Criminal, y amo lo que hago.

Narra Danya

Horas después.

Estaba muy preocupada. No quería que Clayton se enojara, o peor, que se sintiera traicionado. Sé que pasará.

—¡Amor, ya llegué! —escuché su voz potente desde la entrada.

—Estoy en la sala —le grité de vuelta.

Unos minutos después, escuché sus pasos aproximándose. Se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza.

—Hola, amor. Te he extrañado mucho —dijo.

—Yo también te he extrañado —le dije, correspondiendo a su abrazo. Me dio un beso tierno en los labios.

—¿Estás bien, hermosa? Te noto tensa —dijo, observándome con esa perspicacia que a veces me hacía dudar de si realmente me había creído la historia del "seminario".

—Yo... no, no tengo nada. Son imaginaciones tuyas —mentí, sonriendo débilmente. Él soltó una carcajada.

—Amor, pequeña y hermosa princesa. Yo te conozco perfectamente. Sé que algo te pasa —insistió.

—Es que tengo miedo —dije, sintiendo que al menos parte de la verdad podía servir de escudo—. Miedo a que te canses de mí. Miedo a que te enojes y quieras irte lejos de mí por alguna tontería.

—Sabes muy bien, hermosa, que yo no me voy a ir de tu lado. Yo te amo con locura. Eres lo más hermoso que me ha pasado, y créeme que de mí nunca sucederá eso —dijo. No dudé y lo besé. Amaba a este hombre, y la mentira que vivíamos se sentía cada vez más pesada.

A la mañana siguiente, Clayton se fue a trabajar. Yo estaba terminando de prepararme para ir a la agencia. Estaba al borde de un ataque de nervios. ¿Cómo se tomarían mi llegada? ¿Y, lo más importante, cómo demonios reaccionaría mi esposo al verme como su nueva jefa, la famosa "Agente Desconocida"?
...




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