La mitad de tí

I

El entrenador bufó cuando Sam dio un codazo a su rival al tratar de tener el control sobre la pelota de baloncesto. La chica trastabilló encogiéndose de dolor con las manos bien apretadas en su costilla hasta caer. El silbato resonó en la cancha y Sam se volvió a ver a su víctima que gruñía en el suelo. 

—Perdón —Sam se inclinó hasta su compañera, desesperada, con la vista de todos encima. El entrenador le dio unos golpes en el brazo para que se apartara, levantó a la chica y la cargó hasta salir de la cancha. Erica le dirigió una sonrisa torcida.

—Te has pasado, Sam.

Le interrumpió otra chica con preocupación. Sam negó con la cabeza y pasó sus ojos por el lugar esperando que nadie fuera de clase hubiese presenciado aquella metida de pata. Pero su corazón se hizo añicos, lo sintió arrugarse en su interior. Max miraba el tumulto de las jugadoras dispersarse ante el incidente desde las gradas ajustándose las gafas azules para no tropezar.

—¡Si! me he pasado Susi —contestó Sam arrastrando el cariñoso apodo con congoja y las manos aferradas a los costados de ella. No podía creer que Max hubiese visto su fuerza bruta cuando jugaba en los partidos.

—Me lastimas Sam —rió. 

Sam se hizo a un lado y se encaminó a los vestuarios cabizbaja. Lavó su cara y se deshizo del uniforme sudado. Susana y las demás compañeras entraron a tiempo para deshacerse de los uniformes y cambiarse al uniforme escolar. Sam se sentó en una de las bancas sin respaldo que descansaban en los vestuarios para ponerse las calcetas y los tenis, lo sucio lo escondió en la mochila. Susana se sentó junto a ella.

—Te has puesto de mal humor sin razón —le espetó.

—No es nada —contestó quedito. El hecho de que Max le gustara era un secreto, las personas se reirían si alguien tan masculina como ella estuviese atraída al líder del club de arte, un chico con menos masa muscular que ella.

—Venga, si tienes la cara de perro estreñido —bromeó Susana y metió mano al cabello corto y despeinado de Sam para hacerle perder el juicio.

—Deja mi cabello, Susana —ordenó.

—No —respondió y movió la mano de lado a lado arruinando el peinado que Sam habia intentado hacer en los últimos minutos con un broche purpura. El broche se enredó en los mechones y Sam adolorida separó la mano de Susana de un manotazo.

—Joder, Susana —jadeó buscando el broche atascado en pequeños gajos de cabello, presionó el centro del broche y este se abrió, Sam pudo sacarlo con más facilidad. Susana rió y le arrebató el broche. Tomó un mechón de su cabello castaño y ondulado y lo puso en su lugar con el broche.

—¿Me queda bien? 

Sam no respondió, pero sí, todo le quedaba bien a Susana. Menos mal que no lo cargaba ya, su cabello corto no luciría un accesorio tan femenino como ese y hasta ella se había estremecido de vergüenza al ver el resultado final en el espejo. En derrota, se abrochó los tenis y acomodó el pantalón por sobre las agujetas. Los deseos de implementar ropa femenina en los últimos días era una estupidez, no tenía los modales apropiados para llevar un vestido sin abrirse de piernas y su cuerpo torneado y rectangular no tenía forma para las blusas de lazo. Se había refugiado en la moda masculina por comodidad, y con el paso del tiempo por vergüenza. Disfrutaba los pantalones de deporte y las camisas holgadas, eran suaves, y le dejaban respirar, pero cada tanto alguna chica mona, pequeña y de rizos de ensueño se le declaraba a Sam con la expectativa de que era un chico atractivo. Con el dolor de su corazón, Sam tenía que explicarle que era una chica, que se sentía halagada, pero que lamentaba no ser lo que ella esperaba. 

No odiaba ser algo masculina, se sentía a veces con estilo y le gustaba lucir los pantalones de mezclilla con sus piernas largas, los diseños de los tenis eran más apropiados para su gusto y la ropa interior no le apretaba innecesariamente en la entrepierna. No había sentido el acoso de los hombres en carne propia y era ella quien debía tomar el rol de novio posesivo ante sus compañeras para salvarles el culo de rechazar pretendientes cansinos e insistentes. Pero, quería hacer un esfuerzo, quizás existía alguna manera de implementar cosas más femeninas sin que le incomodara. Había tomado el broche de las baratijas en el tocador de su madre pero estaba ya segura que aquello no le pegaba en absoluto. 

Tomó la mochila y se la acomodó en los hombros. Cruzó la cancha a grandes zancadas cuando divisó a Max bajar las gradas con un bloc de dibujo bajo el brazo. ¿Acaso Max estaba haciendo estudios de la anatomía con su equipo de baloncesto? No importaba, Sam asumió que Max estaba perdido en las curvas pronunciadas que muchas chicas del club ostentaban, hasta las mujeres atléticas podían tener un toque femenino y atractivo, pero Sam, no tenía ni el appeal de la chica atlética, solo era la machona del curso, ni más ni menos. Tomó su gorra negra y la inclinó un poco para evitar verle el rostro a Max.



Ekilore

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En el texto hay: traicion, romance, trianguloamoroso

Editado: 06.04.2019

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